Lavarte los dientes con TDAH: sí, hasta eso cuesta
Lavarse los dientes con TDAH no es pereza. Es que tu cerebro no genera la señal de hazlo ahora. La batalla diaria con la higiene bucal y por qué pasa.
Estás en la cama. Son las 12 de la noche. Y en ese momento exacto te das cuenta.
Los dientes.
No te los has lavado.
Y entonces empieza la negociación interna. El "si ya estoy tumbado". El "mañana dos veces". El "tampoco es para tanto, la última vez fue esta mañana". Y la mitad de las veces gana la cama. No porque seas vago. Sino porque tu cerebro ya ha apagado el motor y ponerlo en marcha para dos minutos se siente literalmente imposible.
Si esto te suena, bienvenido al club. La higiene bucal con TDAH es uno de esos temas que nadie menciona en voz alta pero que afecta a muchísima más gente de la que crees.
¿Por qué el cerebro con TDAH no genera la señal de "lávate los dientes"?
Porque no hay urgencia. Ni recompensa inmediata.
El cerebro con TDAH funciona con dopamina. Necesita que algo sea urgente, nuevo o gratificante para activarse. Lavarte los dientes no cumple ninguna de las tres condiciones. No es urgente, porque el daño si no lo haces no se ve mañana. No es nuevo, porque llevas haciéndolo desde que tienes siete años. Y no es especialmente gratificante, porque la sensación de limpio dura dos minutos antes de que tu cerebro ya esté en otra cosa.
Así que tu cerebro lo pospone. Una vez. Dos. Tres. Hasta que ya es tarde y la única señal que genera es "mañana".
El mismo mecanismo que hace que los hábitos de salud con TDAH sean tan difíciles de mantener se aplica aquí con toda su fuerza. No hay nada especial en los dientes. Es que las tareas sin consecuencia inmediata no activan el motor.
El problema del "ya lo hago después"
El TDAH tiene una relación muy rara con el tiempo.
Para la mayoría de la gente, el tiempo es lineal. Hay un ahora y un después, y el después llega en el momento esperado. Para el cerebro con TDAH, el tiempo tiene solo dos estados: ahora y nunca. Si algo no pasa ahora, no pasa.
Así que el "me lavo los dientes después de cenar" se convierte en "me los lavo cuando me acuerde". Y acordarse requiere que algo externo dispare la señal. Un recordatorio, ver el cepillo, que alguien te lo diga. Sin ese disparador externo, la tarea no existe hasta que ya es demasiado tarde para hacerla con ganas.
Es el mismo mecanismo que hace que salir de casa y volver porque olvidaste el móvil sea tan habitual. La memoria prospectiva, esa que te recuerda hacer cosas en el futuro, funciona diferente cuando tienes TDAH.
Lo que nadie te cuenta: la mitad de las veces ni te acuerdas
No es solo que lo postergues. Es que directamente no te acuerdas.
Llevas el día a tope. Reunión, correos, mil cosas en la cabeza. Cenas. Ves algo en el móvil. Te metes en la cama. Y los dientes no aparecen ni en el radar. No es un "lo sé y no lo hago". Es que tu cerebro no generó la señal en ningún momento de la tarde-noche.
Y luego te preguntas: "¿me los lavé esta mañana?" Y no estás seguro. Porque también eso puede haberse evaporado. Con el TDAH la memoria a corto plazo no registra bien las cosas rutinarias. Las hace en automático, sí, pero ese automático no deja huella. Y cuando intentas recordar si pasó o no, no encuentras nada.
Esto es especialmente desconcertante. Porque no eres desmemoriado de forma general. Recuerdas con todo detalle la conversación que tuviste en 2019. Pero no sabes si te lavaste los dientes hace cuatro horas.
Lo que sí funciona (aunque parezca ridículo)
Hay tres cosas que ayudan de verdad a cerebros como el nuestro. No son hacks revolucionarios. Son ajustes que reducen la fricción al mínimo.
El cepillo en un lugar que no puedas ignorar. No en el armario del baño. En el borde del lavabo, a la vista, al lado del grifo. Que cuando vayas a hacer cualquier otra cosa en el baño, lo veas y eso dispare la señal. El entorno hace el trabajo que tu memoria no hace.
Ancla el hábito a algo que sí haces siempre. Si cada noche, sin excepción, miras el móvil antes de dormir, pon un recordatorio. No para mañana. Para ahora. Las rutinas de noche con TDAH necesitan anclas externas porque las internas no son fiables. Si quieres entender por qué la rutina de noche con TDAH es tan complicada, la respuesta corta es que las transiciones entre actividades son el mayor punto débil.
La versión mínima vale. Si estás demasiado cansado, si ya estás en la cama y levantarte se siente imposible, un cepillo rápido sin pasta es mejor que nada. Treinta segundos. Solo para que el hábito no muera por completo esa noche. La perfección es el enemigo del hábito cuando tienes TDAH. Haz la versión pequeña. Siempre.
No eres un desastre. Tienes un cerebro que no genera recordatorios solos
Lo que más duele de estas pequeñas batallas diarias no es no lavarse los dientes. Es la vergüenza que viene después.
Porque sabes que es básico. Sabes que todo el mundo lo hace. Y sin embargo, tú llevas la cuenta de cuántas veces se te olvidó esta semana. Y cada vez que se te olvida, la voz esa de dentro dice "es que eres un desastre, si ni esto puedes hacer".
Pues no.
No eres un desastre. Tienes un cerebro que no genera señales de inicio para tareas sin dopamina. Un cerebro que necesita disparadores externos donde otros tienen automáticos internos. Eso no es un fallo moral. Es cómo funciona el TDAH.
Y lo mejor que puedes hacer no es intentarlo con más fuerza. Es rediseñar el entorno para que el entorno haga el recordatorio por ti. Como explico cuando hablo de lo básico que no es tan básico con TDAH: hay cosas que para otros son triviales y para ti requieren arquitectura.
Los dientes son un ejemplo perfecto de eso. No porque seas perezoso. Sino porque tu cerebro es el que es, y el sistema que uses tiene que estar diseñado para ese cerebro específico.
Si al leer esto has pensado "esto me suena demasiado bien", quizá vale la pena entender cómo funciona tu cerebro de verdad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero puede poner nombre a cosas que llevan años sin tenerlo. Son 10 minutos.
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