Volver al blog

Francis Drake: el pirata que dio la vuelta al mundo porque no sabía parar

Francis Drake mostraba rasgos compatibles con TDAH: impulsividad, búsqueda de riesgo, múltiples roles a la vez. El corsario que no podía quedarse quieto.

tdahfamosos

Francis Drake era pirata, corsario, explorador y caballero. Todo a la vez. El segundo hombre en dar la vuelta al mundo, y el primero en hacerlo vivo. Un cerebro que necesitaba el mar para funcionar.

Y cuando digo que no sabía parar, no es una metáfora motivacional barata. Es literal. Drake no podía. Su vida entera fue un sprint de cincuenta y cinco años donde cada vez que terminaba una aventura, necesitaba la siguiente antes de que se le enfriara el cerebro.

Hijo de un granjero de Devon. Aprendiz de marinero desde niño. Corsario de la reina de Inglaterra. Caballero del reino. El primer inglés en circunnavegar el globo. El tipo que le prendió fuego a medio Caribe español porque se aburría.

¿Quién hace eso? Alguien a quien la vida normal le resulta insoportable.

¿Qué empujaba a Francis Drake a no parar nunca?

Antes de nada: no hay diagnóstico. Drake vivió en el siglo XVI y la psiquiatría tardaría unos cuantos siglos en inventarse. Pero Drake mostraba un patrón de comportamiento compatible con lo que hoy llamaríamos TDAH. Y no uno sutil. Uno que se ve desde el espacio.

Búsqueda constante de estímulos. Impulsividad en combate. Incapacidad de retirarse cuando cualquier persona razonable habría dicho "ya vale". Múltiples roles simultáneos. Energía que no se acaba nunca. Y una relación con la autoridad que oscilaba entre la obediencia calculada y el "hago lo que me da la gana".

El chaval creció en una familia de granjeros sin recursos. Acabó como aprendiz de un capitán de barco mercante. Y desde el momento en que pisó la cubierta de un barco, su cerebro encontró lo que necesitaba: un entorno impredecible, lleno de riesgo, donde cada día es diferente al anterior.

Eso no es ambición. Bueno, también. Pero es sobre todo un cerebro que se apaga cuando la rutina se instala y se enciende como una hoguera cuando hay peligro, novedad y caos.

De granjero a corsario: un cerebro que necesitaba velocidad

La carrera de Drake es un catálogo de decisiones que ninguna persona con aversión al riesgo tomaría jamás.

Con veintipocos años ya estaba atacando barcos españoles en el Caribe. No con una flota enorme. Con un puñado de barcos pequeños, audacia y una capacidad para improvisar en medio del desastre que dejaba flipando a sus propios tripulantes.

En 1572 asaltó el tren de mulas que transportaba plata española por el istmo de Panamá. En territorio enemigo. Con menos de cien hombres. Contra un imperio.

Eso no es valentía. Es que tu cerebro ha decidido que el riesgo extremo es el estado natural y todo lo demás es aburrimiento insoportable.

Y cuando la reina Isabel I le encargó la expedición que acabaría siendo la circunnavegación del globo, entre 1577 y 1580, Drake no se limitó a dar la vuelta al mundo. Atacó puertos españoles por el camino. Saqueó la costa del Pacífico. Negoció con sultanes. Reclamó tierras para la corona. Descubrió bahías. Se metió en tormentas que hundieron barcos de su propia flota.

Y volvió a casa cargado de tesoros y con una historia que nadie creería si no fuera porque la mitad de Europa lo odiaba por haberla vivido.

¿Impulsividad o genio táctico?

Las dos cosas. Y eso es lo interesante.

Drake tenía una capacidad para tomar decisiones en fracciones de segundo que en batalla era devastadora. Cuando la Armada Invencible apareció en el Canal de la Mancha en 1588, Drake estaba jugando a los bolos en Plymouth. Le dijeron que venían los españoles. Según la leyenda, contestó que le daba tiempo a acabar la partida y luego a derrotarlos.

Es una anécdota probablemente exagerada. Pero dice algo real sobre cómo funcionaba su cabeza: sin ansiedad anticipatoria, con una confianza absurda en su capacidad de improvisar cuando las cosas se pusieran feas.

Y efectivamente, durante la batalla contra la Armada usó brulotes (barcos incendiarios) para romper la formación española. Una decisión arriesgada, impulsiva, que cambió el curso de la guerra. El tipo de idea que se te ocurre a las tres de la mañana y que un cerebro más prudente descartaría al instante.

Pero Drake no descartaba cosas al instante. Drake las hacía al instante. Esa es la diferencia.

Es un patrón que se repite en espías y aventureros con posibles rasgos de TDAH: la impulsividad que en la vida cotidiana es un problema se convierte en una ventaja brutal cuando el entorno te pide reacción inmediata.

Desobedecer a la autoridad cuando le convenía

Drake fue nombrado caballero por la reina Isabel I. En la cubierta de su propio barco, el Golden Hind, después de volver de la circunnavegación. Eso suena a obediencia total al sistema.

Pero la realidad es más complicada.

Drake obedecía cuando le interesaba. Cuando no, ignoraba las órdenes con una naturalidad que volvía locos a sus superiores. En varias expediciones actuó por su cuenta, atacando objetivos que nadie le había mandado atacar. En la expedición de 1585 al Caribe, se desvió del plan original tantas veces que los inversores de la expedición perdieron dinero.

Le daba igual. Él ya estaba persiguiendo el siguiente estímulo.

Esa relación selectiva con la autoridad, obedecer cuando tiene sentido para ti y saltarte las reglas cuando tu cerebro decide que hay algo más interesante, es uno de los rasgos más reconocibles en personas con TDAH. No es rebeldía calculada. Es que tu cerebro prioriza el estímulo por encima de la norma, y a veces ni te das cuenta de que estás desobedeciendo.

Múltiples roles: pirata, explorador, político, corsario

Drake no era solo una cosa. Era todas a la vez.

Pirata cuando tocaba robar. Corsario cuando necesitaba cobertura legal. Explorador cuando el horizonte le tiraba más que el oro. Político cuando volvía a Inglaterra y tenía que navegar la corte. Alcalde de Plymouth. Miembro del Parlamento.

Un cerebro que no puede elegir un solo rol y se mete en todos. No porque sea estratégico, sino porque necesita la variedad como otros necesitan el oxígeno.

Magallanes

Pero el patrón es el mismo. Un cerebro que necesita moverse, descubrir, arriesgar. Que encuentra en la exploración el único contexto donde su forma de funcionar no solo es aceptable, sino necesaria. La historia de la exploración está llena de personas así: gente que cambió el mapa del mundo porque quedarse quieta no era una opción.

Lo que Drake nos dice sin saberlo

Que hay cerebros que necesitan el caos para funcionar. Que la impulsividad que te mete en problemas un martes puede salvarte la vida un miércoles. Que desobedecer no siempre es un defecto. Que necesitar estímulos constantes no te hace débil ni disperso. Te hace alguien que necesita encontrar su barco, su mar, su horizonte.

Drake encontró el suyo a los catorce años, en la cubierta de un barco que olía a sal y a peligro.

No todo el mundo tiene la suerte de encontrarlo tan pronto. Pero la búsqueda es la misma. Un cerebro que no encaja en la rutina necesita un entorno que le permita ser lo que es. No más tranquilo. No más centrado. Lo que es.

Y a veces, lo que es resulta ser alguien capaz de darle la vuelta al mundo.

Si alguna vez has sentido que tu cerebro necesita más estímulo del que la rutina puede ofrecer, que te cuesta quedarte quieto cuando hay algo nuevo ahí fuera, puede que no sea inquietud. Puede que sea tu forma de funcionar.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo