No exagero: mi cerebro no tiene regulador de volumen emocional

Paso de euforia a hundimiento en 10 minutos. No es ser dramático. Es un cerebro sin regulador de volumen emocional. Y se llama TDAH.

Ayer me reí tanto con un vídeo de un perro persiguiendo su cola que se me saltaron las lágrimas.

Era un vídeo de 8 segundos.

Un perro. Su cola. Fin de la historia.

Veinte minutos después estaba hundido en el sofá porque alguien canceló un plan que ni siquiera me apetecía demasiado. Y no un hundimiento leve, eh. Un hundimiento del tipo "la vida no tiene sentido, nada importa, todo es una farsa".

De un perro girando en círculos a un agujero existencial en menos de lo que tarda en calentarse la cena.

Y no, no soy bipolar. No tengo un trastorno del ánimo. Lo que tengo es un cerebro que procesa las emociones sin filtro, sin transición y sin regulador de volumen.

Todo me llega al máximo.

La alegría es euforia. La tristeza es un pozo. La frustración es un incendio. Y el paso de una a otra no tiene escala intermedia. Es como si alguien cogiera el mando de la tele de mis emociones y en vez de subir de 3 a 4 le diera directamente al 10.

¿Por qué siento todo tan intensamente?

Porque la desregulación emocional es la tercera pata del TDAH que nadie te cuenta.

Todo el mundo conoce las dos primeras: la falta de atención y la hiperactividad. Esas salen en los folletos, en los tests rápidos, en las conversaciones de sobremesa. "Ah, TDAH, eso es que no puedes concentrarte, ¿no?"

Sí. Y también es que un comentario cualquiera te puede arruinar el día entero. Que una buena noticia te pone tan arriba que parece que te ha tocado la lotería. Que una pequeña decepción se siente como un terremoto.

Pero eso no sale en los folletos.

La cosa funciona así: en un cerebro neurotípico, las emociones llegan, pasan por una especie de filtro, y se regulan. Suben, bajan, se estabilizan. Como un termostato que mantiene la temperatura más o menos constante.

En un cerebro con TDAH, ese termostato no funciona bien. Las emociones llegan a toda velocidad, sin frenar, sin pasar por ningún control. Y cuando llegan, llegan con todo. No es que tu cerebro no funcione, es que funciona con dopamina, no con disciplina. Y esa misma dopamina que te impide hacer la declaración de la renta es la que convierte un martes cualquiera en una montaña rusa emocional.

¿No es simplemente ser sensible?

No.

Ser sensible es que las películas tristes te hagan llorar. Que te emociones en una boda. Que un atardecer bonito te ponga melancólico. Eso es bonito.

Esto es diferente.

Esto es que te feliciten por un proyecto en el trabajo y estés eufórico durante una hora, hiperactivo, hablando a mil por hora, haciendo planes para conquistar el mundo. Y que dos horas después, porque alguien ha hecho un comentario que ni siquiera era negativo pero tu cerebro lo ha interpretado así, estés en el baño con ganas de que se abra la tierra.

Me dejaron en visto una vez y mi cerebro decidió que era el fin del mundo

Y la peor parte es que lo ves. Estás ahí, sintiéndolo todo a tope, y una parte de ti sabe que la reacción es desproporcionada. Sabes que no es para tanto. Sabes que mañana no te acordarás. Pero ahora mismo da igual lo que sepas porque la emoción ya te ha secuestrado.

¿Y la gente de fuera qué ve?

Ve drama.

Ven a alguien que se ríe demasiado fuerte. Que se enfada por algo que no debería importar. Que pasa de estar genial a estar fatal sin motivo aparente.

"Eres demasiado intenso." "No te lo tomes todo tan a pecho." "Relájate."

Relájate. La frase más inútil que le puedes decir a alguien cuyo cerebro no tiene freno de mano emocional. Es como decirle a alguien con miopía "mira mejor". Sí, tío, vale, gracias por el consejo. Voy a intentar que mi neurología coopere.

Y lo más frustrante es que empiezas a dudar de ti mismo. A pensar que quizá sí eres demasiado. Que quizá el problema es que necesitas endurecerte. Que la gente normal no reacciona así y algo estará mal contigo.

Algo está diferente contigo. Que no es lo mismo que estar mal.

¿Qué hago cuando la emoción me secuestra?

Porque te va a secuestrar. Eso no se puede evitar. Lo que sí puedes hacer es cómo gestionas los minutos que vienen después.

Cosas que a mí me funcionan:

Ponle nombre. En serio. En el momento que dices "esto es desregulación emocional, no es la realidad" algo cambia. No desaparece la emoción, pero le quitas el volante. Ya no conduce ella. Sigue gritando desde el asiento de atrás, pero al menos tú tienes las manos en el volante.

Espera antes de actuar. Nunca, jamás, tomes una decisión importante cuando la emoción está al máximo. Ni mandes ese mensaje. Ni contestes ese email. Ni llames a nadie. Dale 20 minutos. Solo 20. La emoción baja. Siempre baja. Es como una ola. Si no nadas contra ella, pasa.

Mueve el cuerpo. Suena a consejo de revista, pero en este caso es real. La emoción intensa es energía. Si no la sacas, se queda dentro girando en bucle. Sal a caminar 10 minutos. Haz flexiones. Lo que sea. Tu cuerpo necesita hacer algo con esa descarga.

Deja de fingir que no te pasa. Esto es lo que más me costó a mí. Aceptar que soy así. Que mis emociones son intensas, que van a seguir siéndolo, y que eso no me convierte en un problema. Me convierte en alguien que necesita estrategias diferentes.

Como esos días en los que tu cerebro funciona distinto y no puedes hacer nada por cambiarlo, solo entenderlo y trabajar con ello. Con las emociones pasa exactamente lo mismo. No las eliges. Pero puedes aprender a surfearlas en vez de ahogarte.

Lo que nadie te dice sobre las emociones y el TDAH

La desregulación emocional no es un extra. No es un bonus del pack. Es una parte central de cómo funciona un cerebro con TDAH. Y el hecho de que nadie te lo cuente no significa que no esté ahí. Significa que la conversación sobre TDAH sigue incompleta.

No es solo atención. No es solo hiperactividad. Es también esto. Las emociones a todo volumen. La alegría desbordante por algo que otros ni notarían. La tristeza aplastante por algo que mañana ni recordarás.

Y no, no exageras. Tu cerebro simplemente no tiene regulador de volumen. Y cuanto antes lo aceptes, antes dejas de pelearte contra ti mismo.

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Si te has reconocido en lo que acabas de leer, no te quedes con la duda. Un psicólogo o psiquiatra puede darte claridad de verdad.

Si mientras leías esto tu cerebro ha dicho "la hostia, esto me pasa", hice un test de TDAH que evalúa mucho más que la concentración. 43 preguntas, 10 minutos, y un perfil que incluye las cosas que los tests rápidos ignoran. Las que de verdad importan.

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