Llego tarde a todo aunque no tenga nada que hacer antes

No tengo prisa. No tengo nada antes. Solo tengo que estar ahí a las 10. Y llego a las 10:20. Siempre. Da igual lo que haga.

La quedada es a las seis. Lo sé desde hace tres días. No tengo nada antes. Cero compromisos. Toda la tarde libre. Lo único que tengo que hacer es estar en un sitio a las seis.

Son las cinco y cuarenta. Estoy sentado en el sofá. En ropa interior. Sin duchar.

A las cinco y cuarenta y cinco me levanto. A las cinco y cincuenta me meto en la ducha. A las seis menos cinco me estoy vistiendo. A las seis en punto estoy saliendo de casa. A las seis y veinte estoy llegando. A las seis y veinticinco estoy sentándome y pidiendo disculpas.

"Perdona, se me ha ido el tiempo."

Se me ha ido el tiempo. Esa frase la he dicho más veces en mi vida que "hola" o "buenas tardes" o "perdón" o cualquier otra combinación de palabras del idioma español.

¿Cómo llegas tarde cuando no tienes nada que hacer?

Eso es exactamente lo que no entiende nadie. Y, siendo honesto, es lo que yo tampoco entendía.

Porque si llegas tarde porque se te ha complicado el día, tiene sentido. Si llegas tarde porque tenías otra reunión antes, tiene sentido. Si llegas tarde porque había tráfico o se ha retrasado el bus, tiene sentido.

Pero si llegas tarde estando en casa, sin nada que hacer, con toda la tarde por delante y una sola obligación que es estar en un sitio a una hora concreta, eso no tiene sentido para nadie.

Excepto para tu cerebro. Para tu cerebro tiene todo el sentido del mundo.

Es como tener un reloj que va a una velocidad diferente

Yo lo describo así. Imagínate que todo el mundo tiene un reloj interno que marca los minutos a la misma velocidad que el reloj real. Las seis menos veinte se sienten como las seis menos veinte. Las seis menos diez se sienten como las seis menos diez. Y a las seis menos quince, su reloj interno les dice "es hora de prepararse".

Mi reloj interno va a otra velocidad. A las cinco, mi cerebro dice "todavía queda mucho". A las cinco y media, mi cerebro dice "todavía hay tiempo". A las seis menos cuarto, mi cerebro dice "tranquilo, llegas". Y a las seis menos cinco, mi cerebro dice "vale, AHORA sí, corre".

No es que ignore la hora. Es que mi percepción del tiempo disponible no coincide con el tiempo real. Siempre creo que queda más tiempo del que queda. Siempre creo que tardo menos de lo que tardo. Y siempre me sorprendo cuando llego tarde, como si fuera la primera vez.

Digo cinco minutos y tardo cuarenta

Las cosas que hago en los últimos diez minutos

Esta es la parte más absurda. Estoy a punto de salir y de repente decido que es el momento perfecto para vaciar el lavavajillas.

O para contestar un email que lleva tres días sin responder.

O para buscar esa canción que escuché el otro día y guardarla en Spotify.

A diez minutos de tener que estar en otro sitio, mi cerebro decide que es hora de hacer todas las micro-tareas que ha ignorado durante días. Como si la presión de salir activara una especie de modo "ahora sí que puedo hacer cosas".

Y no puedo parar. Es como si mi cerebro hubiera encontrado por fin la dopamina que necesitaba para ser productivo, y resulta que la ha encontrado en el peor momento posible.

Siempre llego tarde aunque salgo pronto

¿Esto tiene una explicación o soy un maleducado?

No eres un maleducado. O sea, llegar tarde es una putada para los que te esperan, no voy a disfrazarlo. Pero no es que no te importe.

Al contrario. A mí me importa muchísimo. La culpa que siento cada vez que llego tarde es horrible. Las disculpas. Las miradas. La sensación de que la gente piensa que no respetas su tiempo.

Y la frustración de saber que lo has vuelto a hacer a pesar de haberte prometido que esta vez ibas a llegar puntual.

Hay una explicación. Y tiene que ver con algo que se llama ceguera temporal. Ciertos cerebros no perciben el paso del tiempo de forma lineal. No es que no vean el reloj. Es que el reloj no significa lo mismo para ellos que para los demás.

El DSM-5 incluye dificultades con la gestión del tiempo como uno de los indicadores de TDAH en adultos. No como un capricho. Como una dificultad real que afecta al funcionamiento diario.

No te estoy diagnosticando. Pero si llegas tarde a todo desde que tienes memoria, si tu familia ya ni se sorprende, si tus amigos quedan contigo media hora antes de la hora real para que llegues "a tiempo", quizá merece la pena que alguien profesional le eche un vistazo.

Porque todo te cuesta más que a los demás. Y llegar puntual, que parece la cosa más básica del mundo, para ti es una batalla diaria que pierdes más veces de las que ganas.

¿Qué hago para no llegar siempre tarde?

No te voy a engañar. Sigo llegando tarde a cosas. Pero menos que antes. Y estos son los trucos que me han ayudado.

Uno: la regla de sumar quince minutos. A la hora que crees que deberías salir, resta quince minutos. Siempre. Si crees que deberías salir a las cinco y cuarenta, sal a las cinco y veinticinco. Tu cerebro te miente sobre el tiempo que necesitas. Descuenta la mentira de antemano.

Dos: las alarmas. Sí, ya sé que las ignoras. Yo también. Pero pon dos: una media hora antes de salir y otra diez minutos antes. La primera es un aviso. La segunda es un "deja lo que estés haciendo y muévete". Y ponles un tono que te cause ansiedad. Si la alarma no te estresa un poco, no funciona.

Tres: prepararlo todo antes. Si tienes que salir a las seis, a las cinco ya deberías tener la ropa preparada, las llaves localizadas y la ducha hecha. No a las cinco y cuarenta y cinco. A las cinco. Porque a las cinco y cuarenta y cinco, tu cerebro ya ha decidido vaciar el lavavajillas.

Y cuatro: acepta que vas a llegar tarde a veces. No todas. Pero a veces. Y cuando llegues tarde, en vez de hundirte en la culpa, analiza qué pasó. ¿Dónde perdiste el tiempo? ¿Qué micro-tarea innecesaria te atrapó? Cuanto más consciente seas del patrón, más fácil es pillar a tu cerebro antes de que te sabotee.

Porque hay una explicación para que 5 minutos se conviertan en 45. Y cuando la entiendes, al menos puedes prepararte para ella.

No llegas tarde porque no te importe. Llegas tarde porque tu reloj va diferente.

Si llegas tarde a todo aunque no tengas nada que hacer antes, no eres un desastre. Eres una persona con un reloj interno que funciona a su propio ritmo.

Y entender ese ritmo es el primer paso para dejar de pedir disculpas en cada puñetera quedada.

Si quieres investigar por qué tu cerebro percibe el tiempo de forma diferente, tengo un test de 43 preguntas. Gratis, 10 minutos, sin diagnóstico. Solo un punto de partida para entender qué está pasando. Y sí, puedes hacerlo ahora. No lo dejes para luego. Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo