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No puedes hacerlo todo y lo sabes pero sigues intentándolo

"Llevas el marketing, las facturas, el soporte y los emails. Tu cerebro dice que nadie lo hará como tú. Y eso es justo el problema."

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Llevas todo tú. El marketing, la contabilidad, los emails, el soporte. Tu cerebro te dice que nadie lo hará tan bien como tú. Tiene razón. Y eso es justo el problema.

Porque "hacerlo todo tú" no es una estrategia. Es un mecanismo de supervivencia disfrazado de profesionalidad. Y funciona. Durante un tiempo. Hasta que un martes a las 14:30 te das cuenta de que llevas tres horas contestando emails que no generan un euro y todavía no has tocado lo que de verdad importa.

Pero no puedes parar. Porque si paras, se cae algo. Y si se cae algo, ha sido culpa tuya por no estar encima. Así que sigues. Como un malabarista al que le van añadiendo bolas y nadie le ha dicho que puede dejar alguna en el suelo.

¿Por qué tu cerebro no suelta el volante?

Porque soltar el volante implica confiar. Y confiar implica aceptar que otra persona lo hará diferente a como lo harías tú. No peor. Diferente. Pero tu cerebro no distingue entre "diferente" y "mal". Para él, si no lo controlas, se rompe. Si no lo revisas, falla. Si no lo haces tú, sale raro.

Y lo peor es que tiene pruebas. Porque aquella vez que delegaste algo salió regular. Y tu cerebro guardó esa experiencia como si fuera una sentencia judicial definitiva. "¿Ves? Nunca más. Yo me encargo."

Con TDAH esto se multiplica por diez. Tu cerebro ya tiene bastante lío gestionando sus propios impulsos como para encima gestionar la incertidumbre de que otra persona haga las cosas a su ritmo. Necesitas ver el resultado. Necesitas controlarlo. Necesitas que pase ahora, no cuando esa persona pueda.

Eso no es ser perfeccionista. Es tener un cerebro que no tolera el hueco entre "he pedido esto" y "ya está hecho".

¿Cuántas horas al día estás trabajando EN tu negocio en vez de PARA tu negocio?

Esta pregunta duele. Porque si eres sincero, la respuesta es casi todas.

Estás contestando comentarios. Maquetando una factura. Ajustando un color en la web. Buscando el mejor plugin para una cosa que podrías resolver en cinco minutos si le pidieras ayuda a alguien. Pero pedirle ayuda a alguien requiere explicar lo que quieres. Y explicar lo que quieres lleva tiempo. Y como tú ya sabes hacerlo, pues lo haces tú. Que es más rápido.

Es más rápido hoy. Y mañana. Y pasado. Hasta que llevas seis meses haciendo tareas de 15 minutos que se comen tu día entero y tu negocio no ha avanzado ni un milímetro.

Si alguna vez has sentido que emprender con TDAH es un deporte de riesgo sin seguro médico, esto es parte de la carrera. La parte donde corres en círculos creyendo que avanzas porque estás sudando mucho.

El disfraz del "soy más rápido haciéndolo yo"

Es la frase trampa. La que te dice tu cerebro cada vez que alguien te ofrece ayuda. "No, déjalo, que lo hago yo en un momento." Y lo haces. En un momento. Pero ese momento se repite 40 veces al día. Y cada una de esas 40 veces es una decisión que tomas sin pensar.

Porque no es que seas más rápido. Es que el proceso de delegar te genera más ansiedad que el proceso de hacerlo. Explicar, esperar, revisar, corregir. Cuatro pasos. Tu cerebro los ve y se apaga. Igual que cuando ve un formulario de Hacienda. Mejor lo hago yo, piensa. Y lo hace. Otra vez.

Es como intentar vaciar el mar con un cubo. Cada cubo es rápido. Pero el mar sigue ahí. Y tú cada vez más cansado, más mojado, y más convencido de que nadie mueve cubos como tú.

El resultado es previsible. Tu cuerpo avisa antes de romperse y tú le dices que luego. Le dices que cuando cierres este proyecto descansas. Que cuando automatices tal cosa respiras. Que cuando contrates a alguien delegas. Siempre hay un "cuando" entre tú y el descanso. Y ese "cuando" nunca llega.

¿Y si el problema no es que no quieras delegar?

¿Y si el problema es que tu cerebro asocia soltar control con peligro?

Porque para un cerebro con TDAH, el control es la única herramienta que tiene para no perderse. Si yo controlo todo, nada se me escapa. Si yo reviso todo, nada falla. Si yo toco todo, sé dónde está cada pieza. Es un sistema de compensación. Uno que montaste sin darte cuenta hace años, cuando el mundo te enseñó que si no estabas encima de las cosas, se te olvidaban.

Y tenía sentido entonces. Cuando eras tú solo, con tus cosas, gestionando tu vida.

Pero ahora tienes un negocio. Y un negocio no es tu vida. Es un sistema. Y los sistemas que dependen de una sola persona no escalan. Se rompen. Normalmente de madrugada. Normalmente cuando tú ya no puedes más.

¿Te suena eso de no poder levantarte de la cama y tener un negocio que gestionar? No es casualidad. Es la consecuencia directa de un cerebro que lleva meses haciendo el trabajo de tres personas y diciéndose que es normal.

Lo que nadie te cuenta sobre soltar

Soltar no se siente bien. No hay un momento zen donde dices "ah, qué liberación". Soltar se siente como caer. Como perder el control. Como esa sensación de que algo va a salir mal y tú no vas a estar ahí para arreglarlo.

Y sabes qué. A veces sale mal. Alguien entrega algo con un error. Un email sale con una falta. Un cliente recibe una respuesta que tú habrías escrito de otra forma. Y no se hunde el mundo. El cliente no se va. La empresa no quiebra. La tierra sigue girando.

Lo que sí pasa es que tú recuperas dos horas de tu día. Y con esas dos horas puedes pensar. Planificar. Crear. Hacer lo que solo tú puedes hacer, en vez de lo que cualquiera podría hacer si le dejaras.

Pero para llegar ahí tienes que atravesar el miedo. Y el miedo no se va con una lista de tareas delegables ni un organigrama bonito. Se va con práctica. Con soltar una cosa pequeña. Ver que no se rompe nada. Soltar otra. Y otra. Hasta que tu cerebro empiece a recalibrar su definición de "peligro".

Porque el peligro de verdad no es que otra persona haga algo diferente a como lo harías tú.

El peligro de verdad es que tú sigas intentando hacerlo todo hasta que no puedas hacer nada.

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Si cada tarea se convierte en "lo hago yo que es más rápido" y siempre pensaste que era control, quizá no lo es. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro no suelta el volante.

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