Noradrenalina y TDAH: la otra hormona que tu cerebro necesita
Todo el mundo habla de dopamina, pero nadie habla de noradrenalina y TDAH. Es la que regula tu alerta, tu foco y tu energía. Y tu cerebro tampoco produce suficiente.
Todo el mundo habla de dopamina cuando habla de TDAH.
Y tiene sentido, porque la dopamina es la estrella. La que da motivación, la que busca recompensas, la que tu cerebro produce fatal y por eso funciona como funciona. Pero hay otra hormona que nadie menciona. Una que trabaja en segundo plano y que, cuando falla, lo notas en todo.
La noradrenalina.
Si alguna vez has sentido que tu cerebro no puede arrancar aunque quieras, que estás despierto pero no estás presente, que tienes energía física pero mentalmente parece que te han puesto a media potencia... es posible que sea esto.
¿Qué hace la noradrenalina exactamente?
Antes de entrar en el TDAH, hay que entender para qué sirve.
La noradrenalina es un neurotransmisor y una hormona a la vez. Se produce en el cerebro y en las glándulas suprarrenales. Y su función principal es la de poner al cuerpo y la mente en modo alerta.
Cuando algo importante pasa, la noradrenalina sube. Tu atención se afila. Tu capacidad de respuesta aumenta. Puedes actuar con rapidez y precisión. Es lo que te hace funcionar bien bajo presión, lo que te mantiene despierto cuando necesitas estarlo, lo que regula el filtro que separa lo importante de lo irrelevante.
Dicho de otra manera: la dopamina te da el "quiero hacerlo". La noradrenalina te da el "puedo hacerlo ahora mismo, con foco, sin que me interrumpa cualquier cosa que pase a mi alrededor".
Las dos tienen que funcionar. Y en un cerebro con TDAH, las dos están por los suelos.
Por qué tu cerebro con TDAH la produce mal
Si has leído algo sobre cómo funciona el cerebro con TDAH, sabes que el problema no es de actitud ni de esfuerzo. Es de química.
El TDAH afecta específicamente a los circuitos del córtex prefrontal. Esa zona del cerebro que gestiona la atención, el control de impulsos, la planificación y la memoria de trabajo. Y resulta que esa zona depende enormemente de dos neurotransmisores: dopamina y noradrenalina.
Cuando los niveles de noradrenalina son bajos, el córtex prefrontal no recibe la señal que necesita para mantenerse activo. Es como tener un ordenador con poca RAM. Técnicamente arranca. Técnicamente funciona. Pero va lento, se cuelga en el momento menos esperado, y cualquier proceso de más le hace perder el hilo de lo que estaba haciendo.
Y aquí viene lo que a mucha gente le explota la cabeza: el nivel "óptimo" de noradrenalina es una ventana muy estrecha. Muy poco y no puedes concentrarte. Demasiado y te pones ansioso, nervioso, hiperactivado. Tu cerebro con TDAH tiene una dificultad brutal para quedarse en ese punto medio donde todo funciona bien.
Los síntomas que no sabías que eran de noradrenalina
Cuando la gente piensa en TDAH, piensa en distracción y en hiperactividad. Pero hay síntomas que son específicamente de la noradrenalina que a menudo se atribuyen a otras cosas.
El primero es la dificultad para filtrar el ruido. No el ruido físico solamente, aunque también. Me refiero al ruido mental. Esa incapacidad para silenciar los pensamientos que no tienen nada que ver con lo que intentas hacer. El cerebro recibe miles de inputs y no sabe cuáles ignorar, porque la noradrenalina es parte del sistema de filtrado. Sin ella, todo llega con la misma urgencia.
El segundo es la alerta variable. Hay momentos en los que estás hiperfocado y completamente presente, y momentos en los que estás despierto pero no estás ahí. La noradrenalina regula ese nivel de activación. Cuando no se produce bien, el cerebro oscila entre demasiado activado y demasiado plano, sin término medio estable.
El tercero, y este es el que más me costó entender, es la reactividad emocional. La noradrenalina también juega un papel en cómo el cerebro procesa las señales de amenaza. Cuando sus niveles son inestables, cualquier cosa puede activar una respuesta de estrés desproporcionada. Eso explica en parte por qué con TDAH las emociones se sienten tan intensas, tan inmediatas, y tan difíciles de calmar una vez que arrancan.
Si alguna vez has sentido que tu respuesta emocional está conectada directamente a la corriente sin pasar por ningún filtro, esto tiene algo que ver.
La conexión con la medicación
Aquí es donde todo cuadra.
Cuando hablas de medicación para el TDAH
Los estimulantes, como el metilfenidato o la lisdexanfetamina, también aumentan la noradrenalina. Actúan sobre los dos sistemas a la vez. Por eso cuando la medicación funciona bien, no solo te sientes más motivado. Te sientes más presente, con la cabeza más despejada, capaz de priorizar sin que todo tenga la misma urgencia de emergencia.
Y hay medicamentos no estimulantes, como la atomoxetina, que actúan específicamente sobre la noradrenalina. No tocan la dopamina de la misma manera. Esto explica por qué para algunas personas funcionan mejor que los estimulantes, y para otras no tanto. Los cerebros son distintos, los perfiles de déficit son distintos, y lo que equilibra uno puede no equilibrar el otro.
No lo cuento para que te automediques. Lo cuento porque entender qué está pasando en tu cabeza cambia cómo te relacionas con ello.
Lo que puedes hacer sin medicación (y sus limitaciones)
Hay cosas que suben la noradrenalina de forma natural. El ejercicio es la más potente, y no es casualidad que el deporte sea uno de los tratamientos más respaldados por la evidencia para el TDAH. Cuando haces ejercicio intenso, el cerebro libera noradrenalina y dopamina juntas. Por eso después de entrenar hay una ventana de varias horas donde el cerebro con TDAH funciona notablemente mejor.
El sueño también es crítico. La noradrenalina se regula durante el descanso. Si duermes mal de forma crónica, los niveles se van a pique, y el sistema ya de por sí inestable con TDAH se vuelve caótico.
La exposición al frío, la meditación intensa, incluso el ayuno intermitente tienen algún efecto sobre la noradrenalina. Pero seré honesto: estos son ajustes. Son herramientas que pueden ayudar en el margen. No reemplazan el déficit estructural que tiene un cerebro con TDAH. Si el sistema de producción está dañado de origen, puedes optimizar todo lo demás y seguirás operando por debajo de lo que necesitas.
Eso no es un argumento para rendirse. Es un argumento para no cargarte de culpa cuando "lo intentas todo" y sigue sin funcionar igual que para alguien sin TDAH.
La dopamina no estaba sola
Si algo me hubiera gustado entender antes, es que el TDAH no es un problema de un solo neurotransmisor.
Cuando empecé a entender esto, muchas cosas que me pasaban dejaron de parecerme fallos de carácter. El cerebro no tiene voluntad de fastidiarte. Solo tiene química que no funciona como debería.
Y eso, aunque suene a excusa para quien no lo vive, es en realidad lo contrario. Entender el mecanismo es lo que permite buscar las soluciones correctas en lugar de seguir culpándote por no poder hacer lo que otros hacen sin esfuerzo aparente.
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Si llevas tiempo preguntándote si lo que te pasa tiene algo que ver con el TDAH, hay una manera de empezar a entenderlo. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es un punto de partida para dejar de dar vueltas en tu cabeza.
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