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La euforia del TDAH: cuando todo es genial y de repente no

Un día todo es posible y empiezas 3 proyectos. Al siguiente, el globo se desinfla. La euforia del TDAH no es bipolar: es regulación emocional rota amplificando lo bueno.

tdah

Me desperté un jueves con la certeza absoluta de que iba a comerse el mundo.

No una certeza vaga. Una certeza física. Me levanté de la cama de un salto, abrí el portátil antes de hacer café, y en los siguientes cuarenta minutos: reorganicé mi sistema de notas, respondí tres emails que llevaba semanas pendientes, escribí los titulares de cinco vídeos nuevos, mandé mensajes a cuatro personas para quedar esa misma semana, y encontré un curso de edición que compré sin pensarlo demasiado porque "total, lo necesito y lo voy a usar seguro".

El viernes por la tarde estaba en el sofá, sin energía para contestar un mensaje de voz, preguntándome qué había pasado.

No había pasado nada. Ese es el problema.

¿Es euforia o es TDAH?

La primera vez que le conté esto a alguien me preguntó si había hablado con un médico sobre bipolaridad.

Y entiendo por qué. Los síntomas suenan parecidos: un día todo es posible, al siguiente el suelo desaparece. Pero hay una diferencia clave que cambia todo: el tiempo.

En el trastorno bipolar, los ciclos duran semanas. A veces meses. Hay un episodio maníaco que puede sostenerse días enteros con poco sueño, decisiones impulsivas encadenadas, y una energía que no se acaba.

En el TDAH, esto pasa en horas. O en un día. Dos como mucho.

No es manía. Es desregulación emocional con TDAH amplificando lo positivo exactamente igual que amplifica lo negativo. El mismo mecanismo que hace que un comentario neutro te destroce emocionalmente es el que hace que un buen día se convierta en una euforia que te parece real, sólida, y que va a durar para siempre.

Tu cerebro no tiene regulador de volumen. Ni hacia abajo ni hacia arriba.

El problema no es la euforia. Es lo que haces durante la euforia.

Aquí está la trampa.

Cuando estás en ese estado, todo parece razonable. Los proyectos nuevos parecen brillantes. Los compromisos parecen asumibles. Los gastos parecen inversiones inteligentes. La energía se siente tan real que piensas que esta vez sí va a durar.

Y tomas decisiones basándote en esa energía.

El curso que compré aquel jueves costó 180 euros. No lo terminé. El kit de fotografía analógica que encargué en uno de esos días sigue en la estantería, como el resto de equipamiento acumulado por la búsqueda de novedad del TDAH. Los planes con cuatro personas esa semana los cancelé todos, no porque fuera mala persona, sino porque el lunes llegué con la mitad de batería y la idea de socializar me parecía imposible.

Y entonces llega lo peor: las consecuencias.

Porque la bajada no solo es cansancio. La bajada llega con las facturas, los mensajes sin responder, los proyectos a medias, los compromisos que prometiste y no puedes cumplir. La euforia tomó las decisiones. La versión desinflada tiene que gestionarlas.

Es una deuda emocional y práctica que te cobras en el peor momento posible.

Por qué tu cerebro te miente (con buena intención)

No es que quieras sabotearte. Es que tu sistema de dopamina tiene una relación complicada con la realidad.

Un cerebro con TDAH tiene déficit crónico de dopamina. No siempre, pero sí en condiciones de rutina, aburrimiento, o tareas que no generan recompensa inmediata. Y cuando algo activa ese sistema, cuando hay un proyecto nuevo, una idea brillante, un plan emocionante, el cerebro suelta dopamina en cantidades que no son proporcionales a lo que está pasando.

No es que estés especialmente inspirado ese día. Es que tu cerebro sin regulador de volumen emocional ha encontrado un estímulo y lo ha amplificado hasta convertirlo en una certeza.

La certeza de que puedes con todo.

Y esa certeza es dopamina, no información real sobre tus capacidades o tu energía disponible.

La diferencia importa. Porque si lo que sientes es dopamina, va a desaparecer. Siempre desaparece. La pregunta es cuánto daño ha hecho antes de irse.

Cómo reconocer que estás en modo euforia TDAH

Con el tiempo aprendes a detectarlo. No siempre a tiempo para frenarlo, pero sí a identificarlo.

Algunas señales:

Empiezas a hacer planes con una velocidad que no es normal en ti. No uno. Tres, cuatro, cinco. Y todos parecen urgentes.

Sientes que por fin has encontrado el sistema, la rutina, el hábito que lo va a cambiar todo. Esta vez sí.

Abres diez pestañas, empiezas cuatro tareas distintas, y ninguna te parece demasiado.

Gastas dinero sin el proceso mental habitual de "espera, ¿lo necesito realmente?".

Mandas mensajes a gente con la que llevabas meses sin hablar prometiendo quedar "la semana que viene sin falta".

Tienes la sensación de que has resuelto algo. Que este día marca un antes y un después.

Si eso te suena familiar, probablemente sabes lo que viene después.

Qué hacer cuando lo detectas

No te voy a decir que lo pares. No puedes parar una ola con la mano.

Lo que sí puedes hacer es no construir sobre arena mientras la ola dura.

La regla más simple que me ha funcionado: si la decisión implica gastar dinero o comprometerte con alguien, la duermo. Una noche. No porque sea una mala decisión necesariamente. Sino porque si mañana sigo queriendo hacerlo con la misma claridad, entonces es real. Si mañana pienso "¿por qué iba a hacer eso?", me he ahorrado un problema.

No siempre lo hago. Pero cuando lo hago, casi nunca me arrepiento.

La segunda cosa: registra el estado. No para analizarlo. Solo para tener registro. Un apunte rápido de "hoy estoy a tope, mucho más de lo normal" te ayuda a ver el patrón con el tiempo. A entender qué lo dispara en ti. Y a anticipar que en uno o dos días vas a necesitar más margen, no más compromisos.

La tercera: cuando llegue la bajada, no te machaques por los compromisos que tomaste arriba. Los tomaste desde un estado que no controlabas. Lo que sí puedes controlar es cómo gestionas la deuda. Uno a uno. Sin intentar resolver todo el primer día que te recuperas, porque ese intento también puede disparar otro ciclo.

La euforia no es el problema. La sorpresa sí.

Lo que más daño hace no es la euforia en sí. Es no reconocerla.

Cuando no sabes lo que es, crees que eres tú. Que esa energía es tu yo real y que el resto del tiempo eres una versión inferior. Que si pudieras mantener ese estado serías la persona que deberías ser.

Y eso es una trampa que te persigue durante años.

No hay una versión tuya "de arriba" y una versión "de abajo". Hay un cerebro que regula mal las emociones, en todas las direcciones, y que a veces va a hacer que un martes parezca la mejor oportunidad del mundo y un miércoles parezca un callejón sin salida.

Los dos son mentira. Los dos son señales de tu sistema de dopamina haciendo lo que sabe hacer.

Cuanto antes dejas de creer que la euforia te dice la verdad sobre quién eres, antes puedes usarla sin que te use a ti.

Si estás reconociendo esto en ti y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, el test de TDAH que hice tiene 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero en diez minutos te da un mapa de lo que está pasando ahí dentro.

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