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Lo que la retirada de Nadal enseña cuando el hiperfoco se apaga

Nadal se retiró tras 23 años de tenis. Pero cuando el hiperfoco de tu vida desaparece, tu cerebro no sabe qué hacer. Suena familiar.

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Durante veintitrés años, el cerebro de Rafael Nadal supo exactamente para qué existía. Cada mañana tenía un propósito claro, una dirección, una pelota amarilla que perseguir. Rituales, entrenamientos, torneos, recuperaciones, más entrenamientos. Todo giraba alrededor de una sola cosa.

Y en octubre de 2024, esa cosa desapareció.

Se retiró. Veintidós Grand Slams, catorce Roland Garros, una carrera que ya era leyenda. Se despidió en Málaga, en la Copa Davis, delante de su gente. Y fue precioso. Emocionante. Perfecto como cierre.

Pero hay una pregunta que nadie hace después de los aplausos: ¿qué pasa cuando el motor que ha dirigido tu vida entera deja de tener hacia dónde ir?

¿Qué tiene que ver una retirada deportiva con el TDAH?

Antes de nada: Nadal no tiene un diagnóstico público de TDAH. Esto hay que repetirlo cada vez. Lo que tiene son rasgos compatibles con un cerebro que funciona de una forma muy concreta. Los rituales obsesivos, la capacidad de concentración absoluta, la intensidad que no se regula sola. Todo apunta a un cerebro que, cuando se engancha a algo, se engancha a lo bestia.

Y eso, en el TDAH, tiene un nombre: hiperfoco.

El hiperfoco es esa capacidad de tu cerebro para dedicar toda su atención a una sola cosa durante horas, días, años. El mundo desaparece. Las molestias desaparecen. El dolor desaparece. Solo existe lo que has enganchado. Es como si tu cerebro encontrara la frecuencia correcta en la radio y de repente la estática se calla y solo suena música.

Nadal encontró esa frecuencia a los tres años, cuando su tío Toni le puso una raqueta en la mano. Y durante veintitrés años, la frecuencia no cambió. Tenis. Solo tenis. Siempre tenis.

Ahora imagina que alguien coge esa radio y la apaga.

El vacío que nadie te prepara

Hay un fenómeno que los psicólogos deportivos conocen bien: la depresión post-retirada. Atletas de élite que lo han ganado todo y que, al retirarse, caen en un agujero que no ven venir. No es que echen de menos competir. Es que su cerebro pierde el ancla.

Durante años, todo tenía estructura. Levantarse a las seis. Entrenar. Comer lo que toca. Descansar lo justo. Entrenar otra vez. Dormir. Repetir. No había que decidir qué hacer porque lo que había que hacer era obvio. El tenis lo decidía todo.

Y de repente, nada. Ningún torneo al que prepararse. Ningún rival al que estudiar. Ningún punto que ganar. El despertador suena y no hay una razón urgente para levantarse.

Para un cerebro neurotípico, eso ya es duro. Para un cerebro con rasgos de hiperfoco, es como desenchufar el sistema operativo. No es que te falte algo que hacer. Es que te falta la cosa que le daba sentido a cómo funciona tu cabeza.

Es como tener un motor de Fórmula 1 en un parking vacío. El motor sigue rugiendo, pero no hay circuito.

Identidad construida sobre un hiperfoco

Aquí viene la parte que me parece más interesante. Y la más jodida.

Cuando llevas veintitrés años siendo "Rafa Nadal, el tenista", tu identidad y tu hiperfoco son la misma cosa. No hay separación. No eres una persona que juega al tenis. Eres tenis. Tu forma de pensar, tu rutina diaria, tus relaciones, tu cuerpo, todo está moldeado alrededor de esa obsesión.

Y cuando la obsesión desaparece, la pregunta no es "¿qué hago ahora?". La pregunta es "¿quién soy ahora?".

Eso le pasa a mucha más gente de la que crees. No hace falta ser deportista de élite. Le pasa al que monta una empresa y cuando la vende no sabe qué hacer consigo mismo. Le pasa al que deja un trabajo que odiaba pero que le daba estructura. Le pasa al que termina la carrera y se da cuenta de que estudiar era lo único que se le daba bien.

Le pasa a cualquiera que haya construido su vida entera alrededor de un hiperfoco y un día ese hiperfoco deja de estar disponible.

Michael Phelps habló de esto abiertamente

El cerebro que no sabe hacer nada a medias

Hay algo de Nadal que siempre me ha llamado la atención. En las entrevistas, cuando le preguntaban por algo que no fuera tenis, se bloqueaba un poco. No porque fuera tonto. Es que literalmente su cerebro no había dedicado recursos a otra cosa. Todo estaba puesto en el tenis. Cada gota de concentración, cada ritual, cada gramo de energía. No quedaba nada para los planes B.

Eso es lo que hace el hiperfoco. No es solo que te concentras mucho en algo. Es que tu cerebro roba recursos de todo lo demás para dárselos a la cosa principal. Y cuando la cosa principal desaparece, no tienes un plan B listo esperando. Tienes un hueco enorme y un cerebro que no sabe funcionar en modo disperso.

Simone Biles pasó por algo parecido

El patrón es siempre el mismo: el hiperfoco funciona como regulador emocional, como estructura, como identidad. Y cuando desaparece, todo lo que sostenía se tambalea.

¿Qué haces cuando tu ancla desaparece?

No soy el psicólogo de Nadal. No tengo ni idea de cómo está llevando su retirada. A lo mejor genial. A lo mejor ha encontrado otro hiperfoco, otro ancla, otra cosa que le da al cerebro lo que necesita. Los que tienen recursos y un buen entorno suelen reubicarse. Los que no, se pierden.

Pero la lección está ahí para cualquiera que la quiera ver.

Si tu vida entera gira alrededor de una sola cosa, y esa cosa puede desaparecer (un trabajo, un deporte, una relación, un proyecto), necesitas saber que tu cerebro va a gritar cuando eso pase. No porque seas débil. Porque tu cerebro estaba calibrado para eso y ahora tiene que recalibrarse. Y recalibrarse duele.

Lo que funciona, según todo lo que sabemos, es no esperar al vacío. Tener más de un ancla antes de que la principal falle. Diversificar los estímulos. Que tu cerebro tenga al menos dos o tres canales donde engancharse, para que cuando uno se cierra, no te quedes en la estática.

Churchill lo hizo sin saberlo. Pintaba, escribía, construía muros de ladrillo. Tenía media docena de hiperfocalizaciones simultáneas, así que cuando la política le echaba, tenía dónde caer.

Nadal tenía una. Solo una. La mejor del mundo, sí. Pero solo una.

Lo que de verdad enseña la retirada de Nadal

Que el hiperfoco no es solo una ventaja. Es también una dependencia. Que cuando tu cerebro encuentra la cosa que lo regula todo, se aferra a ella con una fuerza que hace que todo funcione. Pero también con una fuerza que hace que todo se desmorone si desaparece.

Veintidós Grand Slams construidos sobre una obsesión que no se apagaba. Y ahora, la pregunta más difícil: ¿qué hace ese cerebro cuando la obsesión ya no tiene pista donde jugar?

No tengo la respuesta. Nadal tampoco, probablemente. Pero la pregunta importa. Porque no solo se la hacen los deportistas de élite.

Se la hace cualquiera que haya perdido la cosa que le daba sentido a cómo funciona su cabeza.

Si alguna vez has sentido que sin tu "cosa" no sabes quién eres, que cuando pierdes lo que te anclaba el cerebro se vuelve un caos, puede que no sea falta de propósito. Puede que sea un cerebro que funciona de una forma que nadie te ha explicado.

Hacer el test de TDAH

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