Abres LinkedIn y alguien de 23 años factura más que tú: la trampa de compararte
Un tío de 23 años ha facturado 100k este mes. Tú llevas 3 años y no llegas a 3k. El problema no es tu negocio. Es lo que miras.
Un tío de 23 años ha facturado 100k este mes. Tú llevas 3 años y no llegas a 3k. Cierras LinkedIn sintiéndote un fraude. Lo que no ves es la parte que no publica.
Porque nadie publica la parte fea.
Nadie sube una captura de pantalla de Stripe en rojo. Nadie graba un reel diciendo "este mes he facturado 400 euros y he llorado en el baño dos veces". Nadie escribe un post de LinkedIn que diga "llevo seis meses fingiendo que esto funciona".
Pero tú sí te comparas con lo que publican. Con la versión editada. Con el highlight reel. Y luego abres tu propio Stripe y sientes que el problema eres tú.
No lo eres.
¿Por qué compararte con LinkedIn es como juzgar una peli por el tráiler?
Porque eso es exactamente lo que estás haciendo.
Un tráiler dura dos minutos. Tiene la mejor escena, la mejor frase, la explosión más bonita. Te vende la película como si fuera la obra maestra del siglo. Y luego entras al cine y resulta que hay 90 minutos de relleno, diálogos soporíferos y un final que no tiene sentido.
LinkedIn es el tráiler. Cada post de "he facturado X" es la mejor escena de una película que no te están enseñando entera. No ves las deudas. No ves los tres productos que fracasaron antes. No ves el burnout, las noches sin dormir, el dinero prestado, los meses de cero absoluto.
Ves el número bonito y lo comparas con tu película completa. Con tu relleno, tus diálogos malos, tus escenas que cortarías si pudieras. Y claro, pierdes. Siempre pierdes cuando comparas tu behind the scenes con el tráiler de otro.
¿Y si el que factura 100k tampoco está tan bien?
Facturar no es ganar. Eso lo sabe cualquiera que haya tenido un negocio más de seis meses.
100k facturados pueden ser 80k en ads, 12k en herramientas, 5k en un VA que gestiona lo que tú ya no puedes, y 3k que te quedan antes de impuestos. Que luego se quedan en 1.800. Que luego se gastan en el siguiente lanzamiento.
Pero eso no cabe en un carrusel de LinkedIn.
Lo que sí cabe es "100k MRR" con un emoji de cohete y tres párrafos de storytelling sobre lo duro que fue el camino. Que sí, seguro que fue duro. Pero el post no existe para contarte su realidad. Existe para venderte algo. Un curso, una mentoría, una comunidad de pago. El post de facturación es el anuncio. Y tú te lo estás tragando como si fuera un documental.
Tengo 14 productos y a veces abro LinkedIn pensando que soy un fraude
¿Cuándo dejaste de mirar tu negocio y empezaste a mirar el de otro?
Esta es la pregunta que duele.
Porque al principio no te comparabas. Al principio tenías una idea, ilusión, y cero seguidores. No mirabas a nadie porque estabas demasiado ocupado intentando que tu cosa funcionara. Y funcionaba. Despacio, con fallos, con días de no entender nada, pero avanzabas.
Y en algún momento empezaste a mirar. A abrir LinkedIn por la mañana. A seguir cuentas de gente que vende lo mismo que tú pero parece que le va mejor. A calcular mentalmente cuánto tardarías en llegar donde ellos están. A sentir que cada mes que no llegas a esa cifra es un mes perdido.
Y dejaste de mirar tus propios números. Dejaste de celebrar tus propias ventas. Dejaste de ver que hace un año no tenías ni un producto y ahora tienes tres. Que hace seis meses no tenías lista de email y ahora tienes 200 personas que quieren leerte.
200 personas reales frente a un número de LinkedIn que no sabes si es verdad.
La trampa del "debería ir más rápido"
Esto es lo que realmente te jode. No que otro facture más. Eso en el fondo te da igual. Lo que te destroza es la sensación de que deberías ir más rápido. De que llevas demasiado tiempo para lo poco que has conseguido. De que otros lo hicieron en seis meses y tú llevas tres años.
Pero ¿tres años haciendo qué? Aprendiendo. Equivocándote. Descubriendo que puedes tener 700.000 visitas y no vender nada y seguir aquí. Construyendo algo que se sostiene porque lo has construido tú, ladrillo a ladrillo, no porque un algoritmo te regaló un viral.
La velocidad es una métrica inútil si no sabes a dónde vas. Puedes ir muy rápido en la dirección equivocada. Y mucha gente que "factura 100k" está exactamente ahí: corriendo muy rápido hacia un muro que todavía no ve.
No necesitas facturar 100k. Necesitas dejar de mirar
Suena simplista. No lo es.
Cada minuto que pasas comparándote es un minuto que no estás trabajando en tu negocio. Cada scroll de LinkedIn que te hunde es energía que podrías estar usando en escribir ese email, grabar ese vídeo, mejorar ese producto.
La comparación no te motiva. Te paraliza. Te hace cuestionar decisiones que eran correctas. Te hace cambiar de estrategia cada dos semanas porque "fulanito hace webinars y le funciona" y "menganita usa TikTok y le va bien". Y acabas sin estrategia propia. Copiando trozos de la estrategia de otros que ni siquiera entiendes.
Mi motivación no es un tablero de sueños, es un recuerdo que no se va
Búscalo. Y deja de mirar lo de fuera.
El antídoto es aburrido y funciona
Cierra LinkedIn. Abre tu hoja de cálculo. Mira lo que has hecho este mes. No lo que ha hecho otro. Lo que has hecho tú.
¿Has vendido algo? Bien. ¿Has aprendido algo? También bien. ¿Has sobrevivido otro mes sin volver a un trabajo que odiabas? Eso ya es más de lo que el 90% se atreve a intentar.
Tu negocio no necesita ir a la velocidad de LinkedIn. Necesita ir a la tuya. Y tu velocidad, con tus circunstancias, con tu contexto, con lo que tienes, está perfectamente bien.
Aunque no quepa en un carrusel.
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