Monte una empresa a los 22 y no podia ni pagar un cafe
Monte mi primera empresa de software a los 22. Fracase. No podia pagar ni un desayuno. Esta es la historia que no cuento en LinkedIn.
2012. Tenia 22 anos, un portatil que sonaba como una freidora industrial y una idea que me parecia brillante: software para talleres de mecanizado.
Si no sabes que es un taller de mecanizado, imagina un sitio lleno de tios con las manos negras de grasa que fabrican piezas metalicas con maquinas que cuestan mas que mi piso. Yo iba a hacerles un programa para gestionar todo eso. Yo, que no habia pisado un taller en mi vida.
La idea tenia logica. Los talleres usaban Excel o directamente libretas con manchas de aceite. Necesitaban algo mejor. Y yo sabia programar.
Lo que no sabia era todo lo demas.
¿Que pasa cuando tu primera empresa fracasa?
No pasa lo que te cuentan en los podcasts de emprendimiento.
No hay musica epica de fondo. No tienes un momento de claridad mirando por la ventana mientras llueve. No te levantas al dia siguiente con una leccion aprendida y ganas de comerte el mundo.
Lo que pasa es que un martes de noviembre estas en el bar de debajo de tu casa. Huele a cafe recien hecho y a tostada con aceite. Es por la manana. Hay cuatro jubilados hablando de futbol en la mesa de al lado. Tu estas sentado solo. Y cuando el camarero se acerca, le dices que no quieres nada. Que estas esperando a alguien.
No estas esperando a nadie. Es que no puedes pagar un cafe.
Ni siquiera bebo cafe. Pero esa manana, sentado en ese bar, lo que me jodia no era no poder permitirme uno. Era saber que no podia permitirme nada. Que mi cuenta del banco estaba en numeros rojos. Que tenia 22 anos y habia conseguido arruinarme antes de haber empezado a vivir.
¿Como te arruinas con 22 anos?
Paso a paso, sin darte cuenta.
Primero inviertes los ahorros. Son pocos, pero son tuyos. Luego pides un prestamo pequeno. Luego uno mediano. Luego el banco te dice que si a todo porque eres joven y emprendedor y "esto tiene muy buena pinta".
Los talleres no pagaban. Los que firmaban contrato tardaban meses. Los que no firmaban te decian "ya te llamo" y no te llamaban nunca. Y yo seguia desarrollando funcionalidades que nadie me habia pedido porque mi cerebro con TDAH se enganchaba a lo que le daba la gana, no a lo que el negocio necesitaba.
Tres meses despues de lanzar, tenia un producto que hacia veinte cosas. Ningun cliente lo usaba para mas de tres. Y yo debia dinero a gente a la que no podia mirar a los ojos.
El telefono que no podia coger
Los bancos empezaron a llamar.
Si nunca has tenido a un banco detras, te lo explico: no es una persona amable que te pregunta como va todo. Es una voz que lee un guion. Que te dice cifras. Que te da plazos. Y que llama otra vez al dia siguiente si no contestas.
Yo no contestaba.
No era por chuleria. Era porque no podia. Fisicamente. Veia el numero en la pantalla y se me cerraba el estomago. Me quedaba mirando el movil vibrando encima de la mesa como si fuera una granada.
Un dia, mi padre se sento conmigo en el salon de casa. No me dio un discurso motivacional. No me dijo que todo iba a ir bien. Me quito el telefono de las manos y dijo: "Las llamadas las hago yo."
Y las hizo.
Mi padre tuvo que hacer las llamadas que yo no podia hacer. Hablar con gente que me reclamaba dinero. Negociar plazos. Dar la cara por mi mientras yo estaba sentado en el sofa sin poder moverme.
Esa historia la cuento entera en otro post que aun me cuesta escribir. Pero lo que necesitas saber ahora es esto: el fracaso no es glamuroso. El fracaso es tu padre haciendo tus llamadas porque tu no puedes ni hablar.
El mito de "fracasa rapido, aprende rapido"
Hay una frase que se repite mucho en el mundo emprendedor: "Fracasa rapido, aprende rapido."
La dice gente que nunca ha tenido que mentir a un camarero para no admitir que no puede pagar un cafe con leche.
Fracasar no te hace mas fuerte automaticamente. Te hace mas fuerte SI procesas lo que paso. Si no, solo te deja cicatrices.
Yo tarde anos en procesar aquello. Anos en dejar de sentir un nudo en el estomago cada vez que sonaba el telefono. Anos en volver a invertir un euro en algo sin que me temblara el pulso. Las consecuencias fisicas vinieron despues, y fueron peores que las economicas.
Lo que si aprendi, aunque tarde en verlo, es que aquel fracaso no fue porque la idea fuera mala. Fue porque yo no tenia ni idea de lo que estaba haciendo. Confundi programar bien con saber llevar un negocio. Y son dos cosas que no tienen nada que ver.
¿Merece la pena emprender despues de arruinarte?
Si. Pero no por las razones que te cuentan.
No merece la pena porque "el fracaso te ensena". Te ensena, si, pero a un precio que nadie te avisa. El miedo a acabar otra vez asi no se va. Se queda. Lo que cambia es lo que haces con el.
Cuando el miedo a acabar en Mercadona te paraliza, puedes rendirte o puedes aprender a convivir con el. Yo aprendi a convivir con el. No porque sea valiente. Porque soy mas cabezon que listo.
Emprendedor desde 2012. Eso suena bien en una bio de LinkedIn. Lo que no suena tan bien es que 2012 fue el ano que casi me destruye. Que entre 2012 y poder dormir tranquilo pasaron muchos anos, muchas noches mirando el techo y muchas conversaciones con mi padre que ojala no hubieran sido necesarias.
Pero fueron necesarias. Y aqui sigo.
Sin musica epica de fondo. Sin leccion empaquetada en una frase bonita.
Solo con la certeza de que si sobrevives a eso, ya no te da miedo casi nada.
Casi.
Esto me lo enseno mi psicologa y me cambio el dia a dia. Te lo regalo.