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Intentar venderle a todo el mundo es la forma más rápida de no venderle a nadie

Tu producto es para todo el mundo. Y por eso no lo compra nadie. Cómo elegir un nicho sin morir de ansiedad.

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Tu producto es para emprendedores. Y para freelancers. Y para estudiantes. Y para gente que trabaja en oficina. Básicamente para todo ser humano con WiFi. Y por eso no lo compra nadie.

Lo sé porque yo también lo hice. Y si me hubieras preguntado entonces, te habría dado una respuesta buenísima: "Es que mi producto de verdad sirve para todos." Con esa convicción que solo tiene alguien que todavía no ha visto sus cero ventas del mes.

Spoiler: las vi.

¿Por qué "para todos" significa "para nadie"?

Porque cuando le hablas a todo el mundo, tu mensaje se diluye hasta convertirse en agua del grifo. Ni sabe bien ni sabe mal. No ofende. No molesta. Pero tampoco hace que nadie pare de hacer scroll para leerte.

Piénsalo así. Entras en una tienda que vende café. Solo café. Y tiene 400 tipos de café. Te fías de que esa gente sabe de café. Ahora entras en una tienda que vende café, pero también té, zumos, batidos, snacks, libros, velas aromáticas y carcasas de móvil. ¿Confías en su café? Claro que no. Porque si vendes todo, no eres experto en nada.

Con tu producto pasa lo mismo. Si tu página de ventas dice "ideal para emprendedores, freelancers, estudiantes, managers y cualquiera que quiera mejorar", lo que tu cliente potencial lee es: "No tengo ni idea de para quién es esto".

Y cierra la pestaña. Sin drama. Sin pensarlo dos veces.

¿No pierdo clientes si elijo un nicho?

Esta es la pregunta que te paraliza. Lo sé porque a mí me paralizó durante meses.

La lógica parece impecable: si mi mercado potencial es "todo el mundo", venderé más que si mi mercado es "freelancers que facturan menos de 3.000 € al mes". Es matemática básica. Más gente, más ventas.

Excepto que no funciona así. Ni de lejos.

Cuando eliges un nicho, tu mensaje se vuelve tan específico que la persona adecuada lo lee y piensa: "Esto es exactamente lo que necesito. ¿Cómo sabe este tío lo que me pasa?" Y saca la tarjeta.

Cuando no eliges nicho, tu mensaje es tan genérico que todo el mundo lo lee y piensa: "Sí, bueno, esto es bastante interesante." Y sigue scrolleando. Porque "bastante interesante" no vende nada. "Bastante interesante" es el beso de la muerte del marketing.

Es como tener 700.000 personas mirándote y que ninguna compre. Visitas, impresiones, likes. Todo bonito en el panel de métricas. Cero en la cuenta del banco.

¿Cómo eliges a quién venderle sin morir de ansiedad?

Hazte una pregunta incómoda: ¿quién sufre más el problema que resuelves?

No quién "podría beneficiarse". No quién "también podría usarlo si le pilla de camino". Quién tiene el problema clavado en la frente, le quita el sueño y pagaría dinero real por solucionarlo.

Esa persona es tu cliente. Las demás son fantasmas. Existen en tu cabeza pero no van a aparecer en tu Stripe.

Y aquí va el truco: cuando te diriges a esa persona concreta, con su lenguaje, con sus problemas exactos, con sus miedos específicos, pasan dos cosas. Primera, esa persona compra. Segunda, otra gente que no es exactamente tu nicho pero se siente identificada, también compra. Porque un mensaje con personalidad atrae más que un mensaje para todos.

Nadie se enamora de alguien que intenta caerle bien a todo el mundo. En los negocios funciona igual.

¿Y si elijo el nicho equivocado?

Puedes cambiarlo. No estás firmando un contrato con sangre. Estás probando una hipótesis.

El problema real no es elegir mal. El problema real es no elegir. Pasarte seis meses con una página de ventas que dice "para emprendedores, creadores, estudiantes, profesionales y básicamente cualquier mamífero con conexión a internet". Seis meses en los que no construyes una lista de correo porque no sabes a quién hablarle. Seis meses con métricas bonitas y la cuenta corriente llorando.

Elige un nicho, véndele durante 90 días y mira qué pasa. Si funciona, profundiza. Si no funciona, pivota. Pero al menos habrás tenido datos reales en vez de teorías bonitas sobre tu "mercado potencial ilimitado".

La paradoja del primer alumno

Algo curioso que pasa cuando eliges nicho: tus primeros clientes te enseñan más que cualquier estudio de mercado.

Cuando sabes exactamente a quién le vendes, escuchas exactamente qué necesitan. Y eso te da una ventaja absurda. Porque puedes mejorar tu producto para esas personas concretas, en vez de intentar que sea "útil para todos" (que es otra forma de decir "mediocre para todos").

Mi primer alumno facturó más que yo en seis meses

Si hubiera hecho ese producto "para todos los emprendedores del mundo", habría sido un curso genérico más. De esos que compras, ves dos lecciones y olvidas que existe. De esos que se venden con un descuento del 95% en plataformas que huelen a desesperación.

El test del bar

Cuando dudes, usa el test del bar. Imagina que estás en un bar y alguien te pregunta: "¿Para quién es tu producto?" Si tu respuesta tarda más de diez segundos o incluye la palabra "básicamente", tienes un problema.

"Es para freelancers que llevan menos de dos años y no saben poner precios." Eso son cuatro segundos. Eso se entiende. Eso hace que alguien diga "ah, yo conozco a alguien así" y le pase tu link.

"Es para gente que quiere ser más productiva y organizar mejor su vida y su trabajo." Eso no es un nicho. Eso es un horóscopo. Le aplica a todo el mundo y no le importa a nadie.

Tu nicho es tu superpoder. No tu limitación.

Elige una persona. Háblale a ella. Resuelve su problema. Y cuando la gente te diga "pero así pierdes mercado", enséñales tu facturación.

Las matemáticas no mienten aunque tú quieras.

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