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Lo que Nadal nos enseña sobre rituales y TDAH

Nadal toca la red, alinea botellas y se coloca el pelo antes de cada punto. No es manía. Es un cerebro que necesita orden externo para funcionar.

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Nadal toca la red, se coloca el pelo detrás de la oreja, alinea las botellas con las etiquetas mirando hacia la pista. Siempre en el mismo orden. Siempre igual. Punto tras punto, partido tras partido, durante más de veinte años.

La gente lo llama superstición. Los comentaristas lo llaman manía. Algún cuñado en el bar lo llama "cosas de tenistas".

Pero si tienes un cerebro que funciona a otra velocidad, reconoces eso inmediatamente. No es superstición. Es un cerebro que necesita crear orden externo para poder funcionar por dentro.

¿Los rituales de Nadal tienen algo que ver con el TDAH?

Antes de nada: Nadal no tiene un diagnóstico público de TDAH. Esto hay que dejarlo claro. No estoy diciendo que lo tenga. Estoy diciendo que sus rituales encajan con un patrón que cualquiera con TDAH conoce de sobra.

La secuencia antes de cada servicio. Las botellas alineadas con precisión milimétrica. Tirarse de los pantalones. Tocarse la nariz. La oreja izquierda, luego la derecha. Siempre igual. Siempre en el mismo orden.

Eso no es superstición. La superstición es ponerte los calzoncillos del revés un día que ganas y seguir haciéndolo "por si acaso". Lo de Nadal es otra cosa. Es un sistema de anclaje. Una forma de decirle al cerebro: "Estamos aquí. Estamos ahora. Esto es lo que toca."

Y eso es exactamente lo que hacemos las personas con TDAH cuando encontramos un ritual que funciona.

¿Por qué los rituales ayudan a un cerebro disperso?

Un cerebro con TDAH tiene un problema con la atención, pero no del tipo que la gente cree. No es que no puedas prestar atención. Es que no puedes elegir a qué prestas atención. Tu cerebro salta de estímulo en estímulo como un mono con cafeína.

Y en una pista de tenis, los estímulos son infinitos. El público. El juez de silla. El ruido. La temperatura. El marcador. Lo que tu rival acaba de hacer. Lo que hizo en el set anterior. Lo que desayunaste. Lo que tienes que hacer mañana.

El ritual corta todo eso de raíz.

Cuando Nadal toca la red al salir a la pista, su cerebro no está pensando en nada más que en tocar la red. Cuando alinea las botellas, solo existen las botellas. Cuando se coloca el pelo, solo existe el pelo. Cada microacción del ritual es un reset atencional. Un ancla que lo trae al presente.

Es como reiniciar el ordenador. Cierras todas las pestañas, todos los programas en segundo plano, toda la basura acumulada. Y cuando terminas la secuencia, tu cerebro está limpio. Listo para una sola cosa: el siguiente punto.

Michael Phelps hacía algo parecido

El ritual como sistema operativo, no como manía

Hay una diferencia brutal entre una manía y un sistema. La manía es involuntaria, te genera ansiedad si no la cumples, y no tiene una función clara. El ritual tiene un propósito: preparar tu cerebro para rendir.

Nadal ha explicado en entrevistas que sus rituales le ayudan a concentrarse. Que sin ellos, le cuesta más entrar en el punto. Que la secuencia le da una sensación de control en un entorno donde casi todo es impredecible.

Eso es exactamente lo que un psicólogo especializado en TDAH te diría que hagas. Crear rutinas externas que compensen la falta de regulación interna. Porque el TDAH, entre otras cosas, es un problema de autorregulación. Tu cerebro no gestiona bien la transición entre estados. No sabe pasar de "estoy esperando" a "estoy compitiendo" con un chasquido de dedos. Necesita una rampa. Un puente. Una secuencia que le diga: "Ya. Ahora sí. Estamos."

El ritual de Nadal es esa rampa.

Y lo fascinante es que muchos deportistas de élite con TDAH tienen rituales parecidos. No porque sean supersticiosos, sino porque en algún momento descubrieron que su cerebro funciona mejor con esa estructura externa. Aunque nadie les haya dicho que eso tiene un nombre. Aunque nadie les haya explicado por qué.

¿Qué puedes aprender de Nadal si tienes TDAH?

No hace falta que te toques la nariz antes de abrir el portátil. Aunque oye, si funciona, adelante.

Lo que Nadal demuestra es que la estructura externa no es debilidad. Es estrategia. Un cerebro que necesita rituales para rendir no es un cerebro defectuoso. Es un cerebro que ha encontrado la forma de sacar lo mejor de sí mismo.

Y eso vale para el tenis y para todo lo demás.

¿Te cuesta arrancar a trabajar por las mañanas? Crea un ritual de arranque. Siempre igual. Siempre en el mismo orden. El café, el cuaderno, la primera tarea. No pienses. Solo sigue la secuencia. Deja que el piloto automático te lleve hasta el estado de concentración, porque la alternativa es esperar a que la motivación aparezca sola. Y la motivación, para un cerebro con TDAH, es como un autobús que nunca pasa.

¿Te cuesta volver a concentrarte después de una interrupción? Crea un ritual de re-entrada. Algo físico. Levantarte, estirar, beber agua, sentarte. Reset. Como Nadal entre punto y punto.

¿Te cuesta terminar el día y desconectar? Ritual de cierre. Revisar lo hecho, apuntar lo de mañana, cerrar el portátil. Siempre igual.

Nadal no ganó 22 Grand Slams a pesar de sus rituales. Los ganó con ellos. Eran parte del sistema que hacía que su cabeza funcionara al nivel que necesitaba. Y lo que le sirvió a él en la pista central de Roland Garros te puede servir a ti en tu escritorio, en tu cocina o en tu vida.

Porque al final, el truco no es tener un cerebro que funcione "normal". El truco es entender cómo funciona el tuyo y construir un sistema que lo sostenga.

Phelps nadaba 80.000 metros a la semana con TDAH

Si alguna vez te han dicho que eres "demasiado raro" con tus rutinas, que tienes "demasiadas manías", que "eso no es normal", puede que tu cerebro solo esté haciendo lo que necesita para funcionar. El primer paso es entender cómo funciona.

Hacer el test de TDAH

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