Kurt Vonnegut: el escritor que no podía contar una historia en línea recta
Vonnegut escribía saltando entre ideas, mezclando humor con tragedia. Su cerebro no funcionaba en línea recta. Y así creó una de las obras más importantes del siglo XX.
Kurt Vonnegut escribía como piensa un cerebro TDAH: saltando de una idea a otra, mezclando humor con tragedia, rompiendo la estructura narrativa porque su mente no funcionaba en línea recta. Y creó una de las obras más importantes del siglo XX.
Abre cualquier libro suyo. Da igual cuál. En la misma página puedes encontrar una reflexión sobre la muerte, un chiste sobre un váter y una frase que se te queda grabada para siempre.
"So it goes."
Así era Vonnegut. Así funcionaba su cabeza. Y eso, que durante décadas se consideró "raro" o "experimental", hoy lo mirarías y dirías: eso es un cerebro que no sabe quedarse quieto en un solo sitio.
¿Por qué Vonnegut no podía escribir como los demás?
Vonnegut no tiene un diagnóstico público de TDAH. Eso hay que decirlo claro. Pero mostraba rasgos que hoy asociaríamos con un cerebro TDAH de manual.
Empecemos por lo obvio: su estilo narrativo.
Un escritor convencional te cuenta una historia de A a B. Planteamiento, nudo, desenlace. Como te enseñaron en el colegio. Vonnegut escribía como si alguien hubiera metido la historia en una batidora y luego intentara reconstruirla de memoria mientras hablaba contigo en un bar.
En Matadero Cinco, su obra maestra, el protagonista viaja en el tiempo sin control. Un momento está en la Segunda Guerra Mundial, al siguiente está en un zoo alienígena en el planeta Tralfamadore, y luego está en su casa viendo la tele. No hay orden cronológico. No hay estructura convencional. Hay saltos constantes.
Y eso no era un recurso literario calculado. Era la única forma en la que Vonnegut podía contar lo que necesitaba contar.
Cuando tu cerebro procesa la realidad de forma no lineal, la narrativa lineal se siente como intentar meter el océano en una botella. No cabe. No funciona. Necesitas otra forma. Y Vonnegut la inventó.
El hombre que no podía quedarse en un solo sitio
Antes de ser escritor, Vonnegut fue soldado. Lo mandaron a Europa en la Segunda Guerra Mundial, lo capturaron los alemanes y lo metieron como prisionero de guerra en Dresde. Sobrevivió al bombardeo de Dresde. Uno de los bombardeos más devastadores de la guerra, que mató a miles de civiles en una sola noche.
Y tardó más de veinte años en poder escribir sobre ello.
Eso ya te dice algo sobre cómo funcionaba su cabeza. La experiencia estaba ahí. El trauma estaba ahí. Pero organizarlo, darle forma, convertirlo en algo que pudiera contarle a otra persona, eso le llevó décadas. Cuando por fin lo hizo, no pudo contarlo en orden. No podía. El resultado fue Matadero Cinco: una novela donde el tiempo se rompe porque la mente del protagonista no puede procesar lo que vivió de forma secuencial.
Antes de conseguir vivir de la escritura, Vonnegut trabajó en relaciones públicas en General Electric. Intentó ser vendedor de coches. Pasó por varios empleos que no terminaban de encajar. Ese patrón de ir saltando entre carreras, probando cosas, sin encontrar el sitio donde tu cerebro funciona, es algo que muchos escritores con TDAH conocen bien.
No era que Vonnegut fuese indeciso. Es que su cerebro necesitaba un entorno donde pudiera funcionar como realmente funcionaba. Y ese entorno resultó ser una máquina de escribir y libertad total para romper las reglas.
El humor como escudo contra el dolor
"So it goes."
Vonnegut repetía esa frase cada vez que alguien moría en Matadero Cinco. Da igual si era un soldado, un civil, o un personaje secundario. Moría alguien. "So it goes." Y seguía.
Eso no es frialdad. Es humor negro como mecanismo de defensa.
El humor fue la herramienta de Vonnegut para sobrevivir. A Dresde. A la depresión (que le acompañó toda la vida). A un mundo que le parecía absurdo y cruel a partes iguales. Si no te ríes, te derrumbas. Y Vonnegut eligió reírse. Pero reírse de la forma más inteligente posible: haciéndote pensar mientras te arrancaba una sonrisa incómoda.
Es parecido a lo que le pasaba a Dostoievski. Cerebros que procesan el mundo con una intensidad emocional fuera de lo normal y encuentran en la escritura la única válvula de escape que funciona. La diferencia es que Dostoievski lo canalizaba en drama puro y Vonnegut lo canalizaba en humor. Pero el motor es el mismo: una cabeza que no puede dejar de sentirlo todo a lo bestia.
Vonnegut pasaba de un chiste absurdo a una reflexión sobre la muerte en el mismo párrafo. Esa alternancia entre humor y profundidad, esa incapacidad de mantener un tono estable, es algo que cualquier persona con TDAH reconoce. Tu cerebro no se queda en una emoción. Salta. Y lo que para otros es incoherencia tonal, para ti es simplemente cómo funciona tu cabeza.
¿Qué tiene que ver Vonnegut con el TDAH que no te han contado?
Pensamiento no lineal. Múltiples carreras antes de encontrar la suya. Humor como escudo. Depresión como compañera constante. Dificultad para encajar en estructuras convencionales. Creatividad que solo aparecía cuando se le daba libertad total.
No es un diagnóstico. Es un patrón.
Vonnegut mostraba rasgos que hoy asociaríamos con un cerebro TDAH. Y lo interesante no es si tenía o no tenía TDAH. Lo interesante es que todo lo que lo hacía "raro" para el mundo literario de su época es exactamente lo que lo convirtió en uno de los escritores más influyentes del siglo XX.
Su estilo fragmentario. Sus saltos temporales. Su incapacidad de contar una historia como se supone que hay que contarla. Eso que cualquier profesor de escritura convencional habría corregido con bolígrafo rojo es lo que hizo que Matadero Cinco sea una obra maestra.
Como F. Scott Fitzgerald, Vonnegut solo podía crear desde el caos. Pero mientras Fitzgerald luchaba contra ese caos, Vonnegut decidió abrazarlo. Lo convirtió en su herramienta principal. Y funcionó.
Lo que Vonnegut te enseña sin querer
Que la forma "correcta" de hacer las cosas no es la única forma.
Que si tu cerebro no puede seguir la línea recta, quizás la línea recta no era para ti. Y quizás lo que crees en un zigzag sin sentido es en realidad una forma diferente de llegar al mismo sitio. O a uno mejor.
Vonnegut tardó años en encontrar su camino. Pasó por la guerra, por trabajos que no le llenaban, por la depresión, por el silencio creativo. Y cuando por fin encontró la forma de contar lo que necesitaba contar, lo hizo rompiendo todas las reglas que le habían dicho que tenía que seguir.
Prolífico pero irregular. Brillante pero caótico. Profundo pero incapaz de mantener la seriedad más de dos párrafos seguidos.
Un cerebro que no funciona en línea recta.
Y que escribió una de las mejores novelas que se han escrito jamás.
Si alguna vez has sentido que tu cabeza funciona dando saltos, que no puedes seguir el camino recto que los demás parecen recorrer sin esfuerzo, quizás no es que estés roto. Quizás tu cerebro simplemente funciona de otra forma. Y el primer paso para usarlo a tu favor es entender cómo funciona.
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