La búsqueda de novedad con TDAH: por qué lo nuevo te activa y lo viejo te apaga
Nuevo hobby, 200 euros en equipo, tres semanas de obsesión. Después, polvo. Tu cerebro con TDAH busca novedad como combustible.
Nuevo hobby: 200 euros en equipo. Tres semanas de obsesión. Después, polvo. Literalmente polvo encima del equipo que no has tocado en dos meses.
Me pasó con la guitarra. Con el running. Con la acuarela. Con la fotografía analógica. Con el ajedrez online. Con un kit de fermentación de kombucha que todavía sigue en la cocina porque no sé si tirarlo o esperar a que me vuelva a dar el arrebato.
Spoiler: no me va a dar.
Y lo sé. Lo sé mientras lo compro. Mientras abro el paquete con las manos temblando de ilusión, una parte de mi cerebro ya me está diciendo "esto va a durar menos que un helado en agosto". Pero me da igual. Porque en ese momento, la ilusión es real. La energía es real. Las ganas son tan reales que duele.
Y luego desaparecen. Como si alguien hubiera desenchufado algo dentro de mi cabeza.
¿Por qué lo nuevo te pone a mil y lo viejo te deja frío?
Porque tu cerebro funciona con novedad como combustible.
No es metáfora. Es neurología. Un cerebro con TDAH tiene un sistema de dopamina que no regula bien. Y la dopamina es, entre otras cosas, la molécula de la anticipación. No del placer. De la anticipación. Tu cerebro no se activa cuando disfrutas algo. Se activa cuando espera algo nuevo.
Por eso la guitarra mola la primera semana. Porque todo es nuevo. Los acordes, los callos en los dedos, la sensación de que por fin has encontrado tu cosa. Cada sesión es un descubrimiento. Cada progreso, un chute de "sí, esto es lo mío".
Pero llega la semana tres. Ya conoces los acordes básicos. Ya no hay sorpresa. El progreso se ralentiza. Y tu cerebro, que necesita dopamina nueva constantemente, mira a la guitarra y dice "esto ya lo conozco". Se apaga. Literalmente. Como un interruptor.
Y tú ahí, sintiéndote culpable por no querer algo que hace 15 días era lo mejor del mundo.
El ciclo infernal: descubrir, obsesionarte, abandonar
Si te reconoces, ya sabes cómo funciona esto.
Fase 1: Descubrimiento. Ves un vídeo, lees un artículo, alguien te cuenta algo. Y tu cerebro hace clic. Esa chispa. Ese "ostras, quiero hacer esto". Es como enamorarte. Es exactamente como enamorarte, de hecho. El mismo mecanismo neurológico.
Fase 2: Inmersión total. Te gastas dinero. Investigas durante horas. Te metes en foros, en Reddit, en YouTube. Absorbes información a una velocidad absurda. Hablas del tema nuevo con todo el mundo. Tu pareja ya pone los ojos en blanco cuando empiezas con "oye, ¿sabías que...?".
Fase 3: La meseta. Llega el momento donde hay que practicar. Repetir. Ser constante. Y tu cerebro dice no. No con argumentos. No con excusas. Simplemente deja de darte gasolina. La actividad que antes te hacía saltar de la cama ahora te da pereza solo de pensarla.
Fase 4: Culpa. Miras el equipo acumulando polvo. Piensas que eres un desastre. Que no tienes disciplina. Que empiezas cosas y no las terminas. Que así nunca vas a ser bueno en nada.
Y entonces. Fase 1 otra vez. Con algo nuevo.
¿Es esto un defecto o una característica?
Aquí viene lo que nadie te dice.
La búsqueda de novedad no es un fallo de carácter. Es un rasgo neurológico documentado. Las personas con TDAH tienen una tendencia significativamente mayor a buscar experiencias nuevas, estímulos nuevos, información nueva. No es que seas inconstante. Es que tu cerebro está programado para explorar.
En otro contexto, en otra época, esto era una ventaja brutal. El explorador del grupo. El que probaba las bayas nuevas. El que no se conformaba con lo conocido. El que decía "vamos a ver qué hay detrás de esa montaña" mientras los demás se quedaban cultivando trigo.
El problema es que ahora vivimos en un mundo que premia la especialización. Que te dice que tienes que elegir una cosa y dedicarle 10.000 horas. Y tu cerebro, el mismo que podría haberte convertido en el mejor explorador de la tribu, te está pidiendo que hagas lo contrario.
No te pide que seas constante. Te pide que descubras. Y eso choca frontalmente con lo que la sociedad espera de ti.
¿Por qué la culpa es peor que el abandono?
Abandonar un hobby duele un poco. La culpa por abandonarlo duele mucho más.
Porque la culpa se acumula. Cada guitarra, cada kit de acuarela, cada suscripción a una app que ya no usas, se convierte en evidencia. Evidencia de que eres alguien que no termina nada. De que no tienes fuerza de voluntad. De que, en el fondo, eres un poco vago.
Y eso es mentira.
No eres vago. Eres un cerebro con TDAH haciendo exactamente lo que está diseñado para hacer: buscar lo siguiente. El problema no es que cambies. El problema es que te machaques por cambiar.
Lo que funciona, al menos para mí, es cambiar la narrativa. En lugar de "he abandonado otro hobby", decir "he explorado otro campo". En lugar de "nunca termino nada", decir "he aprendido lo básico de 14 cosas distintas, que es más de lo que la mayoría prueba en su vida".
No es autoengaño. Es perspectiva.
¿Entonces qué hago, me rindo?
No. Pero sí deja de luchar contra cómo funciona tu cerebro.
Hay cosas que ayudan. No a curar la búsqueda de novedad, porque no es una enfermedad. Sino a convivir con ella.
La primera: deja de comprar equipamiento caro en la fase 1. Ese es el truco más simple del mundo. ¿Quieres probar la guitarra? Compra una de segunda mano por 40 euros. Si en tres meses sigues tocando, inviertes. Si no, has perdido 40, no 400. Tu yo futuro te lo agradecerá.
La segunda: inyecta novedad en las cosas que ya haces. Tu cerebro necesita estímulos nuevos para no apagarse. ¿Llevas un mes corriendo la misma ruta? Cambia de ruta. ¿La guitarra te aburre? Aprende un estilo nuevo. ¿El trabajo te da pereza? Cambia el entorno, la música, el orden de las tareas. Engaña a tu cerebro dándole la novedad que pide sin tirar lo que ya tienes.
La tercera: acepta que vas a tener fases. Y que las fases no son fracasos. Son ciclos. A veces la guitarra vuelve. A veces no. Y las dos cosas están bien.
Tu armario no miente
Mira tu casa. Mira los cajones, las estanterías, el trastero.
Ahí está el equipo de running. El ukelele. Los 14 cuadernos que empezaste y dejaste en la página 7. La cámara analógica con un carrete a medias que llevas 8 meses sin revelar. Los rotuladores de caligrafía. El set de cocina japonesa.
Todo eso no es basura. Es el mapa de un cerebro que no para de buscar. Que tiene hambre de novedad. Que se activa con lo desconocido y se apaga con la rutina.
No es un defecto. Es cómo funciona tu cerebro con TDAH. Y cuanto antes lo entiendas, antes dejas de castigarte por ello.
El equipo seguirá acumulando polvo. Eso no va a cambiar. Lo que puede cambiar es cómo te sientes al respecto.
---
Si te has reconocido en cada párrafo de este post y estás pensando "vale, pero ¿esto es TDAH o soy así?", hay una forma de salir de la duda. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Es un punto de partida. 10 minutos.
Sigue leyendo
Perfeccionismo y TDAH: cuando no hacerlo perfecto es no hacerlo
Llevas meses sin empezar el proyecto porque sabes que no va a quedar perfecto. No es pereza. Es perfeccionismo con TDAH. Y es una trampa.
Constancia para Inconstantes: el sistema que funciona cuando tú no puedes
Por qué siempre lo dejas en el mismo punto, por qué la motivación no sirve, y qué sistema uso yo para mantenerme constante con TDAH.
Las relaciones que desgastan más con TDAH: cuando querer no basta
Con TDAH, las relaciones cuestan el triple. Quieres a esa persona, pero mantenerla te deja sin energía. Y la culpa pesa más que el cansancio.
Ser contable con TDAH: cuando los números se mueven solos
Columnas, facturas y un cerebro que salta de cifra en cifra. Ser contable con TDAH es resistencia pura que nadie reconoce.