Necesito ver que es posible para empezar: si parece grande, no arranco

Si la tarea parece enorme, no empiezo. No es pereza. Es que mi cerebro necesita ver que cabe en mi cabeza antes de dar el primer paso.

No voy a poder con esto.

Eso es lo primero que pienso cuando abro un proyecto grande. No "vaya, esto es mucho trabajo". No "vamos a planificarlo bien". No. Lo primero que pienso, con total convicción, es que no voy a poder.

Y entonces no empiezo.

¿Por qué no arrancas si sabes que puedes hacerlo?

Porque una cosa es saberlo y otra es sentirlo.

Te pongo un ejemplo. El año pasado me propuse reorganizar toda la parte fiscal de mi negocio. Facturas, gastos, impuestos, todo. No es que fuera imposible. Es que cuando me sentaba a pensar en todo lo que tenía que hacer, me venían a la cabeza cuarenta y siete cosas a la vez. Los recibos. Las facturas. El modelo 303. Los trimestres que me faltaban. Los tickets que no había guardado. El Excel que tenía a medias. La gestoría que tenía que llamar.

Y mi cerebro, en vez de decir "empieza por lo primero", se apagaba.

No es que me diera pereza. Es que mi puñetero cerebro miraba el tamaño de la montaña y decidía que era mejor echarse a dormir que intentar escalarla. Sin preguntarme, por cierto. No es una decisión consciente. Es como si alguien hubiera pulsado el botón de apagado sin avisarme.

Tres meses tardé en empezar. Tres meses.

¿Cuánto tardé en hacerlo una vez que empecé? Dos tardes.

Es como intentar comer un elefante entero de un bocado

Ya sé que el consejo de siempre es "divide la tarea en partes pequeñas". Gracias. Muy útil. El problema es que mi cerebro no sabe dividir. O mejor dicho: mi cerebro ve todas las partes a la vez y se satura igual.

Imagínate que te ponen delante un puzzle de 5.000 piezas. Sin la foto de la caja. Y te dicen "empieza". ¿Por dónde empiezas? Por las esquinas, dirás. Sí, muy bien, pero cuando miras las 5.000 piezas desperdigadas por la mesa, lo que te entra es ganas de irte.

Pues eso. Eso exactamente.

La diferencia entre la gente que arranca y yo es que ellos ven la primera pieza. Yo veo las 5.000 a la vez. Y cuando ves 5.000 piezas a la vez, la primera se pierde entre el ruido.

¿Y qué tiene que ver esto con procrastinar?

Todo.

Porque procrastinas todo, no porque seas vago, sino porque tu cerebro necesita condiciones muy concretas para ponerse en marcha. Y una de esas condiciones es ver que la tarea es abarcable.

Si parece grande, no arrancas. Si parece confusa, no arrancas. Si no sabes por dónde empezar, no arrancas. Y como la mayoría de tareas importantes de la vida adulta son grandes, confusas y no sabes por dónde empezar... pues ya te imaginas el resultado.

Lo gracioso es que cuando alguien te dice exactamente qué hacer, lo haces al momento. "Oye, mándame este email." Hecho. "Oye, rellena este formulario." Hecho. "Oye, reorganiza toda tu vida fiscal." Error 404.

No es que no puedas. Es que necesitas ver el primer paso con claridad absoluta para darlo.

El truco que descubrí por accidente

Un día estaba bloqueado con un proyecto del trabajo. Llevaba una semana sin tocarlo. Mi compañero me mandó un mensaje: "Oye, ¿puedes hacer solo la portada del documento? Lo demás lo hago yo."

En diez minutos estaba hecho.

Y me quedé pensando. La tarea completa era hacer el documento entero. Eso me bloqueaba. Pero "hacer solo la portada" era tan pequeño, tan ridículamente simple, que mi cerebro ni se molestó en poner resistencia.

Y una vez que hice la portada, seguí. Hice el índice. Hice la introducción. Hice medio documento sin darme cuenta. Porque el truco no era dividir la tarea en partes. El truco era hacer que la primera parte fuera tan pequeña que fuera imposible no hacerla.

Ahora hago eso con todo. ¿Tengo que escribir un informe? No. Tengo que abrir el documento y escribir el título. ¿Tengo que limpiar la casa? No. Tengo que coger la bayeta. Solo cogerla. ¿Tengo que hacer la declaración? No. Tengo que abrir la página de Hacienda.

Sé lo que tengo que hacer, pero no me sale hacerlo

¿Por qué tu cerebro hace esto?

Esto no es ser dramático. Es neurología.

Los cerebros que tienen dificultades con la función ejecutiva - esa parte que se encarga de planificar, priorizar e iniciar tareas - funcionan diferente a la hora de evaluar el esfuerzo. Ven una tarea grande y la señal que mandan no es "vamos a organizarnos". Es "peligro, esto es demasiado". Y el resultado es parálisis.

Hay estudios que hablan de esto. El DSM-5 incluye la dificultad para organizar tareas y actividades como uno de los criterios diagnósticos del TDAH. No como algo secundario. Como algo central.

Y no, no te estoy diagnosticando nada. Ni soy médico ni pretendo serlo. Lo que sí te digo es que si te pasa esto desde siempre, si llevas toda la vida pensando que eres un desastre porque no puedes arrancar con las cosas grandes, igual la explicación no es que seas un desastre. Igual es que tu cerebro procesa el tamaño de las tareas de forma diferente.

Igual todo te cuesta más que a los demás por una razón que nadie te ha explicado.

Lo peor es que la tarea siempre era más fácil de lo que parecía

Esto me pasa siempre. Siempre. Paso semanas evitando algo porque en mi cabeza es un proyecto gigante, inabarcable, imposible. Y cuando por fin me siento a hacerlo, resulta que era mucho más fácil de lo que mi cerebro me había hecho creer.

Las facturas que iba a tardar tres días en organizar las organicé en dos horas. El email que llevaba una semana sin responder lo escribí en cinco minutos. La llamada que me daba terror hacer duró tres minutos y la otra persona fue encantadora.

Pero mientras no lo hago, la tarea crece en mi cabeza. Se hincha. Se convierte en un monstruo. Y cuanto más grande se hace, menos capaz me siento de enfrentarla. Es un ciclo que se alimenta a sí mismo.

Te lo digo por experiencia: la dificultad real de una tarea y la dificultad que tu cerebro le asigna son dos cosas completamente distintas. Y la diferencia entre las dos es lo que te mantiene paralizado.

No necesitas motivación. Necesitas ver el primer paso.

Si necesitas ver que es posible para empezar, deja de intentar motivarte para hacer toda la tarea. Haz visible el primer paso. Hazlo tan pequeño que sea ridículo. Tan pequeño que no active el sistema de alarma de tu cerebro.

No "hacer el proyecto". "Abrir la carpeta del proyecto."

No "organizar mis finanzas". "Buscar la última factura."

No "escribir el libro". "Escribir la primera frase."

Tu cerebro no necesita ver toda la montaña. Solo necesita ver que el primer metro es plano. Y una vez que das ese primer paso, el segundo sale solo. Y el tercero. Y antes de que te des cuenta, llevas media hora trabajando y te preguntas por qué no empezaste antes.

La respuesta siempre es la misma: porque tu cerebro te mintió sobre el tamaño del monstruo.

Si quieres entender mejor por qué tu cerebro reacciona así ante las tareas grandes, he montado un test de 43 preguntas que te da un punto de partida. No es un diagnóstico. Es una linterna para empezar a ver qué está pasando. Gratis, 10 minutos. Hacer el test de TDAH

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