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Lo que aprendo sobre TDAH, productividad y emprendimiento. Sin humo.
637 artículos en Productividad
Tengo un cementerio de aplicaciones de productividad que usé una semana
Has probado todas las apps de productividad y ninguna te dura más de una semana. No es la app. Es tu cerebro buscando dopamina.
Me cuesta regular la intensidad de lo que siento: todo es demasiado
Sientes demasiado fuerte las cosas buenas y las malas. No eres dramático. Tu cerebro tiene el volumen emocional roto.
Cuando algo me sale mal me hundo el día entero: no puedo relativizar
Una cosa sale mal y ya no puedes hacer nada más en todo el día. No es drama. Es un cerebro que no sabe poner las cosas en perspectiva.
Me siento un fraude en todo lo que hago: el síndrome del impostor constante
Haces cosas bien y aun así sientes que te van a pillar. No es humildad. Es un patrón que tiene explicación y nombre.
No sé gestionar la frustración y exploto por cosas que no lo merecen
Explotas por una tontería y luego te sientes fatal. No es falta de control. Es un cerebro que procesa la frustración sin filtro.
Me siento raro sin saber por qué: ni triste ni contento, solo raro
Ni estás bien ni estás mal. Estás raro. Un estado que no tiene nombre pero que aparece cada dos por tres. Y tiene explicación.
Me olvido de fechas importantes aunque me importen de verdad
Cumpleaños, aniversarios, citas. Te importan pero se te olvidan igual. Si tu cerebro no retiene fechas importantes, lee esto.
Pongo las cosas en sitios aleatorios y luego no las encuentro
El mando encima de la nevera. Las llaves en el baño. El móvil en la cama debajo de la almohada. Si tu cerebro elige sitios aleatorios, lee esto.
No me acuerdo de lo que he estudiado aunque pasé horas con ello
Estudias 4 horas, cierras el libro y no recuerdas nada. Si tu cerebro borra lo que estudias, esto te va a sonar demasiado familiar.
Olvido conversaciones enteras que tuve ayer y la gente se ofende
Tu pareja te dice 'ya te lo dije ayer' y tú no recuerdas nada. Si olvidas conversaciones enteras y la gente se enfada, lee esto.
Se me olvidan los recados antes de llegar al sitio
Sales de casa con tres recados en la cabeza. Llegas al sitio y no recuerdas ninguno. Si tu memoria se borra por el camino, sigue leyendo.
Mi armario tiene ropa que no me pongo desde hace años pero no la tiro
Camisetas de 2018, pantalones que no te valen, ropa que 'igual me pongo algún día'. Si tu armario es un museo, esto es para ti.
No sé cuánto dinero tengo en la cuenta y me da miedo mirarlo
Evitas mirar la cuenta del banco. No por falta de dinero, sino por miedo a lo que vas a encontrar. Si te suena, sigue leyendo.
Mi bandeja de entrada es un agujero negro: 5.000 emails sin leer
5.000 emails sin leer. La notificación roja ya ni te inmuta. Si tu bandeja de entrada te da ansiedad solo de mirarla, esto es para ti.
Compro cosas que ya tengo porque no recuerdo que las tenía
Tres tijeras, cinco cargadores, pilas de sobra. Si abres un cajón y encuentras cosas que compraste dos veces, esto te interesa.
Me cuesta empezar cosas que sé que me van a gustar: no tiene lógica
Tienes un libro que te apetece leer. Un juego que te mueres por jugar. Y no empiezas. No es pereza. Es un bloqueo que tiene explicación.
Necesito que alguien me vigile para hacer las cosas: solo no funciono
Si hay alguien delante, trabajas. Si estás solo, no puedes. No es dependencia. Es un patrón que tiene explicación y se puede gestionar.
Me saboteo justo antes de terminar algo: el 90% está hecho y lo dejo
Has hecho el 90% del trabajo. Solo falta el empujón final. Y lo dejas. No es falta de ganas. Es un patrón que tiene explicación y se puede entender.
No puedo hacer cosas aburridas aunque sean importantes: mi cerebro se niega
Sabes que es importante. Sabes que tienes que hacerlo. Pero tu cerebro se niega en redondo si la tarea es aburrida. Hay una razón detrás de esto.
Empiezo a limpiar y acabo haciendo otra cosa completamente distinta
Ibas a limpiar el baño. Media hora después estás reorganizando un cajón que no tocabas desde 2021. No es pereza. Es un patrón que tiene nombre.
Mi atención funciona como una linterna rota: ilumina donde quiere
Tu atención debería ir donde tú decides. Pero no. Va donde le da la gana, se clava en lo irrelevante y se apaga en lo importante. Suena familiar.
Me cuesta mantener el foco en conversaciones de grupo: demasiadas voces a la vez
En conversaciones de grupo te pierdes, no sabes quién dijo qué, y acabas asintiendo sin enterarte. No es falta de interés. Puede ser algo más.
No puedo escuchar podcasts sin rebobinar cada dos minutos
Le das al play, empiezas a escuchar, y de repente no sabes de qué están hablando. Rebobinas. Otra vez. Y otra. Puede que no sea distracción normal.
Me distraigo hasta cuando estoy motivado: no tiene sentido
Estás motivado de verdad. Te importa lo que haces. Y aún así te distraes. No es contradictorio. Es un patrón que tiene explicación.