Greg LeMond: TDAH, ciclismo y 3 Tours de Francia
Greg LeMond fue el primer americano en ganar el Tour de Francia. Lo hizo tres veces. Con TDAH diagnosticado. Y después de que su cuñado le pegara un tiro.
Imagínate que te pegan un tiro.
No en una guerra. No en un atraco. Tu cuñado, de caza, por accidente. Te quedan 37 perdigones en el cuerpo. Uno a medio centímetro del corazón. Los médicos dicen que sobrevivir fue un milagro.
Y tú vuelves dos años después a ganar el Tour de Francia.
Eso es Greg LeMond. Y tiene TDAH.
¿Quién es Greg LeMond?
Si no sabes quién es, lo entiendo. El ciclismo no es exactamente el deporte rey en España, y LeMond es americano, lo cual lo hace doblemente exótico en este contexto.
Pero este tío cambió el ciclismo para siempre.
Greg LeMond fue el primer ciclista no europeo en ganar el Tour de Francia. Lo hizo en 1986, con 25 años. Repitió en 1989 y en 1990. Tres Tours. En una época en la que el pelotón europeo consideraba que los americanos no tenían nada que hacer en esas carreteras.
Era como si un tío de Teruel llegara a la NFL y marcara touchdowns tres temporadas seguidas.
¿Qué tiene que ver el TDAH?
LeMond tiene TDAH diagnosticado. Lo ha confirmado él mismo en varias entrevistas a lo largo de los años, sobre todo cuando empezó a hablar con más apertura sobre su vida mental y emocional.
Y cuando escuchas cómo describe su cabeza, el patrón es el de siempre: energía que no para, incapacidad para estar quieto, necesidad constante de estímulo, dificultad para seguir rutinas rígidas.
Traducción libre: el cerebro de alguien con TDAH en un cuerpo diseñado para resistencia extrema es una combinación bastante brutal.
El ciclismo de alto nivel es, paradójicamente, uno de los deportes donde ese cerebro puede brillar. No porque sea fácil de gestionar. Sino porque el sufrimiento físico actúa como regulador neurológico. Cuando estás a 200 pulsaciones subiendo un puerto de montaña, tu cerebro hiperactivo ya no tiene ancho de banda para ir a mil sitios a la vez.
Focaliza. Por fin.
Si te suena ese mecanismo, te recomiendo leer sobre el cerebro hiperactivo en el deporte. Hay algo ahí que no es casualidad.
El tiro que no lo mató
En 1987, LeMond estaba en la cima del mundo. Había ganado su primer Tour. El futuro pintaba absurdamente bien.
Y entonces su cuñado lo confundió con un pavo durante una cacería en California.
Le disparó a quemarropa con una escopeta. LeMond recibió 37 perdigones en el cuerpo. Dos en el revestimiento del corazón. Uno en la columna. Perdió el 65% de su sangre. Tardó 20 minutos en llegar a un hospital en helicóptero. Los médicos dijeron que si tardaban otros cinco minutos en operarle, no lo contaba.
Sobrevivió.
Pero su carrera, en teoría, había terminado.
Dos años después, en 1989, Greg LeMond volvió al Tour de Francia.
No solo volvió. Ganó.
Con una diferencia de ocho segundos sobre Laurent Fignon en la contrarreloj final. Ocho segundos en tres semanas de carrera. La victoria más ajustada en la historia del Tour hasta ese momento.
¿Cómo se vuelve de algo así?
Esta es la pregunta que no tiene respuesta sencilla.
Pero si lo pienso desde el ángulo del TDAH, hay algo que encaja.
Las personas con TDAH tenemos una relación extraña con el riesgo y la recuperación. Por un lado, el miedo al fracaso es real y a veces paralizante. Por otro, cuando ya has tocado fondo, cuando ya no tienes nada que perder, el cerebro TDAH puede activar un modo de hiperfoco que resulta casi incomprensible desde fuera.
LeMond no se recuperó gracias al TDAH. Pero es probable que su forma de afrontar la adversidad, esa energía que no se apaga aunque todo indique que debería, tenga mucho que ver con cómo está cableado su cerebro.
No es motivación de póster de empresa. Es biología.
La competitividad que no se apaga
Uno de los rasgos más documentados del TDAH en atletas de élite es la competitividad extrema. No la competitividad sana y controlada. La otra. La que te hace imposible aceptar una derrota. La que te tiene dando vueltas en la cama repasando lo que podrías haber hecho diferente.
LeMond era así. Sus compañeros de equipo lo describían como alguien que no sabía desconectar. Que competía en los entrenamientos como si fuera la última etapa del Tour. Que discutía con directores, con mecánicos, con cualquiera que se pusiera delante si creía que tenía razón.
Eso tiene un coste. También tiene un rendimiento.
Es el mismo patrón que ves en otros deportistas con TDAH: la intensidad que te lleva al podio es la misma que complica las relaciones y hace que te quemes.
No es una coincidencia. Es un rasgo de este tipo de cerebro.
Lo que LeMond demuestra
LeMond ganó tres Tours de Francia. El primero como favorito. El segundo después de un disparo que casi lo mata. El tercero como confirmación de que lo anterior no fue un accidente.
Tiene TDAH. Lo ha confirmado. Y no lo menciona como excusa ni como logro. Lo menciona como parte de quién es.
Eso es lo que me interesa de estos perfiles, más allá de las medallas.
No el mensaje de "mira, alguien con TDAH triunfó, tú también puedes". Ese mensaje me parece bastante vacío.
Lo que me interesa es ver cómo funciona ese cerebro en condiciones extremas. Qué le permite hacer que otros no pueden. Y qué le cuesta el doble que a los demás.
Porque el TDAH no es un superpoder. Es un sistema operativo distinto. Con funcionalidades que en los contextos correctos son una ventaja enorme, y con limitaciones que en los contextos equivocados son una catástrofe.
LeMond encontró el contexto correcto. Una bicicleta, una montaña y una meta.
¿Tienes tú ese cerebro?
Si mientras lees esto piensas "oye, eso de la energía que no para me suena mucho", igual vale la pena que te hagas el test.
No para autodiagnosticarte. No para ponerte una etiqueta. Sino para entender un poco mejor cómo funciona tu cabeza.
Son menos de diez minutos. Y probablemente te explique cosas que llevas años sin entender de ti mismo.
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