Cada nuevo proyecto es el definitivo hasta que deja de serlo

Este sí que es el bueno. Este es el proyecto de mi vida. Hasta que en tres semanas ya estás pensando en el siguiente. Así funciona tu cerebro.

Lo he encontrado.

Por fin. Después de años probando cosas, cambiando de rumbo, abandonando proyectos, por fin he encontrado lo mío. Este proyecto es diferente. Lo siento diferente. Lo siento en las tripas. Esta vez no es una moda, no es un capricho, no es una fase. Esta vez es real.

Esto me lo he dicho, sin exagerar, unas cuarenta y siete veces.

Con el canal de YouTube de cocina que duró dos meses. Con la tienda online de camisetas que duró seis semanas. Con la app de meditación que iba a desarrollar y que nunca pasó de los bocetos en una servilleta. Con el podcast. Con el blog de viajes. Con la academia online. Con el proyecto de fotografía. Con la marca de ropa sostenible que ni siquiera llegó a tener nombre.

Cada uno de ellos fue, en su momento, el proyecto de mi vida. El definitivo. El que iba a cambiar todo.

¿Por qué todos los proyectos se sienten como "el bueno"?

Porque tu cerebro es un puñetero genio del marketing.

En serio. Si tu cerebro tuviera una agencia de publicidad, sería la mejor del mundo. Porque te vende cada proyecto nuevo como si fuera la oportunidad del siglo. Te muestra los beneficios, te proyecta el futuro, te hace sentir que estás a una decisión de distancia de la vida que quieres.

Y te lo crees. Cada vez. Con la misma intensidad. Con la misma convicción.

No es ingenuidad. Es dopamina. Cuando descubres algo nuevo que te emociona, tu cerebro suelta dopamina como si hubiera descubierto petróleo. Y bajo los efectos de la dopamina, todo tiene sentido. Todo encaja. Todo es posible. Es como enamorarte: no ves los defectos porque la química no te deja.

Y luego la química baja. Y los defectos aparecen. Y el proyecto que era perfecto resulta que tiene partes aburridas, partes difíciles, partes repetitivas. Y tu cerebro, ese genio del marketing, ya no te está vendiendo este proyecto. Ya está mirando el siguiente.

La colección de "esta vez sí"

Voy a ser brutal conmigo mismo. Mi historial de proyectos "definitivos" es de museo.

A los veintitantos, iba a ser diseñador web freelance. Compré cursos, monté mi portfolio, conseguí dos clientes. Luego descubrí que el freelance tiene partes que me aburrían mortalmente (presupuestos, facturas, perseguir a morosos) y de la noche a la mañana dejé de responder emails.

Luego iba a ser youtuber de tecnología. Compré cámara, micro, luces. Grabé cuatro vídeos. El quinto ya no lo grabé.

Luego iba a montar un SaaS. Programé durante tres semanas como un poseso. Lo dejé en el 60% de desarrollo. Ese código sigue en un repositorio de GitHub que no he abierto en año y medio.

Y en cada uno de esos momentos, yo estaba completamente convencido de que eso era mi futuro. No dudaba. No vacilaba. Era certeza absoluta.

Empiezo libros y no los termino nunca

¿Esto se cura?

No te voy a engañar: no se cura. Pero se entiende. Y cuando se entiende, deja de destrozarte.

Porque lo que me destrozaba no era abandonar proyectos. Era la narrativa que me contaba sobre ello. "Eres un inconstante." "No eres capaz de comprometerte." "Los demás pueden y tú no." "Nunca vas a llegar a nada."

Eso me hacía más daño que el propio abandono.

Hasta que fui a un psiquiatra y me dijo: "Esto que describes es un patrón clásico de TDAH. Tu cerebro busca novedad porque la novedad es la única fuente fiable de dopamina que tiene. No es que seas incapaz de comprometerte. Es que tu sistema de recompensa no funciona con compromiso a largo plazo. Funciona con estímulos nuevos."

Y todo encajó. Años de proyectos abandonados. Años de culpa. Años de pensar que era un fraude. Todo encajó en una explicación que no era "eres un desastre" sino "tu cerebro tiene unas reglas diferentes".

Es justo lo que describe el ciclo del TDAH: obsesión, devoración, abandono. No eres tú. Es tu neurología.

Si llevas años en este ciclo, merece la pena hablarlo con un profesional. No para excusarte, sino para entender qué está pasando y qué puedes hacer con ello. Esto no sustituye un diagnóstico, es experiencia personal.

¿Y qué hago con el próximo proyecto "definitivo"?

Hazlo. Pero con los ojos abiertos.

Lo que a mí me ha funcionado es esto: cuando siento la emoción del proyecto nuevo, ya no la interpreto como señal de que es "el bueno". La interpreto como lo que es: dopamina de novedad. Y la disfruto. Pero sé que se va a ir. Y me preparo para ese momento.

En la práctica, significa que antes de lanzarme a tope hago una cosa: defino la versión mínima. No el proyecto de mis sueños. La versión más pequeña que tiene sentido por sí sola. Porque si la motivación se va en tres semanas (que se va), al menos tengo algo terminado. Algo real. Algo que existe.

Y eso, para alguien que lleva años sin terminar nada, es más de lo que parece.

---

Si cada nuevo proyecto te parece el definitivo y tres semanas después no te acuerdas de por qué te emocionaba, quizá el problema no sea el proyecto sino cómo funciona tu cerebro. Tengo un test de 43 preguntas que te puede dar claridad. Gratis, sin compromiso. Hacer el test TDAH.

Relacionado

Sigue leyendo