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Llevas 3 años con la misma tarifa porque subir precios te da más miedo que no llegar a fin de mes

Tu tarifa no ha cambiado en 3 años. El alquiler sí. La luz sí. Tu miedo a perder clientes te sale más caro que subirles el precio.

emprendimiento

Tu tarifa no ha cambiado en 3 años. El alquiler sí. La luz sí. El café sí. Pero tú sigues cobrando lo mismo porque "si subo precios me quedo sin clientes". Spoiler: no te vas a quedar sin clientes.

Te vas a quedar sin margen. Que es peor.

Porque perder un cliente duele una vez. Cobrar menos de lo que vales duele cada día, cada factura, cada vez que miras la cuenta y piensas "¿cómo es posible que trabaje tanto y me quede tan poco?". Así es posible. Cobrando lo mismo que en 2023 mientras todo lo demás ha subido.

¿Por qué te da más miedo subir precios que no llegar a fin de mes?

Porque el miedo a perder clientes es inmediato. Lo sientes en el pecho. Te imaginas la conversación: "Oye, a partir de ahora cobro más". Y tu cerebro te proyecta la película completa en 0.3 segundos. El cliente se enfada. El cliente se va. El cliente le cuenta a otros que eres un jeta. Te quedas solo. Cierras. Acabas vendiendo pulseras en Wallapop.

Esa película es una mentira, pero se siente muy real.

En cambio, el dolor de cobrar poco es un goteo. No te golpea. Te erosiona. Como el agua a la piedra. Hoy son 50 euros que te faltan. Mañana otros 50. Al final del mes son 400. Al final del año, casi 5.000 euros que dejaste en la mesa porque te daba miedo una conversación de dos minutos.

Las matemáticas no mienten aunque tú quieras.

¿Y si pierdo clientes de verdad?

A ver. Puede pasar. Vamos a ser honestos. Subes precios y alguien se va. Ocurre. Pero la pregunta no es "¿perderé algún cliente?" sino "¿qué tipo de cliente perderé?".

Porque el cliente que se va por una subida del 15% es el mismo que te regatearía aunque cobraras cacahuetes. El que te pide descuento por ser martes. El que te escribe a las 23:00 pidiendo "un favor rápido" que son tres horas de trabajo. Ese cliente no te está pagando. Te está alquilando.

Y tú no eres un piso de Airbnb.

Los clientes que se quedan cuando subes precios son los que valoran lo que haces. Los que no comparan tu trabajo con el del sobrino del vecino que "también sabe de eso". Los que pagan sin drama porque saben que lo que les das vale más de lo que les cobras.

Cuando monté una empresa a los 22 y no podía ni pagar un café, el problema no era que no tuviera clientes. Era que los clientes que tenía me pagaban como si les estuviera haciendo un favor. Y yo lo aceptaba porque creía que tener clientes ya era suficiente.

No lo era.

¿Cómo se sube precios sin sentir que estás estafando?

Aquí está el truco mental que te frena: crees que subir precios es cobrar más por lo mismo. Y no. Es dejar de cobrar menos de lo que vale.

Piénsalo así. Si mañana contratas a un fontanero y te cobra 30 euros por arreglar una fuga que iba a destrozarte medio baño, ¿le dirías que es caro? No. Le darías las gracias y pensarías que ha sido barato. Porque no pagas la hora del fontanero. Pagas que sepa qué tubo tocar.

Tú haces lo mismo. Has invertido años en aprender tu oficio. Has cometido errores que tus clientes no van a cometer gracias a ti. Has resuelto problemas a las 11 de la noche porque era urgente. Y sigues cobrando como si acabaras de empezar ayer.

No acabas de empezar ayer. Cobra en consecuencia.

¿Y si me comparan con alguien más barato?

Siempre habrá alguien más barato. Siempre. Es como intentar ganar una carrera contra alguien que no tiene gastos, ni experiencia, ni factura. No puedes competir con eso ni deberías intentarlo.

Cuando subí precios en Black Friday mientras todo el mundo los bajaba, la reacción fue curiosa. Nadie se quejó. Bueno, un par de personas sí. Pero los que compraron lo hicieron con más convicción. Porque un precio más alto comunica algo: "Esto vale. Y yo sé que vale."

Competir por precio es una carrera al fondo del pozo. Y en el fondo del pozo no hay clientes buenos. Hay gente buscando lo más barato posible, que te dejará en cuanto encuentre algo un euro más barato.

¿Cuándo es el momento de subir?

Ya.

No dentro de tres meses. No cuando "estabilice la cartera". No después del verano. Ya. Porque llevas diciendo "ya subiré" el mismo tiempo que llevas cobrando poco. Y cada mes que pasa es dinero que regalas.

No tienes que duplicar tus precios de golpe. Puedes subir un 10% ahora. Un 15% en tres meses. Un 20% con los nuevos clientes. Lo importante es que empieces. Que rompas la inercia de cobrar lo mismo por inercia, no por estrategia.

Recuerdo que mi primer alumno facturó más que yo en 6 meses. Y una de las primeras cosas que hizo diferente fue no tener miedo a poner un precio que le permitiera vivir de su trabajo. Mientras yo seguía ahí, con la tarifa de siempre, convenciéndome de que "ya la subiré".

La conversación que te da miedo dura dos minutos

"Oye, a partir del mes que viene mis tarifas son X." Eso es todo. No necesitas un discurso de media hora. No necesitas justificarte. No necesitas pedir perdón. Es tu trabajo. Es tu precio. Punto.

La mayoría de clientes dirán "vale". Así, sin más. Porque ya lo esperaban. Porque saben que todo sube. Porque llevan años pagándote lo mismo y en el fondo se preguntan cómo puedes seguir cobrando eso.

Los que se vayan, te hacen un favor. Te liberan hueco para clientes que paguen lo que toca. Clientes con los que no sientes esa presión constante de estar regalando tu tiempo.

Porque eso es lo que estás haciendo cada vez que no subes precios: regalar tu tiempo. Y tu tiempo es lo único que no puedes fabricar más.

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