La medicación para TDAH no es trampa: tomar pastillas no te hace más débil

Si te sientes culpable por medicarte para el TDAH, lee esto. La medicación no es trampa, no es debilidad, y no es rendirse. Es una decisión de salud.

La primera vez que me tomé la pastilla pensé: "si esto funciona, entonces todo lo que he conseguido hasta ahora no vale".

Como si 30 años de luchar a pelo contra mi propio cerebro se fueran a borrar porque un comprimido de 36 mg me ayudara a terminar lo que empiezo.

Qué pensamiento más absurdo. Y qué real se sentía.

Porque eso es lo que hace el estigma. No te llega desde fuera. Bueno, también. Pero el peor estigma es el que te montas tú solito en la cabeza. Esa vocecita que te dice que si necesitas medicación para funcionar, es que no eres suficiente. Que los demás pueden sin ella. Que estás haciendo trampa.

Y no. No lo estás haciendo.

¿Por qué te sientes culpable por tomar medicación?

Porque te han vendido que el esfuerzo es la medida de todo.

Desde pequeño. "Esfuérzate más." "Pon de tu parte." "Si quisieras de verdad, podrías." Y cuando llevas 20 años escuchando eso, cuando por fin alguien te dice "oye, tu cerebro funciona diferente y hay una herramienta que puede ayudarte", una parte de ti lo interpreta como rendirse. Como admitir que no pudiste solo.

Pero es que no tenías por qué poder solo.

Nadie le dice a alguien con miopía que debería esforzarse más en ver. Nadie le dice a un diabético que es débil por pincharse insulina. Nadie mira a una persona con hipertensión y piensa "qué flojo, necesita pastillas para que le baje la tensión".

Y sin embargo, cuando alguien con TDAH toma metilfenidato, de repente es "depender de pastillas". Es "la salida fácil". Es "antes no existía eso y la gente sobrevivía".

Claro. Y antes la gente se moría con 40 años de infecciones que ahora se curan con un antibiótico. Que algo no existiera antes no significa que no hiciera falta.

"Antes no existía eso y los niños salían adelante"

Esta frase merece su propia sección porque la vas a escuchar. Si no la has escuchado ya, espera. Llegará. En una comida familiar, en un bar con amigos, en un comentario de alguien que te quiere pero no entiende una mierda de neurociencia.

Antes tampoco existían las gafas. Y la gente no veía bien. Y se tropezaba. Y no podía leer. Y nadie pensaba que fuera un problema porque todos estaban igual.

Que el TDAH no se diagnosticara no significa que no existiera. Significa que la gente lo sufría en silencio, compensaba como podía, y acababa convencida de que era vaga, tonta o incapaz. Que es exactamente lo que les pasaba a muchos de nuestros padres y abuelos. Solo que a ellos nadie les dio ni el diagnóstico ni la opción de tratarse.

Nosotros tenemos esa opción. Y usarla no es debilidad. Es sentido común.

¿La medicación es como ponerse gafas?

Sí. Es la comparación más honesta que conozco.

Si tienes miopía, tu ojo no enfoca bien. Las gafas corrigen eso. No te hacen ver mejor que una persona sin miopía. Te ponen al mismo nivel.

Con el TDAH pasa lo mismo. Tu cerebro tiene un déficit de dopamina en ciertas áreas. La medicación corrige ese déficit. No te da superpoderes. No te convierte en una máquina de productividad. No es magia que lo arregla todo de golpe. Lo que hace es ponerte en una línea de salida parecida a la de los demás. Para que cuando hagas esfuerzo, ese esfuerzo sirva.

Porque eso es lo frustrante del TDAH sin tratar. No es que no te esfuerces. Es que tu esfuerzo rinde la mitad. Pones el doble de energía para obtener el mismo resultado que alguien sin TDAH. Y al final del día estás destrozado, y encima piensas que no has hecho suficiente.

La medicación no elimina la necesidad de esforzarte. Solo hace que tu esfuerzo cuente.

¿Qué pasa con los comentarios de los demás?

Van a llegar. Prepárate.

"Cuidado con eso, que engancha." "¿No es básicamente speed?" "Mi primo tomó eso y acabó peor." "Yo creo que lo que necesitas es deporte y aire libre."

La gente opina de medicación psiquiátrica con la misma soltura con la que opina de fútbol. Sin tener ni idea, pero con mucha convicción. Y lo peor es que esas opiniones se te meten dentro. Porque cuando ya dudas de ti mismo, cualquier comentario de fuera te confirma la duda.

Pero piensa una cosa. Si te operan de la rodilla y te recetan antiinflamatorios, nadie te dice "eso es veneno, lo que necesitas es caminar más". Nadie. Sin embargo, si tu problema está en el cerebro, de repente todo el mundo es experto en lo que deberías o no deberías tomar.

La diferencia no es médica. Es de estigma. El cerebro sigue siendo un órgano tabú. Y mientras lo sea, los mitos sobre el TDAH van a seguir circulando como si fueran verdad.

¿Y si la medicación no funciona?

También puede pasar. Y no significa que te la hayan recetado mal ni que tu TDAH no sea real.

La medicación para el TDAH no es una talla única. Hay distintas moléculas, distintas dosis, distintas formulaciones. Lo que le funciona a una persona no tiene por qué funcionarte a ti. Y encontrar la combinación correcta a veces lleva semanas o meses de ajustes.

Hay gente que nota el cambio desde el primer día. Hay gente que tarda semanas. Y hay gente que necesita cambiar de medicación una o dos veces antes de dar con la que le va bien.

Eso no es un fallo. Es un proceso médico normal. Igual que cuando te cambian de gafas porque la graduación no era exacta. No tiras las gafas y decides ver borroso para siempre. Vuelves al oculista y ajustas.

Con la medicación psiquiátrica, lo mismo.

¿Medicarse es para siempre?

Depende. Y eso lo decides tú con tu médico, no con Google a las 3 de la madrugada.

Hay gente que toma medicación toda su vida y está encantada. Hay gente que la toma durante una temporada, desarrolla hábitos y estrategias, y luego la deja. Hay gente que la toma solo en épocas de más carga. No hay una respuesta universal porque cada cerebro es un mundo.

Lo que sí hay es una respuesta equivocada: dejar de tomarla porque te da vergüenza. Dejarla porque alguien te dijo que "no es natural". Dejarla porque te sientes culpable por necesitarla.

Eso no es una decisión de salud. Es una decisión de estigma. Y las decisiones de estigma nunca son buenas.

Medicarte es cuidarte

La medicación para el TDAH no es rendirse. No es admitir que eres débil. No es hacer trampa.

Es mirar a tu cerebro y decirle: "vale, funcionas así, y voy a darte lo que necesitas para que los dos podamos vivir en paz".

Es dejar de correr una maratón con una mochila de piedras porque alguien te convenció de que quitártela era hacer trampa.

Es una decisión de salud. Ni más ni menos. Como ponerte gafas. Como tomar un ibuprofeno cuando te duele la cabeza. Como ir al fisio cuando te jodes la espalda. Tu cerebro es un órgano. Y a veces los órganos necesitan ayuda.

No tienes que justificarte ante nadie. No tienes que explicarle a tu cuñado por qué tomas lo que tomas. No tienes que sentirte menos válido porque un comprimido te ayuda a funcionar.

Lo que has conseguido hasta ahora no se borra por medicarte. Al contrario. Todo lo que lograste lo lograste en modo difícil. Y si encima ahora tienes una herramienta que hace que tu esfuerzo rinda lo que tiene que rendir, imagina lo que viene.

Si llevas tiempo dándole vueltas a si lo que te pasa tiene nombre, quizá es buen momento de pararte a pensarlo en serio. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Es un primer paso para dejar de adivinar. 10 minutos.

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