Abandono cosas justo cuando empiezan a funcionar
Justo cuando algo empieza a dar resultados, lo dejas. No es autosabotaje. Es que tu cerebro busca otra cosa que no encuentras donde estás.
Iba bien.
De verdad que iba bien. El proyecto empezaba a dar resultados. Los primeros números aparecían. La gente respondía. Alguien me dijo "tío, esto tiene futuro" y por primera vez no me sonó a cumplido vacío. Tenía tracción. Tenía sentido. Tenía, por primera vez en mucho tiempo, algo que funcionaba.
Y lo dejé.
No de golpe. No fue una decisión dramática tipo "hasta aquí". Fue peor. Fue un desvanecimiento. Empecé a contestar más tarde. A dedicarle menos horas. A decirme "mañana lo retomo" durante diecisiete mañanas seguidas. Hasta que un día abrí el portátil, miré la carpeta del proyecto, y sentí la misma emoción que siento al ver la factura del dentista.
Nada.
¿Por qué dejas lo que funciona?
A ver, que esto no tiene ningún sentido lógico. Lo sé. Lo sabía mientras lo hacía. Hay gente que se pasa años intentando que algo funcione y aquí estoy yo, tirando a la basura algo que ya funcionaba.
Y lo peor es que no es la primera vez. He dejado trabajos buenos. He dejado proyectos rentables. He dejado relaciones que iban bien. Siempre en el mismo punto: justo cuando la cosa deja de ser un reto y empieza a ser una rutina. Justo cuando pasa de "esto es emocionante" a "esto hay que mantenerlo".
Es como cuando te compras un mueble de Ikea. Los primeros cuarenta minutos mola. Estás ahí con las piezas, el destornillador, la sensación de que estás construyendo algo. Y luego llegas al paso 47 de 52 y piensas "ojalá este mueble se monte solo". El mueble no ha cambiado. Tú no has cambiado. Pero la novedad se ha ido y sin novedad tu cerebro se desconecta como si le hubieran quitado la batería.
Mira, tengo treinta proyectos empezados y ninguno terminado. Y no porque sea un desastre. Bueno, un poco sí. Pero sobre todo porque mi cerebro no distingue entre "esto ya no es nuevo" y "esto ya no te interesa". Para él es lo mismo. Y para mí el resultado es abandonar cosas que sí me importaban.
¿Esto es autosabotaje?
Pues mira, todo el mundo me dice que sí. Que me autosaboteo. Que tengo miedo al éxito. Que en el fondo no quiero que las cosas funcionen porque me da vértigo el compromiso.
Y no te voy a engañar, durante años me lo creí.
Me compré libros de autosabotaje. Hice terapia enfocada en autosabotaje. Escribí en un diario sobre autosabotaje. Y nada cambiaba. Porque resulta que el problema no era que yo quisiera fracasar. El problema era que mi cerebro necesitaba un nivel de estimulación que las cosas estables y predecibles no le dan.
Imagínate que tienes un motor que solo funciona con gasolina de 98 octanos. Y tú le metes gasolina normal. El motor arranca, pero a los pocos kilómetros empieza a petardear. No es que el motor sea malo. Es que necesita un combustible que no le estás dando.
Pues tu cerebro funciona igual. El combustible es la novedad. Y cuando el proyecto deja de ser nuevo, el motor empieza a petardear.
¿Y los demás cómo lo hacen?
Esta es la pregunta que me obsesionaba. Porque yo veía a gente que mantenía negocios durante años. Que trabajaba en lo mismo sin drama. Que no necesitaba cambiar de proyecto cada tres meses para sentirse viva.
Y pensaba: "¿Qué tienen ellos que no tenga yo?"
Lo que tienen es un sistema de recompensa que funciona con combustible normal. Su cerebro les da suficiente dopamina base para seguir adelante incluso cuando la tarea ya no es nueva. No necesitan el subidón del arranque para funcionar. Pueden operar en modo crucero sin que se les apague el motor.
El mío no. El mío es todo o nada. Intensidad brutal o abandono total. Y durante mucho tiempo pensé que eso era un defecto de carácter. Que era vago, inconstante, caprichoso.
Hasta que fui a un psiquiatra y me dijo algo que me cambió la perspectiva: "Tu cerebro no produce suficiente dopamina basal. Por eso necesitas estímulos nuevos constantemente. No es falta de voluntad. Es neuroquímica."
TDAH. Eso era lo que tenía. Un cerebro que funciona con reglas diferentes. No peores. Diferentes. Pero en un mundo diseñado para cerebros que pueden mantener la constancia, las reglas diferentes se sienten como un defecto.
No lo son. Pero si no sabes que las tienes, pasas años culpándote por algo que no elegiste.
¿Se puede dejar de abandonar las cosas que funcionan?
No te voy a decir que sí y quedarme tan ancho. Porque no es tan simple.
Lo que a mí me ha funcionado es cambiar la relación con los proyectos. En vez de esperar que la motivación dure para siempre, asumo que va a morir. Siempre. Mi motivación tiene fecha de caducidad y no puedo hacer nada contra eso.
Lo que sí puedo hacer es construir sistemas que no dependan de la motivación. Rutinas mínimas que funcionen incluso cuando no tengo ganas. Versiones reducidas de las cosas que puedo hacer en piloto automático.
Y sobre todo: dejar de interpretar la bajada de emoción como una señal de que debo irme. Porque esa bajada va a llegar. Siempre llega. Pero el proyecto sigue siendo bueno. Tú sigues siendo capaz. Lo único que se fue es el subidón inicial. Y el subidón inicial no es una métrica fiable de nada.
Es como el ciclo de empezar cosas y no terminarlas que marca el TDAH. No eres tú. Es tu cerebro. Y cuando lo entiendes, dejas de pelearte contigo y empiezas a diseñar tu vida alrededor de cómo realmente funcionas.
Esto no sustituye hablar con un profesional. Si llevas años abandonando cosas justo cuando empiezan a ir bien, un psicólogo o psiquiatra puede ayudarte a entender qué pasa ahí dentro. Te lo digo porque a mí me costó demasiado tiempo dar ese paso.
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