El hiperfoco de Michael Phelps: nadar 80.000 metros a la semana
Phelps no faltó ni un día al agua en 5 años. No era disciplina. Era hiperfoco TDAH. La misma fuerza que a ti te atrapa en otra cosa.
80.000 metros a la semana.
Léelo otra vez. Ochenta mil metros. Cada semana. Durante años.
Eso es lo que nadaba Michael Phelps en sus entrenamientos. Para que te hagas una idea, equivale a nadar casi dos maratones al día. Todos los días. Sin descanso. Sin excepciones. Ni en Navidad, ni en su cumpleaños, ni cuando llovía, ni cuando no le apetecía.
Cinco años seguidos sin faltar un solo día.
Y la gente lo llama disciplina.
¿Disciplina o hiperfoco?
Mira, la disciplina es cuando no te apetece ir al gimnasio y vas. Cuando la alarma suena a las seis y te levantas aunque tu cuerpo te pida diez minutos más. Eso es disciplina. Es incómodo, pero manejable.
Lo de Phelps no era eso.
Lo de Phelps era no poder parar. Era meterse en el agua y que el mundo exterior dejara de existir. Era una concentración tan brutal que sus entrenadores decían que podías gritarle desde el borde de la piscina y no te oía. No porque no quisiera. Porque no estaba ahí. Estaba dentro de su cabeza, contando brazadas, sintiendo el agua, recalibrando cada milímetro de su técnica.
Eso no es disciplina. Eso es hiperfoco.
Y el hiperfoco tiene una letra pequeña que casi nadie lee.
El contrato que no firmaste
Michael Phelps tiene TDAH diagnosticado. Lo ha contado en entrevistas, en su biografía, en charlas. Le diagnosticaron de niño. Y como pasa muchas veces, lo que en clase era un desastre, en el agua era un superpoder.
Pero llamarlo superpoder es simplificar demasiado.
Porque el hiperfoco no es algo que eliges. No es una herramienta que sacas del cajón cuando te conviene. Es más bien como un tractor que te engancha y te arrastra. A veces te arrastra hacia algo útil. A veces te arrastra hacia un agujero de YouTube de tres horas sobre la historia de los semáforos.
A Phelps le arrastró a la piscina. Y eso le dio 23 medallas de oro olímpicas. Pero fuera del agua, su vida era un caos. Depresión. Ansiedad. Problemas con el alcohol. Momentos en los que pensó en no seguir. Él mismo lo ha dicho.
El hiperfoco no es un superpoder que controlas. Es un contrato que no firmaste. Te da una concentración sobrehumana en una cosa. Y a cambio, te cobra en todo lo demás.
¿Y qué tiene que ver Phelps contigo?
Mucho más de lo que piensas.
Puede que tú no nades 80.000 metros a la semana. Pero seguro que conoces esa sensación. Esa cosa que te atrapa y te hace perder la noción del tiempo. Que empezaste a las diez de la noche y de repente son las cuatro de la mañana. Que no puedes soltar aunque tengas otras cosas urgentes esperando.
A lo mejor es un proyecto. A lo mejor es un videojuego. A lo mejor es investigar un tema hasta que has leído cada artículo que existe en internet sobre él. A lo mejor es algo que ni siquiera te importa demasiado, pero que tu cerebro ha decidido que ahora eso es lo único que existe en el universo.
Y mientras estás ahí dentro, todo fluye. No hay esfuerzo. No hay resistencia. Solo tú y la cosa. Como Phelps en el agua.
El problema no es el hiperfoco en sí. El problema es que no elige cuándo aparece ni hacia dónde apunta. Phelps tuvo suerte. Su hiperfoco eligió algo que podía convertirse en una carrera olímpica. Pero hay mucha gente con TDAH cuyo hiperfoco elige cosas que no pagan facturas. Y eso no los hace menos válidos. Solo significa que su tractor tira hacia otro sitio.
La trampa del "solo tienes que encontrar tu pasión"
Esta es la frase que más daño hace.
Porque implica que si no has encontrado tu versión de la piscina de Phelps, es porque no has buscado lo suficiente. Y no es así. El hiperfoco no es pasión. La pasión es algo que cultivas. El hiperfoco es algo que te ocurre. A veces se alinea con algo productivo. A veces no.
Y cuando no se alinea, te quedas con la peor parte: esa capacidad brutal de empezar cosas y no terminarlas. De arrancar proyectos con una energía descomunal y abandonarlos tres semanas después cuando tu cerebro decide que ya no son interesantes. De sentir que tienes el motor de un Ferrari pero el volante de un carrito de supermercado.
Phelps encontró su piscina a los 7 años. Pero lo que nunca cuentan es que tuvo un entrenador que entendió cómo funcionaba su cerebro. Bob Bowman no le decía "concéntrate más". Le daba estructura. Rutinas. Un entorno donde el hiperfoco pudiera desplegarse sin destruirlo todo alrededor.
Eso es lo que la mayoría de personas con TDAH necesitan. No motivación. Estructura. Un entorno que juegue a su favor en vez de en su contra.
80.000 metros no se nadan con fuerza de voluntad
Esto es lo que me fastidia cuando la gente usa a Phelps como ejemplo de "si quieres, puedes".
Phelps no nadaba 80.000 metros a la semana porque quisiera. Los nadaba porque no podía no nadarlos. Porque su cerebro necesitaba esa dosis masiva de dopamina que el deporte le daba y que no encontraba en ningún otro sitio. La piscina era su regulador emocional. Su ansiolítico natural. Su forma de existir sin que el ruido interior le comiera vivo.
Cuando dejó de competir después de los Juegos de 2012, cayó en la peor depresión de su vida. Porque le habían quitado lo único que mantenía su cerebro en orden. Sin la piscina, el hiperfoco no tenía dónde ir. Y un hiperfoco sin dirección es como un incendio sin chimenea.
Volvió. Se metió otra vez en el agua. Ganó cinco oros más en Río 2016.
No porque fuera disciplinado. Porque lo necesitaba como respirar.
¿A ti qué te atrapa?
Si tienes TDAH, ya sabes de qué hablo. Esa fuerza que te absorbe. Que a veces es tu mejor aliada y a veces tu peor enemiga. Que te hace capaz de cosas que otros no entienden, pero también te deja tirado cuando decide que hoy no le apetece colaborar.
No necesitas nadar 80.000 metros. Pero sí necesitas entender cómo funciona tu cerebro. Qué lo enciende. Qué lo apaga. Qué condiciones necesita para que el hiperfoco trabaje a tu favor y no te arrastre hacia el agujero equivocado.
Phelps tardó años en entenderlo. Y tenía un equipo entero ayudándole.
Tú puedes empezar por saber dónde estás.
He construido un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico, pero en 10 minutos te da más contexto sobre cómo funciona tu cabeza que años de decirte "es que soy así".
Sigue leyendo
La procrastinación de Darwin: 20 años para publicar su mayor obra
Darwin tardó 20 años en publicar El Origen de las Especies. No era vago. Era procrastinación TDAH en estado puro. Esto te va a sonar.
Jim Carrey: el niño hiperactivo que se convirtió en el mejor cómico del mundo
Jim Carrey tiene TDAH diagnosticado. Su hiperactividad de niño casi le expulsa del colegio. Luego le hizo el cómico más grande del planeta.
Dalí vs Picasso: dos artistas españoles, dos cerebros imposibles
Dalí pintaba lo que veía al dormirse. Picasso reinventaba su estilo cada década. Dos españoles, dos genios, dos cerebros que no funcionaban como se esperaba.
Por qué me identifico con Phelps (y tú probablemente también)
Phelps tenía 9 años cuando le dijeron que nunca se concentraría. Tenía TDAH y una piscina. Yo tenía TDAH y un portátil. La historia me suena demasiado.