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El hiperfoco no es un superpoder: cuando te atrapa y destruye el resto

Te dicen que el hiperfoco es tu don. Nadie te cuenta las 12 horas sin comer, los planes cancelados y la vida que se desmorona alrededor.

tdah

Todo el mundo te dice que el hiperfoco es tu superpoder.

Nadie te dice que mientras estabas hiperfocado 12 horas seguidas, se te olvidó comer, cancelaste dos planes y no recogiste a tu hijo del cole.

Porque eso no queda tan bien en un reel motivacional.

La versión bonita que todos compran

La narrativa es siempre la misma. "Las personas con TDAH tienen la capacidad de concentrarse intensamente en lo que les apasiona". Suena genial. Suena a ventaja competitiva. Suena a que tienes un motor turbo escondido que los demás no tienen.

Y hay un trozo de verdad ahí. Sí, cuando tu cerebro engancha con algo, puede producir a un nivel que asusta. He tenido noches donde he montado un proyecto entero desde cero. Desde la idea hasta algo funcional. A las 6 de la mañana, sin haber cenado, con el móvil en silencio y tres mensajes de "¿estás bien?" que no vi hasta el día siguiente.

Desde fuera parece productividad extrema. Desde dentro es otra cosa.

Desde dentro es no poder parar.

¿Por qué el hiperfoco es más problema que superpoder?

Porque no lo eliges.

Esa es la parte que nadie cuenta. El hiperfoco no elige lo que tú quieres. No se activa cuando tienes que entregar un informe aburrido o contestar correos del trabajo. Se activa cuando a tu cerebro le da la gana. Cuando encuentra algo que le da suficiente dopamina como para engancharse y no soltar.

Y lo que le da dopamina a tu cerebro no siempre coincide con lo que necesitas hacer.

Puedes pasar 8 horas investigando sobre acuarios de agua salada cuando lo que tenías que hacer era la declaración de la renta. Y no es que prefieras los acuarios. Es que tu cerebro encontró ahí su chute y se bloqueó en ese canal como una tele antigua sin mando.

Eso no es un superpoder. Es una trampa con buena prensa.

Lo que destruye mientras estás dentro

El hiperfoco tiene un coste que no aparece en el balance. Porque mientras estás ahí metido, el resto de tu vida se para. O peor: se deteriora.

Las comidas que te saltas. Las llamadas que no contestas. Los compromisos que olvidas. Las personas que se cansan de esperarte.

Y cuando sales del hiperfoco, muchas veces ni te acuerdas de cuánto tiempo ha pasado. Es como despertar de un trance. Miras el reloj y no cuadra. "¿Cómo que son las 11 de la noche? Si acabo de sentarme."

Tu pareja te dice "llevas seis horas sin hablarme" y tú juras que han sido cuarenta minutos. Porque tu cerebro funciona con dopamina, no con reloj. Y cuando la dopamina fluye, el tiempo deja de existir.

El problema no es lo que haces durante el hiperfoco. El problema es todo lo que dejas de hacer.

El hiperfoco en las relaciones

Esto es especialmente duro. Porque el hiperfoco no solo se aplica a proyectos o hobbies. También se aplica a personas.

La fase de enamoramiento con TDAH

Hasta que tu cerebro se regula. Hasta que esa persona deja de ser novedad. Y entonces pasas de 100 a 10 sin avisar. No porque quieras menos. Sino porque tu cerebro ha dejado de producir dopamina gratis con esa persona.

Y la otra persona no entiende qué ha pasado. "¿Ya no le importo?"

Le importas. Pero su cerebro no tiene regulador. Va a tope o va apagado.

Entonces, ¿qué haces con el hiperfoco?

No se trata de eliminarlo. No puedes. Es parte de cómo funciona tu cerebro.

Se trata de dejar de tratarlo como un regalo y empezar a tratarlo como lo que es: una característica que necesita gestión. Como un fuego. El fuego cocina, calienta, ilumina. Pero si no lo controlas, quema la casa.

Algunas cosas que a mí me funcionan:

Alarmas. Muchas. No para levantarme, sino para interrumpirme. Una alarma cada dos horas que dice "¿has comido?", "¿has mirado el móvil?", "¿sigues haciendo lo que tenías que hacer?".

Acuerdos con las personas de mi entorno. Si llevo más de tres horas sin contestar, que insistan. Que no asuman que estoy ocupado. Que asuman que estoy atrapado.

Y sobre todo: dejar de romantizar la trampa. Cada vez que alguien me dice "qué suerte, ojalá yo pudiera concentrarme así", me dan ganas de enseñarle las seis horas que perdí ayer organizando una playlist de Spotify que nadie va a escuchar mientras tenía tres deadlines encima.

El hiperfoco no es tu superpoder. Es una parte de tu cerebro que necesitas entender para que deje de dirigir tu vida sin tu permiso.

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