La fase de enamoramiento con TDAH: hiperfoco en una persona
Cuando te enamoras con TDAH, la otra persona se convierte en tu hiperfoco: piensas en ella 24/7, investigas todo, mandas 80 mensajes. Y luego el hiperfoco se apaga.
Te despiertas pensando en ella. Te duermes pensando en ella. A las tres de la tarde estás en una reunión pensando en ella.
No es amor. Bueno, no solo es amor.
Es el hiperfoco de tu cerebro con TDAH apuntando a una persona.
¿Qué pasa en el cerebro cuando te enamoras con TDAH?
El hiperfoco es ese modo en el que tu cerebro se engancha a algo y lo absorbe todo: tiempo, energía, atención. Normalmente lo ves con un videojuego, un proyecto nuevo, una temporada de una serie. Ocho horas que desaparecen sin que te hayas dado cuenta.
Pero cuando el objeto del hiperfoco es una persona, el resultado es otra cosa.
Tu cerebro empieza a tratarla como el tema más fascinante del mundo. Y, como con todo lo que te engancha de verdad, no puedes parar.
Investigas sus redes como si fueras un detective privado pagado por hora. Recuerdas detalles que ella misma ha olvidado. Mandas mensajes que, si los cuentas al final del día, suman más que los de una semana entera con cualquier otra persona. Cuando aparece en línea, tu dopamina sube. Cuando no responde en diez minutos, tu cabeza ya está construyendo escenarios de catástrofe.
Es intenso. A un nivel que asusta un poco si lo ves desde fuera.
Y la otra persona puede vivir eso de dos formas muy distintas.
La otra persona se siente adorada. O agobiada.
Hay quien recibe esa intensidad y piensa: nunca nadie me ha prestado tanta atención.
Porque es verdad. Alguien en modo hiperfoco amoroso recuerda lo que dijiste de pasada hace tres semanas. Pregunta por tu madre, por tu jefe, por aquella cosa que te preocupaba el martes. Está completamente presente cuando estás con él. Escucha de verdad.
Eso se nota. Y engancha.
El problema es que el hiperfoco no viene con regulador. No hay modo crucero. Y para alguien que no conoce cómo funciona el TDAH y la dopamina, la intensidad puede sentirse como presión, como obsesión, como algo que no saben muy bien cómo gestionar.
Ochenta mensajes en un día cuando ella ha mandado quince.
Un "¿estás bien?" cada vez que tarda más de lo habitual en responder.
Planes para el mes que viene cuando lleváis tres semanas.
No lo haces para agobiar. Lo haces porque tu cerebro está funcionando a pleno rendimiento en esa dirección y no tiene freno incorporado.
La fase de hiperfoco dura lo que dura
Aquí viene la parte que nadie te cuenta.
El hiperfoco inicial no es permanente. En las relaciones con TDAH, el cerebro mantiene ese nivel de intensidad durante semanas, quizá meses. Y luego, poco a poco, el chute de novedad baja. La dopamina que generaba esa persona al ser nueva y emocionante se estabiliza. Tu cerebro busca el siguiente estímulo.
Y la relación sigue ahí.
Pero tú ya no produces la misma energía que antes.
Para ti, es normal. Es como cuando acabas un juego y ya no te llama igual: no es que lo odies, es que el pico de novedad pasó. Para la otra persona, puede sentirse como un cambio radical. Esa persona tan atenta y presente de repente parece estar en otro planeta. Tarda en responder. Se olvida de cosas. Cancela planes.
No es que haya dejado de querer.
Es que el hiperfoco se apagó y ahora funciona con el resto de recursos del cerebro, que son los mismos que siempre han sido: limitados, distraídos, y con tendencia a olvidar lo que no está delante de los ojos.
Si alguna vez te han acusado de que "al principio eras diferente", quizá no es que hayas cambiado tú. Es que has dejado de estar en modo hiperfoco y ahora muestras el funcionamiento real. Que también es válido, solo que distinto.
El ghosteo involuntario en la fase de hiperfoco
Hay algo más que pasa durante el enamoramiento con TDAH que nadie habla.
El hiperfoco no es constante. Incluso en la fase más intensa del enamoramiento, tu cerebro tiene momentos en los que salta a otra cosa. Un proyecto. Un vídeo que apareció en el feed. Una idea que te surgió de la nada.
Y la conversación queda abierta.
No porque hayas decidido ignorar a esa persona. Sino porque tu cerebro pasó a otro canal y literalmente olvidó que había un mensaje esperando. Dos horas después lo ves. Sientes culpa. Respondes con un audio de tres minutos explicando lo que estabas haciendo.
Es el mismo patrón que con las apps de citas y el TDAH: el cerebro que puede hiperfocarse en alguien durante horas es el mismo que puede olvidar que esa persona existe si no tiene un recordatorio visible.
Contradictorio hasta lo absurdo.
¿Es el hiperfoco lo mismo que enamorarse?
No exactamente. Pero tampoco es mentira.
Cuando alguien con TDAH está en modo hiperfoco con una persona, los sentimientos son reales. La atención es genuina. El interés es auténtico. No es un acto.
El problema es que el hiperfoco amplifica todo. La atracción se siente como obsesión. El interés se siente como necesidad. La conexión se siente como algo único e irrepetible.
Y cuando el hiperfoco baja, esos mismos sentimientos siguen ahí pero a un volumen normal. Y ese volumen normal se puede confundir con indiferencia.
La conexión emocional con TDAH no funciona como en el manual. No es lineal. No va creciendo de manera uniforme y predecible. Va a saltos, a rachas, con picos de intensidad y valles de aparente desconexión.
No significa que la relación no sea real. Significa que funciona de otra forma.
Cómo gestionar el hiperfoco amoroso sin destrozar la relación
Primero, reconocerlo. Saber que estás en modo hiperfoco no significa que los sentimientos sean falsos. Significa que puedes calibrar un poco la intensidad antes de mandar el mensaje número ochenta y uno.
Segundo, comunicarlo. No tienes que dar una conferencia sobre neurología en la primera cita. Pero sí puedes decir, cuando toque, que eres de los que se enganchan mucho al principio y que luego necesitan su espacio también. Que la intensidad que muestras es real pero que no puedes mantenerla al mismo nivel siempre.
Tercero, prepararse para cuando el hiperfoco baje. Porque bajará. Y entonces la relación tiene que sostenerse en algo más que dopamina de la novedad.
La fase de hiperfoco es la más fácil. La parte complicada es lo que viene después.
Y esa parte, la de construir algo estable con un cerebro que busca estimulación constante, es donde la mayoría de las relaciones con TDAH se complican de verdad.
Pero eso ya es otra historia.
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Si mientras leías esto has ido reconociendo patrones de tu propio cerebro, puede que valga la pena entender cómo funciona de verdad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es diez minutos para empezar a entender por qué el enamoramiento se te vive de una forma tan particular.
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