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Ser abogado con TDAH: cuando el detalle infinito es tu trabajo y tu pesadilla

Un contrato de 47 páginas, plazos que no perdonan y un cerebro que se va a mirar qué edad tiene el juez. Ser abogado con TDAH es así.

tdah

Un contrato de 47 páginas. Cada coma importa. Cada plazo es un abismo. Y tu cerebro decide que es buen momento para investigar qué edad tiene el juez.

Bienvenido a ser abogado con TDAH.

Una profesión donde olvidarte un detalle no es "ay, qué despiste". Es que tu cliente pierde dinero. O peor: pierde el caso. Y tú pierdes el sueño. Bueno, el sueño ya lo habías perdido a las 3 de la mañana leyendo jurisprudencia de un caso que ni es tuyo.

¿Por qué el derecho es un campo minado para un cerebro con TDAH?

Porque el derecho es detalle. Es estructura. Es leer 200 páginas y que el dato clave esté en la nota al pie de la página 187. Es cumplir plazos que no entienden de "se me pasó". Es mantener 15 casos abiertos a la vez y que cada uno tenga sus fechas, sus documentos, sus particularidades.

Es básicamente todo lo que un cerebro con TDAH hace mal.

No es que no seas inteligente. Si has llegado a ejercer, probablemente seas más inteligente que la media. Porque has tenido que compensar durante años. Estudiar el doble. Releer tres veces lo que otros leen una. Desarrollar trucos para no perder plazos que otros simplemente apuntan en la agenda y ya.

El problema no es la inteligencia. El problema es que tu cerebro tiene un filtro de relevancia roto. Todo tiene la misma prioridad. El recurso que vence mañana y el email del colegio de abogados sobre una charla de networking que es en abril. Tu cerebro no distingue. Los pone en la misma bandeja y luego se va a investigar qué significa una palabra en latín que ha visto en un escrito.

Eso es TDAH. No falta de capacidad. Falta de filtro.

Los errores que te quitan el sueño (y el estómago)

Hay un tipo de error que solo entiende alguien con TDAH en un trabajo de precisión.

Es el error invisible. El que no ves porque tu cerebro lo ha saltado como quien salta un escalón bajando las escaleras. No lo has ignorado. No te daba igual. Simplemente tu atención estaba en otra parte durante 0,3 segundos y esos 0,3 segundos eran justo los de la cláusula que cambiaba todo.

Revisar un contrato con TDAH es como buscar a Wally en una página donde todo es rojo y blanco. Esos errores por descuido en el trabajo que cualquiera comete una vez al mes, tú los cometes tres veces por semana. Y cada vez que pasa, una vocecita dentro dice: "¿ves? No vales para esto".

Spoiler: esa voz miente.

Pero es difícil ignorarla cuando el error tiene consecuencias reales. Cuando no es un typo en un email, sino una fecha equivocada en un recurso de apelación.

¿Puede un abogado con TDAH ser bueno en su trabajo?

Sí. Rotundamente sí.

Pero no de la forma en que te enseñaron en la facultad.

El abogado con TDAH no puede funcionar con el sistema clásico de "tengo buena memoria, apunto las cosas en un cuaderno y me acuerdo de los plazos". Eso no va a pasar. Puedes apuntar las cosas en un cuaderno, en tres cuadernos, en la mano, y aun así olvidarte de mirar el cuaderno.

Lo que sí funciona es construir un sistema externo que haga de cerebro auxiliar. Alertas que no dependan de ti. Listas de verificación obligatorias antes de presentar cualquier escrito. Un compañero de confianza que revise lo que tú ya has revisado (porque dos ojos TDAH ven más que uno, pero cuatro ojos normales ven lo que tú no ves).

Los abogados con TDAH que funcionan bien no funcionan a pesar de su cerebro. Funcionan porque han montado un andamiaje alrededor que compensa lo que su cerebro no hace solo.

Y curiosamente, muchos desarrollan una ventaja que los abogados neurotípicos no tienen: el hiperfoco. Cuando un caso te engancha, cuando hay un desafío intelectual de verdad, tu cerebro se enciende como una central nuclear. Puedes pasar 14 horas seguidas montando una estrategia de defensa sin levantar la cabeza. Y esa estrategia va a ser brillante. Creativa. Con ángulos que a nadie más se le habrían ocurrido.

El problema es que al día siguiente tienes que hacer papeleo rutinario y tu cerebro dice "no, gracias, vamos a mirar cuántos artículos tiene el Código Civil" por puro aburrimiento.

Lo que nadie te cuenta sobre el TDAH en profesiones de alto riesgo

Ser abogado con TDAH tiene un componente que no se habla: la ansiedad de fondo constante.

Sabes que eres capaz. Pero también sabes que puedes fallar en cualquier momento por algo que no controlas. Y eso genera una tensión que no se va. No se va cuando ganas un caso. No se va cuando el cliente te da las gracias. Porque tu cerebro ya está pensando en el siguiente plazo que podrías olvidar.

Es agotador. Y explica por qué muchos abogados con TDAH acaban quemados no por el trabajo en sí, sino por el esfuerzo invisible de compensar constantemente.

Cuando tu jefe no entiende tu TDAH

Y luego está el tema del CV. Muchos abogados con TDAH no aguantan en el mismo despacho más de dos años. La novedad se acaba, la rutina aparece, y el cerebro pide cambio. Un CV con 7 trabajos en 5 años no es raro en alguien con TDAH. Es un patrón. Y en el mundo del derecho, donde se valora la estabilidad, eso juega en tu contra.

¿Y entonces qué hago?

Primero: deja de intentar ser el abogado que no eres. El abogado que se sienta, lee un expediente de principio a fin sin pararse, y luego redacta un escrito perfecto a la primera. Ese abogado no existe ni en los neurotípicos, pero tú te comparas con esa versión idealizada y te castigas por no llegar.

Segundo: automatiza todo lo que puedas. Plazos en calendario con alertas a 7 días, 3 días, 1 día y el mismo día. Plantillas para escritos repetitivos. Checklists para cada tipo de procedimiento. Tu cerebro no es fiable para recordar. Deja de pedirle que lo sea.

Tercero: elige tu campo. No todos los ámbitos del derecho son iguales. Hay áreas donde el hiperfoco es una ventaja brutal: derecho penal, litigación, propiedad intelectual, casos complejos con muchas partes. Y hay áreas donde la rutina te va a destruir: derecho administrativo de trámite, fiscal repetitivo, compliance puro. Elige donde tu cerebro funcione, no donde "se supone" que deberías estar.

Y cuarto: deja de esconderte. Si tienes TDAH diagnosticado, no es una debilidad. Es un dato. Un dato que explica por qué necesitas hacer las cosas de forma diferente. Y hacer las cosas de forma diferente no es hacer las cosas peor. Es hacer las cosas como tu cerebro necesita para funcionar.

Los mejores abogados que conozco con TDAH no son los que disimulan mejor. Son los que han dejado de disimular y han construido un sistema que funciona para ellos.

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