La vergüenza secreta de enero con TDAH: todos avanzan y tú sigues arrancando
Instagram lleno de transformaciones. Tú en pijama a las 3. La vergüenza de enero con TDAH es silenciosa, brutal y tiene explicación.
Instagram lleno de transformaciones de año nuevo. Tú sigues en pijama a las 3 de la tarde.
La vergüenza de enero con TDAH es silenciosa y brutal. No es una vergüenza que grites. Es una que tragas. Que escondes debajo de un "estoy bien, solo cansado" mientras por dentro te preguntas qué narices le pasa a tu cerebro que no puede hacer lo que todo el mundo ya está haciendo.
Porque eso es lo que ves. Gente que ya ha empezado. Gente que ya tiene rutina. Gente que comparte su nueva agenda, su nuevo gimnasio, su nuevo yo. Y tú llevas dieciocho días intentando levantarte antes de las 11.
No es cansancio. Es vergüenza pura y dura. De esas que no cuentas ni a tu mejor amigo.
¿Por qué enero amplifica la comparación cuando tienes TDAH?
Porque enero es el mes de las pruebas visibles.
El resto del año, la gente avanza en silencio. Nadie publica que lleva tres meses yendo al gimnasio. Nadie pone stories de que duerme bien. Pero en enero, todo el mundo enseña su punto de partida. Y ese punto de partida, para ti, se convierte en un espejo donde ves todo lo que no estás haciendo.
Tu cerebro con TDAH ya tiene una tendencia natural a compararse con los demás. Es como si viniera de serie con un radar de "mira lo que hacen otros que tú no puedes". Pero en enero, ese radar se vuelve loco. Porque el contraste es máximo. Todo el mundo publica. Todo el mundo arranca. Y tú estás atascado en la línea de salida preguntándote por qué el pistoletazo de salida no te ha llegado.
La comparación con TDAH no funciona como la comparación normal. La normal es "me gustaría ser como él". La tuya es "¿por qué no puedo ser como él si lo estoy intentando?". Es la diferencia entre envidia y vergüenza. Y la vergüenza pesa el triple.
El scroll de las 3 de la tarde
Hay un momento concreto donde la vergüenza de enero se dispara. Y es el scroll de las 3 de la tarde.
Llevas toda la mañana intentando arrancar. No has podido. Te has sentado delante del ordenador, has abierto cuatro pestañas, has cerrado tres, has mirado el móvil, has vuelto al ordenador, y ahora son las 3 y no has hecho absolutamente nada productivo. Entonces abres Instagram. O TikTok. O lo que sea.
Y ahí están.
Los que ya han hecho ejercicio, desayunado sano, trabajado tres horas y encima han tenido tiempo de grabarlo. Y tú estás en calcetines, con restos de la cena de ayer en la mesa, y una lista de tareas que no has tocado.
La vergüenza te golpea como un puñetazo en el estómago. Silenciosa. Invisible. Pero tan fuerte que cierras la app y te quedas mirando el techo.
Y ahí es donde tu cerebro hace la jugada maestra de la autodestrucción: en vez de dejarte arrancar, te castiga por no haber arrancado. La culpa se convierte en parálisis. La parálisis en más culpa. Y así hasta que son las 8 de la noche y el día se ha ido sin que hayas vivido en él.
La máscara de enero
Enero es también el mes donde más finges.
Porque la vergüenza de no estar funcionando como los demás te obliga a actuar. A decir que sí, que tú también has empezado con los propósitos. Que vas bien. Que todo controlado. A sonreír cuando alguien te cuenta su nuevo horario de 5 de la mañana mientras por dentro piensas "yo hoy me he levantado a la 1 y ni siquiera he comido".
Esa máscara que te pones para que nadie vea que estás roto por dentro tiene un nombre: masking. Y el agotamiento de fingir normalidad con TDAH no es metafórico. Es real, es físico, y en enero se multiplica porque la presión social de "nuevo año, nueva vida" es insoportable.
El problema es que la máscara consume energía. La misma energía que necesitas para arrancar. Así que cuanto más finges, menos te queda para funcionar de verdad. Es una trampa perfecta.
Y llega un punto en el que la máscara se cae. Y cuando se cae, la vergüenza ya no es secreta. Es pública. Y eso da todavía más miedo.
Lo que nadie publica en enero
Nadie publica el día 14 de enero que todavía no ha empezado nada.
Nadie publica que lleva dos semanas acostándose a las 4 de la mañana viendo vídeos de gente que tiene su vida organizada.
Nadie publica que se ha duchado por primera vez en tres días y eso ha sido su mayor logro.
Nadie publica que ha llorado en el baño porque no entiende por qué no puede hacer cosas tan simples como poner una lavadora.
Pero pasa. Pasa más de lo que crees. Y no solo a gente con TDAH, pero a la gente con TDAH le pasa con una intensidad y una frecuencia que el resto no puede ni imaginar.
La vergüenza de enero se alimenta de la ilusión de que todo el mundo está bien menos tú. Pero es mentira. Lo que pasa es que los que están mal no lo cuentan. Y tú tampoco. Y así se perpetúa el ciclo.
Tu enero no tiene que parecerse al de nadie
Esto es lo que necesitas meter en la cabeza aunque cueste.
Tu arranque no es lento. Es tuyo. Tu cerebro no arranca en enero como el de los demás porque no es como el de los demás. Y eso no es algo que debas esconder. Es algo que debes entender.
La vergüenza viene de la comparación. Y la comparación viene de creer que existe un solo calendario válido para arrancar. Pero no lo hay. Hay gente que arranca el 1 de enero. Hay gente que arranca en febrero. Y hay gente que arranca un martes cualquiera a las 4 de la tarde porque su cerebro por fin encontró la chispa.
Los tres son válidos.
La vergüenza de enero no se cura con disciplina. Se cura dejando de medir tu proceso con el metro de otro. Tu metro es diferente. Tus marcas son diferentes. Y tu enero, con todas sus mañanas en pijama y sus tardes de scroll, también cuenta como un enero real.
No tienes que empezar cuando empieza todo el mundo.
Tienes que empezar cuando puedas.
Y eso no es rendirse. Es conocer tu cerebro.
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Si cada enero te pasa lo mismo y siempre pensaste que era pereza, quizá no lo es. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro tiene su propio calendario.
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