El hiperfoco no elige
8 horas leyendo sobre samuráis. 20 minutos para Hacienda. Ni uno. El hiperfoco no es un superpoder, es un caballo salvaje sin riendas.
El hiperfoco es el superpoder que todos los artículos de internet celebran. "Los que tienen TDAH pueden concentrarse durante horas en una sola cosa." Y es verdad. Lo que no te cuentan es que no puedes elegir en qué.
Ayer pasé 8 horas leyendo sobre la historia de los samuráis. Ocho.
Sin parar. Sin comer.
Sin pestañear. Empecé con un artículo random sobre katanas y cuando quise darme cuenta sabía más sobre el acero tamahagane y las técnicas de plegado que sobre mi propia declaración fiscal. Que, por cierto, llevaba 3 semanas esperándome en una pestaña abierta del navegador. Ahí, mirándome fijamente cada vez que abría Chrome.
Con su logo de Hacienda. Con su formulario a medio rellenar.
Con sus 20 minutos de trabajo. Veinte. Eso es lo que necesitaba. No pude ni empezar.
Y eso es lo que nadie te cuenta cuando dice "tienes un superpoder". Porque no es un superpoder si no puedes activarlo.
Es un caballo salvaje. Potentísimo, pero sin riendas. No puedes montarlo cuando quieras. No puedes dirigirlo hacia donde necesitas. Se desboca con lo que le da la gana, y tú vas ahí encima agarrándote al cuello del bicho como puedes, disfrutando del paisaje pero sabiendo perfectamente que no eres tú quien decide la ruta.
Mi cerebro funciona como un hiperenlace. Literal. Pincho en "samuráis" y salto a metalurgia japonesa.
De ahí a la ruta de la seda. De ahí a Marco Polo.
De ahí a las especias. De ahí a la historia del comercio en el Mediterráneo.
De ahí a los fenicios. Y de repente son las 4 de la madrugada, estoy solo en mi cueva con los ojos como platos, y sé más de katanas que de mi propia declaración de impuestos. Faraday me mira desde la silla de al lado con cara de "tío, otra vez". Lily ni se molesta en mirarme. Ella ya me ha dado por perdido.
Lo peor no es la espiral. Lo peor es que la espiral es la hostia.
Lo disfrutas. Cada salto es genuinamente fascinante. Cada nuevo agujero de conejo es mejor que el anterior. Tu cerebro está en llamas, conectando cosas, absorbiendo información, construyendo mapas mentales que nadie te ha pedido. Y mientras tanto, la pestaña de Hacienda sigue ahí.
En silencio. Juzgándote.
Hay gente que lee esto y piensa "pero tío, es cuestión de disciplina." Vale.
Ven a mi casa. Siéntate delante de mi ordenador.
Mira la pestaña de Hacienda. Mira las 47 pestañas de historia japonesa. Y dime con la boca llena que es cuestión de disciplina. Yo sé perfectamente que la declaración es más urgente.
Sé que son 20 minutos. Sé que si la hago me quito un peso de encima que llevo arrastrando tres semanas.
Lo sé. Y aun así, mi cerebro dice "oye, pero sabías que los samuráis tenían un código ético que se llamaba bushido y que influyó en toda la estructura social del Japón feudal?" Y ya. Game over. Me ha vuelto a secuestrar.
A veces el caballo te lleva a sitios increíbles. A las 3 de la madrugada he tenido ideas que de día no se me habrían ocurrido ni en un millón de años. Conexiones absurdas que luego resultan ser brillantes. Proyectos enteros nacidos de una espiral de Wikipedia a las 2AM. Pero a veces el caballo te deja tirado delante de Hacienda con cara de przepraszam y sin saber cómo has llegado ahí.
Eso es el hiperfoco. No es un superpoder. Es un caballo salvaje que te lleva donde quiere. Y aprender a convivir con él, sin intentar domarlo pero sin dejarte arrastrar del todo, es probablemente la habilidad más útil que he desarrollado en toda mi vida.
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Si te ha servido esto, te va a flipar un truco que me enseñó mi psicóloga. Gratis, sin trampa.
No soy médico. Todo lo que lees aquí viene de vivir con TDAH, no de diagnosticarlo. Para eso necesitas un profesional.
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