El cerebro con TDAH explicado simple: sin jerga, sin rodeos
Tu cerebro tiene un sistema de prioridades. El mío también. Solo que el mío decide que reorganizar cajones es más urgente que entregar un proyecto.
Tu cerebro tiene un sistema de prioridades. El mío también.
La diferencia es que el tuyo funciona y el mío se pasa el día decidiendo que reorganizar los cajones de la cocina es más urgente que entregar un proyecto que vence mañana.
Y no es broma. Ayer tenía un deadline a las 6 de la tarde. A las 2 de la tarde estaba reorganizando los tuppers por tamaño. Los tuppers. Por tamaño. Con etiquetadora.
Mi novia entró a la cocina, me vio ahí agachado con la etiquetadora, miró la hora, y dijo: "El proyecto."
Y yo, sin levantar la vista: "Estoy en ello."
No estaba en ello. Estaba en los tuppers. Pero en mi cabeza, en algún rincón retorcido de mi cabeza, los tuppers eran el proyecto. Porque mi cerebro había decidido que eso era lo prioritario. Y cuando tu cerebro decide algo, tú no votas.
¿Por qué tu cerebro no te hace caso?
Porque tu cerebro con TDAH tiene un sistema de prioridades roto. No roto como un jarrón que puedes pegar. Roto como un semáforo que cambia de color cuando le da la gana.
Un cerebro neurotípico funciona más o menos así: recibe una tarea, evalúa su importancia, le asigna un nivel de urgencia, y la ejecuta en orden. Como una cola. Primero lo urgente, luego lo importante, luego el resto. Es un sistema bastante lógico. Bastante aburrido, también.
Un cerebro con TDAH no tiene cola. Tiene una tómbola. Entran 30 tareas y sale una. Puede ser la más urgente. Puede ser la más absurda. Puede ser una tarea que ni siquiera estaba en la lista. Tu cerebro la saca, te la planta delante, y dice: "Esto. Ahora. Ya."
Y tú no puedes hacer nada. Porque no es un problema de disciplina, es un problema de dopamina. Tu cerebro no elige lo urgente. Elige lo que le da dopamina. Y resulta que reorganizar tuppers da más dopamina que un Excel con números del proyecto.
La dopamina es la gasolina. Y tú tienes el depósito medio vacío.
Vamos a simplificarlo sin jerga médica.
Tu cerebro funciona con un neurotransmisor llamado dopamina. La dopamina es lo que te hace sentir motivado para hacer algo. Es lo que te dice "esto merece la pena, hazlo". En un cerebro neurotípico, la dopamina se produce en cantidades normales y se distribuye bien. Las tareas importantes generan dopamina suficiente para que las hagas.
En un cerebro con TDAH, la dopamina escasea. Tu cerebro no produce suficiente, o no la transporta bien. Y cuando no hay suficiente dopamina para lo importante, tu cerebro va a buscarla donde pueda. En lo novedoso. En lo urgente de última hora. En los tuppers. En cualquier cosa que le dé ese chute que necesita para funcionar.
Por eso puedes pasarte 6 horas haciendo algo que te interesa y no puedes pasar 15 minutos haciendo algo que "deberías" hacer. No es falta de voluntad. Es tu cerebro buscando gasolina desesperadamente.
¿Y el hiperfoco? ¿Eso no es un superpoder?
Ja.
El hiperfoco es lo que pasa cuando tu cerebro encuentra algo que le da mucha dopamina. Se engancha. Y no suelta. Durante horas. A veces días. Te olvidas de comer. Te olvidas de dormir. Te olvidas de que existes fuera de esa cosa que estás haciendo.
Desde fuera parece concentración extrema. Un superpoder. "Ojalá yo pudiera concentrarme así."
Desde dentro es una cárcel. Porque no eliges cuándo entra ni cuándo sale. No eliges en qué se activa. No puedes decir "voy a hiperfocar en este informe". Puedes acabar hiperfocando en aprender a hacer nudos marineros a las 3 de la mañana un miércoles. Sin razón. Sin contexto. Sin haber visto el mar en meses.
El hiperfoco no es concentración. Es tu cerebro secuestrado por algo que le da dopamina. Y mientras está secuestrado, todo lo demás desaparece. El proyecto, la cena, la llamada que tenías que hacer, la persona que te está hablando.
No es un superpoder. Es una avería que a veces da resultados espectaculares y a veces te deja sin cenar.
¿Por qué a las 9 de la mañana no funciono pero a las 11 de la noche soy un genio?
Porque tu cerebro no sigue el mismo horario que el mundo.
Un cerebro con TDAH suele tener el ritmo circadiano desplazado. Tu pico de alerta no está a las 9 de la mañana como el del resto. Está a las 10 de la noche. O a las 11. O a la 1 de la madrugada. Depende del día y de cómo te haya tratado el universo.
A las 9 de la mañana tu cerebro es un Windows XP arrancando
A las 11 de la noche, ese mismo cerebro está volando. Conecta ideas. Resuelve problemas. Escribe textos. Y tú piensas "¿por qué no puedo ser así por la mañana?" Porque tu cerebro no funciona por la mañana. Funciona por la noche. Y el mundo no está diseñado para eso.
La memoria de trabajo: tu mesa de escritorio tiene sitio para una cosa
Última pieza.
Tu cerebro tiene algo llamado memoria de trabajo. Es como la mesa donde pones las cosas en las que estás trabajando ahora mismo. En un cerebro normal, esa mesa tiene sitio para 4 o 5 cosas. Puedes tener una conversación, recordar lo que ibas a buscar a la cocina, y saber qué hora es la reunión. Todo a la vez.
En un cerebro con TDAH, esa mesa tiene sitio para una cosa. Si estás pensando en lo que te ha dicho alguien, la reunión desaparece. Si estás buscando algo en la cocina, olvidas para qué fuiste. Si suena el teléfono mientras haces algo, pierdes el hilo de lo que estabas haciendo. No porque no te importe. Porque no cabe.
Por eso pierdes las llaves. Por eso olvidas citas. Por eso te levantas del sofá, vas a la habitación, y cuando llegas no tienes ni idea de qué ibas a hacer. Tu mesa se ha llenado con otra cosa por el camino.
Todo junto: un cerebro con TDAH en cuatro frases
Tu cerebro busca dopamina, no prioridades. El hiperfoco no es un regalo, es un secuestro. Tu reloj interno no coincide con el del mundo. Y tu memoria de trabajo es una mesa diminuta en la que solo cabe una cosa a la vez.
No es pereza. No es falta de interés. No es que "no te esfuerces lo suficiente". Es un cerebro que funciona con reglas diferentes a las que te enseñaron en el colegio.
Y cuando entiendes esas reglas, dejas de pelear contra tu cerebro y empiezas a trabajar con él. Que no es lo mismo. Para nada.
Porque el TDAH no es lo que te han contado. No es el niño que no para quieto. No es falta de atención. Es un cerebro entero funcionando con otro sistema operativo. Y una vez que lo entiendes, todo empieza a tener sentido. Incluido lo de los tuppers.
Sobre todo lo de los tuppers.
Si acabas de leer esto y te has reconocido en cada párrafo, no es casualidad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero sí un punto de partida para entender por qué tu cerebro lleva años funcionando así. 10 minutos.
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