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Lo que aprendo sobre TDAH, productividad y emprendimiento. Sin humo.
592 artículos en Productividad
Me frustro cuando no me entienden y reacciono más de la cuenta
Intentas explicarte, no te entienden, y la frustración que sientes es desproporcionada. No es que seas impaciente. Hay algo más.
Me siento culpable por no ser más productivo aunque haga cosas
Haces cosas todo el día, pero al acostarte sientes que no has hecho nada. Esa culpa constante tiene una explicación que no esperas.
Me siento vago pero sé que no soy vago: algo no cuadra
Sabes que no eres vago. Has demostrado mil veces que puedes. Pero te sientes vago todos los días. Esa contradicción tiene una explicación que no te.
Mi energía va por oleadas que no controlo: unos días soy imparable y otros no puedo ni pensar
Un día eres un cohete y al siguiente no puedes ni abrir el portátil. Sin razón. Sin patrón. Si tu energía funciona así, merece la pena entender por qué.
Necesito dormir más que los demás y aun así estoy cansado
Nueve horas, diez, once. Y sigues cansado. Mientras otros funcionan con seis. El problema puede no ser cuánto duermes sino qué hace tu cerebro.
Me levanto sin energía aunque no haya hecho nada el día anterior
No has hecho nada ayer. Has descansado. Y hoy te levantas sin energía. No tiene lógica. O sí, si entiendes qué pasa en tu cabeza.
Mi motivación tiene fecha de caducidad: dos semanas como mucho
Arrancas con toda la energía del mundo. A las dos semanas, cero. No es falta de disciplina. Es que tu motivación tiene una fecha de caducidad biológica.
Cada nuevo proyecto es el definitivo hasta que deja de serlo
Este sí que es el bueno. Este es el proyecto de mi vida. Hasta que en tres semanas ya estás pensando en el siguiente. Así funciona tu cerebro.
Me prometo que esta vez será diferente y nunca lo es
Cada lunes, cada enero, cada nuevo proyecto: esta vez será diferente. Pero el ciclo se repite. No es falta de voluntad. Es otra cosa.
No puedo repetir un éxito: lo que funciona una vez no me sale igual la segunda
Haces algo brillante y luego no puedes repetirlo. Cada intento sale peor. No es mala suerte. Es que tu cerebro no funciona con fórmulas fijas.
Abandono cosas justo cuando empiezan a funcionar
Justo cuando algo empieza a dar resultados, lo dejas. No es autosabotaje. Es que tu cerebro busca otra cosa que no encuentras donde estás.
Llego tarde a todo aunque no tenga nada que hacer antes
No tengo prisa. No tengo nada antes. Solo tengo que estar ahí a las 10. Y llego a las 10:20. Siempre. Da igual lo que haga.
Mis listas de tareas son un cementerio de buenas intenciones
Escribir la lista me da paz. Pero al día siguiente la miro y no siento nada. Ni urgencia, ni ganas, ni conexión. Solo una lista muerta.
No puedo mantener una rutina de limpieza: limpio todo de golpe y luego nada
Limpio la casa entera en dos horas como si me fuera la vida. Luego no toco nada en tres semanas. No es vagancia. Es un patrón que no controlo.
Pierdo documentos importantes en mi propia casa
El DNI, un contrato, las llaves del trastero. Están en mi casa. Lo sé. Pero no tengo ni idea de dónde. Y llevo tres días buscándolos.
Mi coche es una extensión de mi desorden: botellas, papeles y misterios
Botellas vacías, un cargador que no es mío, recibos de 2019. Mi coche es un museo del caos. Y por mucho que lo limpie, vuelve al mismo estado.
Dejo las cosas para cuando tenga ganas y nunca tengo ganas
Esperas a tener ganas para hacer las cosas, pero las ganas nunca llegan. No es pereza. Es un cerebro que necesita otra estrategia.
Me bloqueo con decisiones pequeñas: elegir qué comer me lleva media hora
Decidir qué cenar, qué serie ver, qué ropa ponerme. Decisiones ridículas que me paralizan. No es indecisión. Tu cerebro está haciendo algo raro.
Procrastino durmiendo: cuando no quiero enfrentar algo, me echo una siesta
Cuando hay algo que no quiero hacer, mi cuerpo decide que es hora de dormir. No es cansancio real. Es mi cerebro apagándose para no enfrentar la tarea.
Necesito ver que es posible para empezar: si parece grande, no arranco
Si la tarea parece enorme, no empiezo. No es pereza. Es que mi cerebro necesita ver que cabe en mi cabeza antes de dar el primer paso.
Tardo más en decidir empezar que en hacer la tarea
Tres horas dándole vueltas a si empezar o no. Veinte minutos haciéndolo. El problema no es la tarea. Es lo que pasa antes de sentarte.
Me olvido de las cosas que acabo de leer: leo una página y ya no sé qué decía
Lees un párrafo, llegas al final, y no tienes ni idea de qué decía. Tus ojos leen, pero tu cerebro está en otra parte.
Olvido lo que he comido ayer pero recuerdo escenas de películas de hace años
No sabes qué cenaste ayer pero recuerdas un diálogo de una película de 2003. Tu memoria no falla. Prioriza raro.
No recuerdo si he cerrado la puerta con llave y vuelvo a comprobarlo
Bajas las escaleras, llegas a la calle, y la duda aparece. No sabes si has cerrado. Vuelves. Y mañana te pasará igual.