Olvido lo que he comido ayer pero recuerdo escenas de películas de hace años
No sabes qué cenaste ayer pero recuerdas un diálogo de una película de 2003. Tu memoria no falla. Prioriza raro.
Ayer cené algo. Estoy bastante seguro de que cené. Porque estoy vivo y no me he desmayado de hambre, así que algo tuve que comer. Pero no tengo la más mínima idea de qué fue.
¿Pasta? Puede ser. ¿Una ensalada? No lo descarto. ¿Pedí algo por Glovo? No lo recuerdo. ¿Cociné yo? Ni idea. ¿Comí de pie mirando el móvil? Probablemente. Pero no lo sé seguro.
Lo que sí sé es que en la segunda temporada de Breaking Bad, episodio diez, Walter White le dice a Jesse "stay out of my territory" con la chaqueta verde, en un aparcamiento, después de ver a dos tipos comprando material de cocinar en una tienda. Lo vi en 2012. Hace catorce años. Y lo recuerdo como si lo hubiera visto esta mañana.
Me acuerdo del diálogo exacto, del encuadre, de la música que sonaba. Pero no me acuerdo de lo que cené ayer.
Algo no cuadra, ¿no?
¿Por qué recuerdas unas cosas sí y otras no?
Porque tu memoria no funciona como un disco duro.
Un disco duro guarda todo por igual. Un documento de texto y una película ocupan espacio en el mismo sitio, se almacenan con el mismo sistema, se recuperan de la misma forma. Tu memoria no es así. Tu memoria es selectiva. Tremendamente selectiva.
Y no selecciona por importancia. Selecciona por impacto emocional.
La escena de Breaking Bad me generó algo. Una emoción. Un enganche. Un "la hostia, esto es brutal". Y esa emoción hizo que mi cerebro marcara ese momento como importante y lo guardara con todo lujo de detalles. Color, sonido, contexto, todo.
La cena de ayer no me generó nada. Fue un acto mecánico. Necesario, sí, pero emocionalmente plano. Y mi cerebro lo trató como lo que era para él: ruido. Información no relevante. No vale la pena guardar. Siguiente.
Imagina que tu cerebro es un museo. Un museo muy pequeño, con espacio limitado. El curador del museo - que no eres tú, ojo, es un tío con criterio propio - decide qué piezas se exhiben y cuáles van al almacén. Y su criterio no es "qué es útil". Su criterio es "qué es interesante". Así que los diálogos de películas tienen marco dorado y un foco especial, y la cena de ayer está en una caja sin etiquetar en un sótano al que nadie va.
No es que tengas mala memoria. Es que tu memoria tiene un sistema de prioridades que tú no controlas.
¿Te han llamado selectivo alguna vez?
"Es que tienes memoria selectiva." Sí, gracias, ya lo sé. Lo que nadie me explica es cómo dejar de ser selectivo.
Porque no es voluntario. No elijo recordar escenas de películas y olvidar lo que cené. No es que considere las películas más importantes que la comida. Es que mi cerebro responde a estímulos emocionales, y las películas le generan más estímulo que un plato de pasta con tomate.
Y esto va más allá de la comida. No recuerdo conversaciones enteras que tuve la semana pasada. No recuerdo qué hice el martes. No recuerdo si he pagado una factura. Pero recuerdo el nombre del personaje secundario de un anime que vi a los quince años, la letra de una canción de 2007 que no he escuchado desde entonces, y una frase que me dijo un profesor en sexto de primaria.
Es como si mi memoria fuera un colador con agujeros de formas raras. Algunas cosas se quedan. Otras se escurren. Y no puedo predecir cuáles. No hay patrón lógico. Solo emocional.
Es lo que le pasa a la gente que repite historias sin darse cuenta. No es que no te acuerdes de haberla contado. Es que tu cerebro recuerda la historia (porque tiene carga emocional) pero no recuerda haberla contado (porque eso es un dato logístico plano). Así que la cuentas otra vez. Y otra vez. Y tu familia ya tiene esa cara de "esto ya lo hemos oído tres veces".
¿Es normal tener una memoria así?
Todo el mundo olvida cosas. Todo el mundo tiene lagunas. Todo el mundo ha olvidado alguna vez qué comió ayer.
Pero hay una diferencia entre "a veces se me olvida" y "mi sistema de memoria funciona con un filtro emocional tan agresivo que las cosas cotidianas básicamente no existen para mí". La primera es normal. La segunda es un patrón.
Y en ese patrón hay más cosas. Se me olvida lo que iba a decir en mitad de una frase. Se me olvida por qué he abierto una pestaña. Se me olvida que tenía una cita. Se me olvida que tenía comida en el horno. Todo lo que no tiene carga emocional se evapora.
Pero dame algo que me enganche - un problema de programación, un debate sobre una serie, un proyecto nuevo - y mi memoria se convierte en una cámara de alta definición. Todo se graba. Todo se retiene. Todo se puede recuperar años después con una claridad que me sorprende a mí mismo.
No es mala memoria. Es memoria desregulada. Funciona a todo o nada. O lo guarda todo, con detalles microscópicos, o no guarda nada.
¿Esto tiene explicación?
Sí. Y cuando la descubrí, me dio rabia no haberla encontrado antes.
La memoria depende de la dopamina. La dopamina es el neurotransmisor que marca qué es importante y qué no. Cuanta más dopamina genera un estímulo, más probable es que tu cerebro lo archive con detalle. Cuanta menos, más probable es que lo ignore.
En la mayoría de los cerebros, la dopamina se regula de forma equilibrada. Las cosas cotidianas generan suficiente dopamina como para ser registradas. No mucha, pero la suficiente.
En un cerebro con TDAH, los niveles basales de dopamina son más bajos. Y eso significa que solo los estímulos que generan un pico significativo de dopamina - emociones fuertes, novedad, sorpresa, urgencia - se archivan. Todo lo demás cae por debajo del umbral y no se guarda.
Es como tener un filtro de spam demasiado agresivo en el email. Filtra el spam, sí. Pero también filtra un montón de mensajes legítimos que deberían haber llegado a tu bandeja de entrada. Y tú ni te enteras de que los has perdido.
Cuando entiendes que tu memoria no es mala sino que está regulada por un sistema de dopamina diferente, dejas de culparte. No es que no te importe la cena de ayer. Es que tu cerebro no la consideró digna de archivo. Y no es decisión tuya.
Es parte del mismo puzzle. El mismo que incluye sentir que te cuesta todo más que a los demás. El mismo que incluye la memoria externalizada como estrategia de supervivencia. Todo conecta.
Esto no es un diagnóstico. Es mi experiencia. Si te reconoces, busca a un profesional que sepa de TDAH en adultos.
¿Y ahora?
Si has llegado hasta aquí y no recuerdas de qué iba el segundo párrafo, no te preocupes. Es normal. Tu normal.
Y si recuerdas la escena de Breaking Bad que he descrito mejor que el título de este post, eso también es normal. Tu normal.
Hay un test rápido que puede ayudarte a entender por qué tu memoria funciona así. No es un diagnóstico, pero a veces ponerle nombre a lo que sientes es el primer paso para dejar de pensar que estás roto.
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