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Shakira y TDAH: 5 idiomas, 3 reinvenciones y un cerebro insaciable

Shakira habla 5 idiomas, cambia de estilo cada década y fundó una ONG a los 18. Su cerebro tiene todos los rasgos de uno que no sabe estarse quieto.

tdahfamosos

Shakira habla cinco idiomas. Compone. Produce. Baila como si su columna vertebral fuera opcional. Monta una fundación educativa a los 18 años. Pasa de rock latino a pop global a reggaetón como quien cambia de pestaña en el navegador.

Y encima se sienta en un jurado de televisión y parece la persona más calmada de la sala.

Vamos a rascar un poco debajo de esa superficie.

¿Qué clase de cerebro necesita hablar cinco idiomas?

Español, inglés, portugués, italiano, catalán. Y algo de árabe y francés para rematar. Shakira no habla cinco idiomas porque sea una empollona de academia. Los ha ido aprendiendo por inmersión, por necesidad, por curiosidad que no se apaga.

El multilingismo a ese nivel no es solo inteligencia. Es un cerebro que necesita novedad como otros necesitan café por la mañana. Aprender un idioma nuevo es una fuente brutal de estimulación. Cada palabra es un puzzle. Cada conversación es un reto. Cada idioma abre una puerta a un mundo entero de estímulos nuevos.

Y cuando dominas uno, el cerebro dice "vale, siguiente".

Eso, en una charla de coaching, se llama "sed de aprendizaje". En una consulta de neurología, se llama otra cosa.

Shakira no tiene un diagnóstico público de TDAH. Eso hay que decirlo claro. Pero cuando coges la lista de rasgos que definen un cerebro con déficit de atención y los pones al lado de su biografía, las coincidencias se acumulan como un atasco en la M-30 a las ocho de la mañana.

¿Reinvención artística o cerebro que se aburre del éxito?

La Shakira de los noventa hacía rock latino. "Pies Descalzos" y "Dónde Están los Ladrones" la convirtieron en estrella en Latinoamérica. Funcionaba. Vendía millones. La crítica la adoraba. Cualquier persona con dos dedos de frente se habría quedado ahí.

Ella no pudo.

Se fue al pop global. "Whenever, Wherever" fue el primer single en inglés y vendió como si no hubiera mañana. Cambio total de sonido, de imagen, de mercado. De cantar en español para Latinoamérica a competir en inglés contra Britney y Christina.

Y cuando eso ya funcionaba, se metió en el reggaetón. "Hips Don't Lie", colaboraciones con Bizarrap, un sonido completamente diferente cada vez.

Es el mismo patrón que David Bowie. Ziggy Stardust, Aladdin Sane, el Thin White Duke. Cada álbum un personaje nuevo. Cada década una artista diferente. La incapacidad de quedarse en lo que funciona porque lo que funciona ya no estimula.

Y como pasa con Lady Gaga, la reinvención no es un capricho de marketing. Es un cerebro que necesita construir algo nuevo cuando lo anterior deja de encender la chispa. Da igual que lo anterior te haya hecho millonaria. Si ya no hay chispa, no hay forma de quedarse.

La explosión post-ruptura: hiperfoco en estado puro

En 2022, Shakira se separa de Piqué. Y lo que pasa después es un caso de estudio de lo que ocurre cuando un cerebro que necesita estímulos recibe una descarga emocional de alto voltaje.

La BZRP Music Session #53. Más de 700 millones de reproducciones. Una canción escrita desde las tripas, producida con Bizarrap en lo que parecía una sesión de terapia convertida en hit global. "Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan."

No fue solo una canción de despecho. Fue un hiperfoco canalizado con la precisión de un cirujano. Cada línea calculada. Cada referencia colocada donde dolía. Cada verso diseñado para ser un titular. En un momento en el que cualquier persona estaría hundida en el sofá comiendo helado, Shakira estaba en un estudio convirtiendo su dolor en la canción más escuchada del año.

Eso no es fortaleza motivacional de libro de autoayuda. Eso es lo que pasa cuando un cerebro de alta intensidad recibe un estímulo emocional tan fuerte que toda la energía se canaliza en una sola dirección. El hiperfoco no elige el momento. Aparece cuando hay algo lo suficientemente intenso como para activarlo. Y una ruptura pública con el padre de tus hijos es bastante intenso.

La fundación a los 18: cuando la hiperactividad tiene corazón

Aquí viene la parte que la gente suele pasar por alto.

Shakira fundó Pies Descalzos a los 18 años. Dieciocho. Cuando la mayoría de la gente a esa edad está intentando que no le suspendan más de tres asignaturas, ella estaba montando una fundación educativa para niños en Colombia.

Y no era una fundación de cartón para lavar imagen. Pies Descalzos ha construido escuelas. Ha escolarizado a miles de niños en zonas de conflicto. Ha trabajado con UNICEF. Lleva activa más de 25 años.

Eso requiere una energía sostenida que no encaja con la imagen de "artista dispersa". Pero sí encaja con un cerebro que cuando se engancha a algo con carga emocional fuerte, no lo suelta. Los niños de Barranquilla no son un hobby. Son un hiperfoco que lleva décadas activo porque toca algo profundo.

Es como Michael Phelps con la piscina. Cuando el estímulo conecta con algo visceral, la constancia aparece como por arte de magia. No es disciplina. Es que tu cerebro ha encontrado algo que le importa lo suficiente como para no aburrirse.

El patrón que nadie nombra

Multilingismo. Reinvención constante. Intensidad creativa en picos brutales. Una fundación que nace de un impulso a los 18 años y sigue viva dos décadas después. Capacidad de canalizar el dolor en producción a una velocidad que asusta. Necesidad de novedad en cada fase de su carrera.

Todo esto, junto, dibuja un patrón que en un aula se llama "niña que no para quieta" y en un escenario mundial se llama "genio artístico".

Pero son el mismo cerebro.

Shakira no ha hablado de TDAH. Puede que nunca lo haga. Puede que no lo tenga. Pero su forma de existir en el mundo es tan compatible con los rasgos de un cerebro que necesita intensidad constante que ignorarlo sería casi negligente.

¿Qué nos dice esto sobre la dispersión?

Que saltar de idioma en idioma, de estilo en estilo, de proyecto en proyecto, no siempre es falta de foco. A veces es un cerebro que necesita más estímulos de los que una sola cosa puede darle. Y que cuando esos estímulos se canalizan bien, el resultado no es caos. Es una carrera de tres décadas, 80 millones de discos vendidos y una canción de despecho que rompe internet.

Lo que el mundo llama dispersión, a veces es solo un cerebro buscando la siguiente cosa que le haga sentir algo. Y si eso te suena familiar, no estás roto. Estás funcionando con un motor que necesita más gasolina de la que el mundo te ofrece por defecto.

Si al leer esto has pensado "esto me pasa a mí", puede que merezca la pena dejar de adivinarlo y empezar a entenderlo. He construido un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales.

Hacer el test de TDAH

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