Mi energía va por oleadas que no controlo: unos días soy imparable y otros no puedo ni pensar
Un día eres un cohete y al siguiente no puedes ni abrir el portátil. Sin razón. Sin patrón. Si tu energía funciona así, merece la pena entender por qué.
El lunes escribí tres mil palabras, grabé un vídeo, respondí todos los emails pendientes, hice ejercicio y me acosté a las once sintiéndome invencible.
El martes no pude levantarme.
No es una metáfora. No es que me costara un poco. Es que me desperté y mi cuerpo pesaba como si alguien me hubiera llenado los huesos de plomo. Miré el portátil desde la cama y fue como mirar una montaña que tenía que escalar sin cuerdas. Y pensé: ayer hice todo eso, hoy no puedo hacer esto.
Y no había pasado nada entre el lunes y el martes. Misma cama. Mismas horas de sueño. Misma comida. Mismo yo. Pero dos versiones completamente distintas.
¿Por qué mi energía funciona por oleadas?
Porque mi cuerpo no tiene un termostato de energía. Tiene una montaña rusa.
La gente normal tiene un nivel base de energía más o menos estable. Algunos días un poco más, otros un poco menos, pero siempre dentro de un rango predecible. Si duermen bien y comen bien, funcionan. Causa y efecto. Lógica.
Lo mío no funciona así. Mi energía no tiene lógica. Puedo dormir fatal y tener un día espectacular. Puedo dormir de maravilla y no poder ni pensar. No hay patrón. No hay correlación. No hay nada que pueda controlar para garantizar que mañana voy a funcionar.
Es como tener una conexión a internet que va de 100 megas a 1 mega sin previo aviso. A veces cargas vídeos en 4K y a veces no puedes abrir una página de texto. Y no hay técnico que lo arregle porque técnicamente todo está bien.
El problema de las expectativas
Y aquí es donde la cosa se pone fea. Porque si ayer hice tres mil palabras, hoy la expectativa es que haga al menos algo parecido. La mía y la de los demás.
"Pero si ayer pudiste." Sí, ayer pude. Hoy no. No sé por qué. No tengo una explicación satisfactoria. Si la tuviera, la arreglaría.
Y eso genera una presión brutal. Porque cuando estás en un día de oleada alta, te comprometes a cosas. Dices que sí a proyectos. Haces promesas. Estableces plazos. Y luego llega la oleada baja y no puedes cumplir nada de lo que prometiste. Y quedas como un irresponsable.
Tengo explosiones de productividad y luego nada
¿Cómo vive alguien que no controla su energía?
Con mucha improvisación y mucha culpa.
La improvisación porque no puedes planificar nada con certeza. Puedes poner algo en la agenda para el jueves, pero no tienes ni idea de si el jueves vas a ser la versión de ti que puede o la versión que no puede. Así que vives en una incertidumbre constante que los demás no entienden.
Y la culpa porque cuando estás en un día bajo y no haces nada, tu cabeza te machaca. "Eres un vago." "Los demás pueden y tú no." "Si de verdad quisieras, podrías." Y te lo crees. Porque hay evidencia: ayer pudiste. Entonces si hoy no puedes, es que no quieres. ¿No?
No.
No es que no quieras. Es que hoy tu cerebro no tiene el combustible que ayer tenía. Y no es una cuestión de actitud. Es una cuestión de química.
¿Qué tienen que ver las oleadas de energía con el cerebro?
Todo.
Tu energía no viene solo de las horas de sueño o las calorías que comes. Viene también de los neurotransmisores de tu cerebro. Y hay cerebros que no regulan esos neurotransmisores de forma estable.
La dopamina, concretamente. El neurotransmisor que regula la motivación, la energía y la capacidad de acción. En un cerebro "normal", la dopamina es relativamente estable. En otros cerebros, fluctúa. Sube y baja sin patrón claro. Y cuando sube, eres imparable. Y cuando baja, no puedes ni pensar.
TDAH. Eso es lo que hay detrás de muchas oleadas de energía sin lógica. Un sistema dopaminérgico que no mantiene un nivel constante. Que te da días de 10 y días de 2 sin que hayas hecho nada diferente para merecerlos.
Cuando me lo diagnosticaron, fue como si me hubieran dado un mapa de un territorio que llevaba años recorriendo a ciegas. "Ah, por eso algunos días puedo y otros no. No es que sea un desastre. Es que mi cerebro funciona con picos y valles que yo no controlo."
Esto no es un diagnóstico. Si tus oleadas de energía te están afectando la vida, un profesional puede evaluarlo. Pero reconocer el patrón ya es un paso enorme.
¿Y qué hago yo con esto?
Dos cosas que me han cambiado la vida.
La primera: surfear las oleadas en vez de luchar contra ellas. Cuando tengo un día de oleada alta, lo exprimo. Trabajo a tope. Creo todo lo que puedo. Adelanto. No me contengo pensando "tengo que guardar energía para mañana" porque mañana puede ser un día de 2 de todas formas. Aprovecho el día de 10 cuando aparece.
La segunda: perdonar los días de oleada baja. No intentar forzar un día de 10 cuando mi cerebro solo da para 2. Hacer lo mínimo. Una sola cosa. Y ya. Sin culpa. Sin castigo. Porque me canso sin hacer nada y eso es real, no inventado.
No es un sistema perfecto. Hay semanas en las que las oleadas bajas coinciden con deadlines y todo se complica. Pero desde que dejé de pelearme con las oleadas y empecé a navegar con ellas, mi vida funciona mejor.
No brillantemente. Mejor. Y a veces, mejor es más de lo que parece.
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Si tu energía va por oleadas que no puedes controlar ni predecir, quizá no es tu cuerpo el problema sino tu cerebro. Tengo un test de 43 preguntas que te puede dar pistas sobre lo que está pasando. Gratis, sin registro, 10 minutos. Hacer el test TDAH.
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