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100 personas que te escuchan valen más que 10.000 que te siguen

Seguidores no son fans. Fans no son clientes. Y perseguir números bonitos es la mejor forma de morir con aplausos y sin ingresos.

emprendimiento

10.000 seguidores. Publicas un post. 47 likes. Mandas un email. 12 aperturas. Los números no cuadran.

Porque seguidores no son fans. Y fans no son clientes.

Y tú llevas meses alimentando un número que no te da de comer. Que queda bonito en la bio. Que puedes enseñar en una cena y que la gente diga "oh, qué crack". Pero que a la hora de pagar el alquiler vale lo mismo que un like de tu madre.

¿Por qué 10.000 seguidores no significan nada?

Porque un seguidor es alguien que le dio a un botón una vez. Probablemente mientras estaba en el baño. Probablemente sin pensar. Probablemente porque el algoritmo le puso tu cara delante y pensó "bueno, por qué no".

No te conoce. No te recuerda. No sabe ni cómo te llamas.

Y tú vas y le cuentas a tu madre que tienes diez mil seguidores como si fueras Beyoncé. Pero Beyoncé llena estadios. Tú no llenas ni una encuesta de Google Forms.

El problema es que las redes te enseñan a perseguir números. Más seguidores, más alcance, más impresiones. Todo suena muy grande y muy importante hasta que publicas un vídeo que lo ve medio mundo y no vendes ni una camiseta. Entonces te das cuenta de que estabas construyendo un castillo sobre arena mojada.

¿Qué es un fan de verdad?

Un fan es alguien que te lee los martes aunque no publiques nada bueno. Que abre tu email antes que el de Amazon. Que cuando le preguntan "oye, ¿sabes de alguien que hable de esto?" dice tu nombre sin pensarlo.

Un fan no necesita que le recuerdes que existes. Ya se acuerda.

La diferencia entre un seguidor y un fan es la misma que entre alguien que te saluda por la calle y alguien que te ayuda a hacer una mudanza. Uno te reconoce. El otro te elige. Y cuando emprendes, necesitas gente que te elija. No gente que te reconozca.

100 personas que te eligen pagan más facturas que 10.000 que te reconocen al pasar.

¿Cómo se consiguen fans y no solo seguidores?

No publicando más. Publicando mejor. Con dirección.

Publicar todos los días en LinkedIn para que el contador suba es como regar un jardín de plástico. Se ve verde, pero no crece nada. Lo que crece es tu ego. Y el ego no cotiza en Hacienda.

Los fans aparecen cuando haces una de estas tres cosas:

Les resuelves un problema real. No teórico. No "10 tips para ser más productivo". Un problema que les quita el sueño. Que les hace sentir que alguien les entiende. Que por fin alguien habla de lo que ellos llevan pensando seis meses sin saber cómo decirlo.

Les demuestras que no eres un gurú de cartón. Enseñas lo que funciona y lo que no. Cuentas las derrotas. No escondes los números feos. La gente no se fía de quien nunca se equivoca. Se fía de quien se equivoca y lo cuenta.

Les das acceso directo. Un email al que pueden responder. Un sitio donde no compitan con el algoritmo por tu atención. Que sientan que están dentro, no fuera mirando por la ventana.

¿Tiene sentido entonces crecer en redes?

Sí, pero como canal de captación. No como destino.

Las redes son el escaparate. El email es la tienda. Y si no tienes tienda, no tienes negocio. Por mucho escaparate que montes.

Piénsalo así: publicas en Instagram y el algoritmo decide quién te ve. Mandas un email y tú decides quién te lee. En uno dependes de una empresa que cambia las reglas cada martes. En otro tú mandas. Literalmente.

El error no es tener redes. El error es pensar que las redes son el final del camino cuando en realidad son la puerta de entrada. Y si la puerta no lleva a ningún sitio, da igual lo bonita que sea.

La paradoja del número pequeño

Cuando tienes 100 personas en una lista de correo, sientes que es poco. Que no vale la pena mandar nada. Que mejor esperar a tener 1.000. O 5.000. O algún número redondo que te haga sentir que ya mereces vender algo.

Pero 100 personas en una lista de correo es como tener 100 personas sentadas en un salón escuchándote. Si te imaginas la escena real, 100 personas mirándote a los ojos, esperando que hables, el "poco" se esfuma bastante rápido.

Y lo mejor: esas 100 personas eligieron estar ahí. No las engañó un algoritmo. No les salió tu cara entre un reel de un gato y una receta de bizcocho. Fueron a tu web, pusieron su email, y dijeron "quiero saber más de lo que hace esta persona". Eso vale más que 10.000 follows impulsivos.

Hay gente con audiencias pequeñas facturando más que gente con millones de seguidores

El número que importa no está en tu bio

No es seguidores. No es likes. No es impresiones.

Es cuántas personas responderían si les mandas un email preguntando "¿en qué puedo ayudarte?". Cuántas contestarían. Cuántas te dirían algo real, no un "muy interesante, gracias" copiado.

Eso son fans. Y con fans se construye un negocio. Con seguidores se construye un ego. Y el ego, insisto, no cotiza.

Así que la próxima vez que mires tu contador de seguidores y sientas que no avanzas, cambia la pregunta. No "¿cuántos me siguen?" sino "¿cuántos me escucharían si les hablara al oído?".

Si la respuesta es 100, vas mejor que el 99% de los que tienen 10.000.

Y si la respuesta es 12, pues cuida a esos 12 como si fueran de oro. Porque cuando uno de ellos compre, recomiende, y traiga a tres más, vas a entender que nunca necesitaste diez mil. Necesitabas los que importan.

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