Desregulación emocional con TDAH: sentir todo al máximo volumen
Tu cerebro con TDAH no filtra emociones, las amplifica. Por qué sientes todo más fuerte y qué está pasando realmente dentro de tu cabeza.
Me enfadé tanto por un comentario de nada que le di una patada a la silla del escritorio.
La silla no tenía la culpa. Mi cerebro, sí.
El comentario fue algo tipo "podrías haber hecho esto antes". Cinco palabras. Tono neutro. Probablemente ni siquiera iba con segunda intención. Pero mi cerebro lo procesó como si me hubieran dicho que soy un inútil, un desastre, y que todo lo que hago está mal.
De cero a cien en medio segundo.
Y mientras la silla rodaba por la habitación y yo me quedaba de pie con las manos temblando pensando "pero qué acabo de hacer", me di cuenta de algo que ya sabía pero no terminaba de aceptar: mi cerebro no tiene un regulador de volumen emocional que funcione.
¿Qué es la desregulación emocional con TDAH?
Es sentir todo demasiado.
La alegría, la tristeza, la rabia, la frustración, la vergüenza. Todo llega amplificado, como si tu cerebro tuviera un altavoz permanentemente puesto a tope. Un cerebro neurotípico recibe una emoción, la procesa, la regula y responde de forma proporcionada. Tu cerebro con TDAH recibe la misma emoción, la multiplica por cinco y te la lanza encima antes de que puedas hacer nada.
No es que seas dramático. No es que exageres. Es que tu corteza prefrontal, la parte del cerebro que se encarga de ponerle freno a las emociones, funciona diferente. No es un problema de actitud. Es neurología pura.
Y lo peor es que lo sabes. Sabes que tu reacción ha sido desproporcionada. Lo sabes mientras está pasando. Pero no puedes pararla. Es como ver un tren acercarse al andén a toda velocidad y no poder moverte. Ves la emoción llegar, sabes que va a ser demasiado, y aun así te arrolla.
¿Por qué nadie habla de esto cuando habla de TDAH?
Porque cuando piensas en TDAH piensas en distracción. En no poder concentrarte. En perder las llaves. En el niño que no para quieto en clase.
Pero la desregulación emocional es uno de los síntomas más comunes y menos conocidos del TDAH en adultos. Y es, probablemente, el que más daño hace en tu vida diaria.
Porque perder las llaves es un fastidio. Pero explotar con tu pareja por algo que no merecía esa reacción, y luego sentir una culpa tan brutal que te pasas dos días sin poder mirarte al espejo, eso destroza relaciones. Eso destroza tu autoestima. Eso te hace pensar que eres una mala persona.
No lo eres. Pero tu cerebro te lo hace creer cada vez que reaccionas así.
La montaña rusa que no has elegido
Hay días en los que me despierto y todo me parece genial. El café sabe mejor. La luz entra bonita por la ventana. Pienso que soy un crack y que voy a comerse el mundo.
Y dos horas después alguien me dice que no puede quedar el jueves y me hundo. No estoy triste. Estoy devastado. Como si ese "no puedo el jueves" fuera un rechazo personal, una señal de que no le importo a nadie, una confirmación de que estoy solo en el mundo.
Ridículo, ¿verdad? Lo sé. Lo sé mientras lo siento. Y eso es lo más frustrante.
Porque no puedes explicarle a alguien que te dejaron en visto y tu cerebro decidió que era el fin del mundo sin que te miren como si estuvieras loco. No puedes decir "sí, me afectó que cancelaras la cena" sin que parezca que eres un crío.
Así que aprendes a callarte. A disimular. A decir "no pasa nada" mientras por dentro tu cerebro está en llamas.
¿Es solo rabia o son todas las emociones?
Todas.
La gente asocia la desregulación emocional con la rabia. Con los estallidos. Con dar patadas a sillas, que sí, también pasa. Pero es mucho más que eso.
Es llorar con un anuncio de televisión. Es ilusionarte tanto con un plan que si se cancela te hundes como si se hubiera muerto alguien. Es sentir una euforia tan intensa por algo bueno que te pasa que no puedes dormir en toda la noche. Es que una crítica constructiva en el trabajo te siente como si te hubieran clavado un cuchillo.
Es sentir todo al volumen equivocado. Siempre.
La alegría es euforia. La tristeza es abismo. La frustración es rabia ciega. El aburrimiento es una tortura física. Y la vergüenza, esa es la peor. Porque la vergüenza con TDAH no dura cinco minutos. Dura semanas. Meses. Años. He recordado cosas vergonzosas que hice con 14 años y sentido el mismo bochorno que sentí en ese momento, como si acabara de pasar.
¿Y qué haces con todo eso?
Mira, no voy a venir aquí a decirte que respires hondo y cuentes hasta diez. Porque si pudieras hacer eso, ya lo habrías hecho. Tu cerebro no te da esos diez segundos. Te da medio.
Pero hay cosas que he aprendido a base de sillas pateadas y disculpas incómodas.
La primera: poner nombre a lo que sientes. No "estoy enfadado". Eso es demasiado genérico. Más bien: "estoy enfadado porque he interpretado ese comentario como un ataque personal y mi cerebro ha reaccionado antes de que pudiera pensar". Solo eso ya cambia algo. No siempre. Pero a veces baja el volumen lo suficiente como para no romper nada.
La segunda: salir de la escena. Físicamente. Si noto que la emoción me está subiendo, me voy. Al baño. A la calle. A otra habitación. No para evitar el problema. Para darle a mi cerebro los segundos que necesita para que la corteza prefrontal haga su trabajo. Porque si me quedo ahí, digo cosas que no quiero decir. Hablo antes de pensar y pienso después de arrepentirme. Y luego el arrepentimiento es otra emoción amplificada que me va a tener dando vueltas tres días.
La tercera: aceptar que esto es parte del pack. No va a desaparecer. No vas a "curarte" de sentir demasiado. Pero puedes aprender a surfear la ola en vez de dejar que te arrastre al fondo.
No eres demasiado. Tu cerebro simplemente no tiene filtro.
Esto es lo que nadie te dice y lo que más necesitas oír.
No eres demasiado intenso. No eres demasiado sensible. No eres demasiado dramático. Tu cerebro procesa las emociones de una forma diferente. Sin filtro. Sin regulador de volumen. Sin ese colchón que la mayoría tiene entre "siento algo" y "reacciono a algo".
Y eso te ha traído problemas. Con amigos que no entienden por qué te afecta tanto algo que para ellos no era nada. Con parejas que se cansan de tus subidas y bajadas. Con compañeros de trabajo que piensan que tienes mal carácter. Contigo mismo, sobre todo, que llevas años pensando que tu cerebro no tiene regulador de volumen emocional y que eso te convierte en alguien defectuoso.
No estás defectuoso. Estás desregulado. Y la diferencia entre esas dos cosas es enorme.
La silla del escritorio ya la arreglé. La rueda se salió con la patada pero encajó otra vez. Mi cerebro tardó un poco más en encajar. Pero después de muchas sillas, muchos portazos y muchas noches dándole vueltas a por qué soy así, la respuesta siempre es la misma.
No soy así. Mi cerebro es así. Y aprender a separarme de sus reacciones ha sido lo más difícil y lo más útil que he hecho en mi vida.
Si sientes que tus emociones van siempre a máxima potencia y no sabes si eso es normal o es algo más, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No diagnostica, pero en 10 minutos te da un punto de partida para entender qué le pasa a tu cerebro.
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