¿Tenía Lady Gaga TDAH? La artista que no sabía funcionar a medias
Lady Gaga nunca hizo nada a medias. Vestidos de carne, huevos en los MTV, reinvenciones constantes. ¿Y si todo eso tiene una explicación neurológica?
Lady Gaga se presentó a los MTV Awards dentro de un huevo. Lleva vestidos de carne. Cambia de imagen cada álbum. Y todo eso es mucho menos aleatorio de lo que parece.
Porque cuando lees la lista de cosas que ha hecho Stefani Germanotta desde que apareció en escena, lo primero que piensas es "esta tía está loca". Pero si conoces un poco cómo funciona un cerebro que no sabe ir al 50%, todo empieza a encajar de una forma casi incómoda.
No hay un diagnóstico público de TDAH por parte de Lady Gaga. Eso hay que dejarlo claro. Pero lo que sí hay es un patrón de comportamiento tan reconocible que, si le quitas el nombre y la fama, podrías estar describiendo a cualquier persona con TDAH que ha encontrado su canal.
¿Es Lady Gaga excéntrica o tiene un cerebro que no sabe funcionar a medias?
Vamos a hacer un ejercicio. Olvídate de que es famosa. Olvídate de la carne y del huevo. Mira solo los datos.
Una persona que desde los cuatro años ya tocaba el piano de oído. Que a los trece componía sus propias canciones. Que entró en una de las escuelas de arte más exigentes de Nueva York (la Tisch School of the Arts de la NYU) y la dejó a los diecinueve porque sentía que iba demasiado lento para lo que ella necesitaba.
Una persona que cuando el sistema convencional no le daba suficiente estímulo, se fue a buscársela sola. Tocando en bares de mala muerte del Lower East Side, durmiendo en sofás, escribiendo canciones a las cuatro de la mañana porque su cabeza no paraba.
Eso no es solo ambición. Eso es un cerebro que necesita intensidad para funcionar. Que cuando encuentra el estímulo adecuado, se lanza de cabeza sin mirar atrás. Y que cuando no lo encuentra, se aburre tan rápido que el mundo le parece insoportable.
Si eso no te suena a TDAH, no sé qué te va a sonar.
El patrón de la reinvención compulsiva
Hay algo que Lady Gaga hace que muy poca gente en la industria musical se atreve a hacer. Cada álbum es una persona diferente. Literalmente.
The Fame era pop electrónico con estética de discoteca futurista. Born This Way era rock operístico con iconografía religiosa. Artpop era arte contemporáneo hecho canción. Joanne era country-rock minimalista. Chromatica era electropop bailable. Y de repente aparece en "A Star Is Born" haciendo jazz con Bradley Cooper como si llevara toda la vida en ello.
No es que cambie de estilo. Es que se reconstruye desde cero cada vez.
Y eso, para un cerebro neurotípico, es agotador solo de pensarlo. Pero para un cerebro que necesita novedad constante, que se aburre del mismo estímulo en cuanto lo domina, que necesita sentir que está empezando algo nuevo para mantener la motivación... eso es supervivencia creativa.
Es exactamente lo que le pasaba a David Bowie. Ziggy Stardust, Aladdin Sane, The Thin White Duke, cada álbum era un personaje nuevo, una identidad nueva, un universo nuevo. El mismo patrón. La misma incapacidad de quedarse quieto. La misma necesidad de reinvención como forma de vida.
La intensidad que crea y la intensidad que destruye
Lady Gaga ha hablado abiertamente de su salud mental. Fibromialgia, ansiedad, depresión, PTSD. Ha contado que hay temporadas donde el dolor físico y emocional es tan intenso que no puede salir de la cama.
Y al mismo tiempo, es la misma persona que sube a un escenario del Super Bowl y hace una actuación que te deja con la boca abierta.
Esa dualidad no es contradictoria. Es profundamente coherente con cómo funciona un cerebro de alta intensidad emocional. La misma sensibilidad que te permite escribir "Til It Happens to You" (una canción sobre agresión sexual que te destroza por dentro) es la que te deja tirado en el sofá un martes sin razón aparente.
No puedes quedarte con la parte espectacular y obviar la otra. Son el mismo cerebro. La misma frecuencia, a veces sintonizada en crear algo brutal, a veces sintonizada en sufrimiento puro.
Es lo mismo que pasa con Billie Eilish. La hipersensibilidad que genera arte capaz de mover a millones es la que te puede hundir un día cualquiera. No son dos cosas separadas. Es una.
¿Por qué el escenario funciona como medicación?
Hay algo fascinante en Lady Gaga. En las entrevistas fuera de escenario a veces parece vulnerable, perdida, como si le costara estar en su propia piel. Pero en el momento en que pisa un escenario, algo cambia. Se transforma. La energía, la presencia, el control absoluto.
Eso tiene nombre. Se llama regulación por estímulo externo.
Un cerebro que tiene problemas para generar la cantidad suficiente de dopamina por sí solo encuentra en el escenario una fuente de estimulación tan potente que de repente todo funciona. La atención se enfoca. La energía se canaliza. El ruido interno desaparece.
Lo que nadie dice sobre la productividad salvaje
Lady Gaga ha sacado seis álbumes de estudio, ha protagonizado películas, ha ganado un Oscar, trece Grammys, ha hecho giras mundiales, ha montado una fundación de salud mental, ha lanzado una marca de cosméticos, y ha encontrado tiempo para dar discursos en el Senado de Estados Unidos sobre bullying.
Y tiene 39 años.
La cantidad de output de esta mujer no es normal. Y no lo digo como halago vacío. Lo digo porque ese nivel de producción es lo que pasa cuando un cerebro de alta intensidad encuentra los canales adecuados y el equipo que le permite funcionar.
No es disciplina en el sentido tradicional. No es madrugar a las cinco y seguir una rutina estoica. Es lanzarse en picado a lo que te estimula con una energía que asusta, sacar todo lo que puedas antes de que se acabe el hiperfoco, y luego descansar (o estrellarte) hasta que llega la siguiente ola.
Eso no sale en los artículos de productividad. Pero es cómo funcionan muchos cerebros que el mundo llama "genios excéntricos".
Lo que Lady Gaga demuestra sin proponérselo
Que lo que el mundo llama excentricidad muchas veces es simplemente un cerebro que procesa la realidad con una intensidad que no cabe en los formatos convencionales.
Que la necesidad de reinventarse no es capricho. Es que tu cerebro necesita novedad para seguir funcionando. Y en vez de luchar contra eso, puedes convertirlo en tu mayor ventaja creativa.
Que la misma intensidad que te permite crear cosas extraordinarias es la que te hace sufrir de formas que la mayoría no entiende. Y que reconocer eso, nombrarlo, gestionarlo, no te hace más débil. Te hace alguien que entiende las reglas del juego que le ha tocado.
Lady Gaga no ha hablado públicamente de TDAH. Pero su forma de existir en el mundo es un catálogo vivo de lo que pasa cuando un cerebro de alta intensidad encuentra dónde canalizarse. Y eso, tengas diagnóstico o no, es algo que merece la pena observar.
Si alguna vez has sentido que tu cabeza no sabe funcionar a medias, que cuando algo te interesa te lanzas con una intensidad que asusta y cuando no te interesa no hay forma humana de moverte, puede que no sea un defecto. Puede que solo necesites entender cómo funciona tu cerebro.
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