El sesgo del superviviente en el TDAH: no todos llegan a ser famosos
Por cada Einstein con TDAH hay miles que no triunfaron. El sesgo del superviviente nos hace creer que el TDAH es un superpoder. No lo es, y esto importa.
Hay una lista que circula por internet y que a estas alturas ya te la sabes de memoria.
Einstein. Darwin. Tesla. Da Vinci. Mozart. Phelps. Simone Biles. Justin Timberlake.
La lista de famosos con TDAH que triunfaron, que cambiaron el mundo, que demostraron que este cerebro caótico puede hacer cosas increíbles.
Y es cierta. Esos nombres son reales. Esos logros son reales.
El problema es lo que esa lista te hace creer sin decírtelo.
¿Qué es el sesgo del superviviente?
Es un fallo cognitivo muy humano. Muy predecible. Y muy difícil de ver cuando te afecta.
Funciona así: solo vemos a los que llegaron. A los que sobrevivieron. A los que triunfaron. Y a partir de ellos construimos una narrativa sobre por qué triunfaron.
El ejemplo clásico es el de los aviones en la Segunda Guerra Mundial. Los ingenieros estudiaban los aviones que volvían de las misiones y marcaban dónde tenían los impactos de bala. La conclusión parecía obvia: refuerza esas zonas.
Pero un estadístico llamado Abraham Wald les señaló algo que se les había escapado: estaban estudiando solo los aviones que habían vuelto. Los que tenían impactos en esas zonas habían sobrevivido. Los que tenían impactos en otras zonas, los motores por ejemplo, no habían vuelto para contarlo.
Estaban mirando los datos del superviviente. No los datos completos.
Con el TDAH pasa exactamente lo mismo.
La lista que nadie hace
Vemos a Einstein y pensamos: TDAH igual a genio incomprendido que acaba cambiando el mundo.
Pero nadie hace la otra lista.
La lista de los adultos con TDAH sin diagnosticar que llevan cuarenta años creyendo que son vagos, que no valen, que se les va la olla sin remedio.
La lista de los adolescentes que abandonaron el instituto porque el sistema no estaba diseñado para ellos y nadie les ayudó a encontrar la manera de adaptarse.
La lista de los emprendedores que montaron tres negocios seguidos, los tres hundidos, no por falta de ideas sino por la incapacidad de gestionar el aburrimiento cuando el proyecto deja de ser nuevo.
La lista de las personas que llegaron al burnout a los treinta y tantos porque compensaron toda su vida con un esfuerzo brutal que el resto no necesitaba hacer.
Esa lista existe. Es enorme. Mucho más grande que la de los famosos.
Y nadie la comparte en Instagram con tipografía bonita sobre fondo negro.
Por qué el TDAH no es un superpoder
Llevo un tiempo en este espacio y he tenido que decirlo más veces de las que me gustaría: el TDAH no es un superpoder.
Lo entiendo. La narrativa del superpoder tiene buenas intenciones. Quiere combatir el estigma. Quiere que los recién diagnosticados no se hundan. Quiere ser esperanzadora.
Pero miente. Y mentir con buenas intenciones sigue siendo mentir.
El TDAH es un cerebro que funciona diferente. Con ventajas en ciertos contextos. Con dificultades enormes en otros. Con un coste invisible que muchos pagamos durante años antes de entender por qué la vida nos costaba el doble que a los demás.
Llamarle superpoder romantiza el problema.
Y romantizar el problema hace que la gente no busque ayuda. Porque si es un superpoder, no hay nada que resolver, ¿no? Solo hay que esperar a que emerja tu genio interior.
Pues no. No funciona así.
El problema real de mirar solo los éxitos
Cuando le dices a alguien recién diagnosticado "mira, Einstein también tenía TDAH", ¿qué le estás diciendo exactamente?
Le estás diciendo: esto que tienes, en manos correctas, produce genios.
Y si tú no eres Einstein, si llevas años peleando con el caos y sintiéndote un fracasado, la conclusión que saca sin que nadie se la diga es devastadora: tengo el mismo cerebro que Einstein y no he hecho nada con él. Soy un fracaso incluso en eso.
El sesgo del superviviente en el TDAH no solo distorsiona la narrativa. Puede hacer daño real.
Puede retrasar el diagnóstico. Puede dificultar que alguien busque tratamiento porque cree que su cerebro debería ser capaz de solo. Puede generar una culpa nueva y más cruel: la culpa de no haber aprovechado tu superpoder.
El TDAH tampoco es una condena
Ahora bien.
Tampoco voy a irme al otro extremo y decirte que el TDAH es una tragedia y que estás condenado.
Porque eso también sería mentira.
El TDAH es un cerebro que necesita entenderse. Que necesita estrategias. Que necesita, en muchos casos, tratamiento. Que necesita un entorno adaptado y, sobre todo, información real sobre cómo funciona.
No eres Einstein. No tienes que serlo. Pero tampoco estás roto.
Lo que sí tienes es un cerebro que funciona con reglas distintas a las que el sistema escolar y laboral tiene por defecto. Y eso hace que muchas cosas cuesten más. Y que otras, en cambio, vengan de manera sorprendentemente natural.
La clave no es romantizarlo ni dramatizarlo. La clave es entenderlo.
Si te identificas con Phelps porque también nadas obsesivamente hacia un objetivo concreto, perfecto. Pero si te identificas con Phelps y resulta que no tienes ni estructura, ni entrenador, ni un entorno que te apoye, la comparación no te va a ayudar en nada. De hecho, puedes leer más sobre eso en el post sobre identificarme con Phelps y el TDAH, donde entro en detalle en por qué las comparaciones con famosos pueden ser un arma de doble filo.
La trampa del diagnóstico retrospectivo
Hay otro problema con estas listas de famosos con TDAH.
Muchos de ellos llevan siglos muertos y nadie les diagnosticó nada. Somos nosotros, desde aquí, quienes proyectamos el diagnóstico sobre sus comportamientos, su historia, su obra.
Es decir, vemos que Einstein era despistado, que tardó en hablar, que no encajaba en el sistema educativo de su época, y decimos: ah, claro, TDAH.
Puede ser. Pero puede que no. Y ese nivel de incertidumbre es importante reconocerlo.
He escrito sobre esto en el post sobre diagnosticar famosos muertos y el TDAH, porque es un territorio donde conviene pisar con cuidado. Un diagnóstico retroactivo desde el siglo XXI con cuatro datos biográficos no es medicina. Es especulación con buenas intenciones.
Y a veces, como en el caso de varios nombres que aparecen constantemente en estas listas, la especulación está directamente equivocada. Algunos de los famosos que más se asocian al TDAH probablemente no lo tenían. Lo explico en el post sobre famosos que en realidad no tenían TDAH.
Lo que sí puedes hacer con esta información
Si tienes TDAH, o sospechas que puedes tenerlo, hay algo más útil que memorizar la lista de famosos.
Entender cómo funciona tu cerebro de verdad, sin la capa de romantización y sin la capa de estigma.
Ver qué estrategias existen. Qué tipo de entornos te funcionan. Si el tratamiento farmacológico es una opción para ti. Qué hace que tu atención aparezca y qué la hace desaparecer.
Eso es lo que mueve la aguja. No saber que Edison también era un poco caótico.
Y si todavía no sabes si tienes TDAH, el primer paso es entender cómo se manifiesta en adultos. Porque el TDAH del adulto no siempre se parece al niño hiperactivo que todos tienen en la cabeza.
Si quieres empezar por ahí, tengo un test que puede darte un punto de partida. No es un diagnóstico, que conste. Pero sí es una manera de empezar a entender tu cerebro con algo más de información.
Porque lo que necesitas no es saber si eres el próximo Einstein.
Lo que necesitas es entenderte a ti.
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