Mi cerebro me dice que cada lanzamiento es un desastre aunque los numeros digan lo contrario
Tu cerebro TDAH evalúa cada lanzamiento como un fracaso. Los números dicen otra cosa. Así funciona el termómetro roto del emprendedor ansioso.
Las ventas entran. La gente compra. Los números dicen que ha ido bien. Y tú sientes que ha sido un desastre.
Bienvenido al termómetro roto.
Hace unos meses lancé un curso nuevo. No voy a decir cuál ni cuánto costaba, pero sí los números: 47 ventas en la primera semana. Más de 4.000 euros facturados. Un lanzamiento con cero publicidad de pago, solo mi lista de correo y un par de posts.
Objetivamente, eso es un buen lanzamiento.
Subjetivamente, yo estaba sentado en el sofá a las dos de la mañana pensando que había sido un fracaso absoluto.
¿Por qué tu cerebro te dice que ha ido mal cuando ha ido bien?
La primera venta entró a los 8 minutos de mandar el email. Ocho minutos. Ni me había dado tiempo a cerrar el portátil. Y lo primero que pensé no fue "bien, funciona". Fue "solo una".
A la hora llevaba 6 ventas. Mi cerebro: "Esperaba más."
Al día siguiente, 19 ventas. Mi cerebro: "Va lento."
Al tercer día, 31. "Se está muriendo."
Quinto día, 47 ventas y 4.000 euros. Mi cerebro: "Ha sido un desastre."
Si alguien me hubiera dicho antes del lanzamiento "vas a hacer 47 ventas y 4.000 euros sin gastar un euro en publicidad", habría firmado con los ojos cerrados. Pero mi cerebro no compara con el escenario previo. Compara con un escenario inventado donde todo es perfecto y las ventas llueven como confeti en Nochevieja.
Es como medir la temperatura de una habitación con un termómetro que siempre marca 10 grados menos. La habitación está a 25. Tú lees 15. Y te pones el abrigo.
Eso es emprender con TDAH y ansiedad. Tu termómetro emocional lo compraste en el chino y viene descalibrado de fábrica.
Ya escribí sobre esto cuando hablé de que emprender con TDAH es un deporte de riesgo. El termómetro roto aparece en todo: reuniones que fueron bien pero tú sentiste que fueron un desastre, emails que funcionaron pero tú juras que nadie los leyó, lanzamientos que facturaron pero tú sientes que fracasaron.
Siempre 10 grados menos.
¿Cuál de las dos voces está hablando?
Dentro de mi cabeza hay dos voces. Una soy yo. La otra es mi ansiedad.
Yo digo: "Han comprado 47 personas. Ha funcionado."
La ansiedad dice: "Sí, pero podrían haber sido 100. Algo has hecho mal. La gente no ha conectado. El copy no era bueno. El precio era raro. Probablemente se van a arrepentir y van a pedir reembolso."
Las dos voces suenan casi igual. Eso es lo jodido. No es como tener un ángel y un demonio en cada hombro. Es como tener dos versiones de ti mismo que dicen cosas opuestas y las dos suenan razonables.
La diferencia es que una habla con datos y la otra habla con miedo.
Yo conduzco. La ansiedad puede ir en el asiento de atrás gritando lo que quiera. Pero el volante es mío.
Eso suena muy bonito en una frase. Ahora, hacerlo a las dos de la mañana cuando llevas tres días sin dormir bien porque has lanzado un producto y tu cerebro no para de repetir "ha sido un desastre, ha sido un desastre, ha sido un desastre" como un loro con depresión... es otro deporte.
¿Cómo sabes si un lanzamiento ha ido bien cuando tu cerebro siempre dice que no?
Lo aprendí a base de hostias. Y la lección es tan simple que da rabia.
Las matemáticas no mienten.
Da igual lo que sientas. Da igual lo que tu ansiedad grite desde el asiento de atrás. Da igual que a las tres de la mañana estés convencido de que todo ha sido un error. Los números no tienen termómetro roto. Si vendiste 47, vendiste 47. Si facturaste 4.000, facturaste 4.000. La percepción es irrelevante cuando tienes datos.
Eso lo aprendí cuando subí precios en Black Friday y un colega me dijo que estaba loco. Mi ansiedad estaba de acuerdo con él. Los números no.
Y aquí va lo que nadie te cuenta: esto no se cura. No hay un lanzamiento número 15 en el que de repente tu cerebro dice "oye, esto ha ido bien, descansa". Llevo más de diez productos lanzados. Cada lanzamiento lo vivo como si fuera el primero. La misma ansiedad. Las mismas dos de la mañana mirando el dashboard. El mismo "ha sido un desastre" aunque los números digan lo contrario.
Lo que sí cambia es tu reacción.
Al principio me lo creía. La ansiedad decía "desastre" y yo contestaba "sí, desastre". Ahora dice "desastre" y yo digo "calla un momento que estoy mirando los números". No desaparece. Pero le quitas el volante.
¿Existe una forma de calibrar ese termómetro?
Tres cosas que me funcionan. Sin pajas.
Primera: antes de lanzar, escribo en un papel qué número consideraría un éxito. Lo concreto. "20 ventas en la primera semana". Si pasan de 20, ha ido bien. Da igual lo que diga mi cerebro después. El papel no negocia.
Segunda: no miro las métricas en las primeras 24 horas. Miento. Las miro cada 4 minutos como un poseso. Pero intento no mirarlas. El cerebro TDAH convierte cada refresco de página en un juicio de vida o muerte. Y a las 24 horas no tienes datos suficientes para juzgar nada. Es como valorar una película por los primeros 5 minutos.
Tercera: se lo cuento a alguien que no sea yo. "Oye, he vendido 47 en una semana, ¿eso está bien?" Y la persona te mira como si fueras imbécil y dice "tío, eso está genial". A veces necesitas un espejo externo porque el tuyo está deformado como los del parque de atracciones.
Recuerdo cuando 700.000 personas vieron mi video y no vendí nada. Eso sí fue un desastre real. Y sin embargo mi cerebro lo procesó exactamente igual que un lanzamiento que sí funciona. La misma sensación. El mismo nudo en el estómago. Cuando tu termómetro está roto, marca lo mismo cuando hace frío que cuando hace calor. Todo es emergencia. Todo es fracaso.
La diferencia entre un desastre real y uno inventado son los números. Solo los números.
El lanzamiento perfecto no existe
Aquí viene la parte que duele.
Tu cerebro no compara tu lanzamiento con la realidad. Lo compara con un lanzamiento imaginario donde todo sale perfecto: el email lo abre el 100% de tu lista, cada persona compra sin dudarlo, nadie pide reembolso, y tú te sientas a ver cómo llueve dinero como si fueras un personaje secundario de El Lobo de Wall Street pero con chándal.
Ese lanzamiento no existe. Nunca ha existido. Para nadie.
Pero tu ansiedad lo usa como referencia. Y claro, comparado con la perfección, todo es un desastre.
Calibrar no es ignorar. No te digo que ignores la sensación de que algo ha ido mal. A veces ha ido mal de verdad. Lo que te digo es que no te fíes de la sensación como único indicador. Mira los números. Mira el papel donde escribiste tu objetivo. Pregúntale a alguien que no tenga el termómetro roto.
Y si después de todo eso los números dicen que ha ido bien, cállate la boca y celébralo. Aunque tu cerebro siga diciendo que no.
El loro con depresión seguirá ahí. Pero no tiene que pilotar el avión.
Cuando no confías en tu propia evaluación, necesitas un consejo que te diga la verdad. Yo monté un consejo directivo con IA que discute, vota y se insulta. Y tomo mejores decisiones que nunca. Lo explico aquí.