Tu negocio funciona pero estás aburrido y eso es más peligroso que fracasar
Tu negocio va bien, tus clientes están contentos, y tú estás pensando en montar otra cosa. Con TDAH, el éxito aburre más que el fracaso.
Los números van bien. Los clientes están contentos. El negocio funciona. Y tú estás mirando por la ventana pensando en montar otra cosa. No estás loco. Estás aburrido. Y un emprendedor aburrido es más peligroso que uno arruinado.
Porque el arruinado tiene hambre. Tiene foco. Tiene ese pánico precioso que hace que te levantes a las seis de la mañana y trabajes como si te fuera la vida en ello. Pero tú ya no tienes nada de eso. Tienes ingresos estables, un sistema que funciona y la sensación permanente de que te estás pudriendo por dentro.
Bienvenido a la meseta. La fase del emprendimiento de la que nadie habla porque no queda bonita en un post de LinkedIn.
¿Por qué lo que funciona te aburre más que lo que no funciona?
Porque tu cerebro no se alimenta de resultados. Se alimenta de novedad.
Montar el negocio fue apasionante. Cada día era un problema nuevo. Un incendio que apagar. Una decisión que tomar con la mitad de la información y el doble de adrenalina. Tu cerebro estaba en su salsa. Dopamina a chorros. Cada pequeña victoria era una fiesta. Cada fracaso era un reto.
Pero ahora el negocio rueda. Y rodar es lo peor que le puede pasar a un cerebro que necesita estímulos constantes para funcionar. Es como tener un coche de carreras y obligarlo a dar vueltas a un parking. Técnicamente se mueve. Pero no va a ningún sitio nuevo.
Y eso que tienes entre manos, esa inquietud de estar desaprovechando tu potencial mientras todo va bien, no es ingratitud. Es tu cerebro pidiéndote a gritos algo que resolver. Algo que no sepa cómo termina. Algo que dé miedo. Porque emprender con TDAH es exactamente eso: necesitar el riesgo para sentirte vivo.
¿Es ambición o es huida?
Esta es la pregunta incómoda que nadie te hace.
Porque desde fuera parece ambición. "Quiero crear algo nuevo, expandirme, diversificar." Suena genial en una bio de Instagram. Pero si eres honesto contigo mismo, la mitad de las veces no es que quieras crear algo nuevo. Es que quieres dejar de sentir el vacío de lo que ya existe.
Y hay una diferencia enorme entre las dos cosas.
La ambición construye sobre lo que funciona. Añade capas, mejora procesos, escala lo que ya has probado que el mercado quiere. La huida abandona lo que funciona para empezar de cero en otro sitio. Con la excusa de que "esto ya no me llena". Como si un negocio rentable fuera un yogur caducado.
El problema es que con un cerebro que busca novedad como un perro busca palos en el parque, distinguir una de otra es casi imposible. Ambas se sienten igual de urgentes. Ambas te suenan a "esto es lo que necesito hacer ahora". Y las dos te ponen el mismo brillo en los ojos cuando las describes.
La diferencia real está en lo que pasa tres meses después. La ambición sigue ahí cuando se acaba la emoción inicial. La huida se convierte en otro proyecto a medio hacer que se pudre en una carpeta de Notion.
¿Y si el aburrimiento es el enemigo real?
Aquí va lo que nadie te dice: el aburrimiento mata más negocios que la falta de dinero.
Un emprendedor sin pasta busca pasta. Tiene un objetivo claro. Pero un emprendedor aburrido con el negocio funcionando empieza a tomar decisiones raras. Lanza un producto que nadie le pidió. Cambia la marca "porque necesita un refresh". Mete una funcionalidad nueva cada semana porque quieto no puede estar. Contrata a alguien no porque lo necesite sino porque gestionar personas es un reto nuevo.
Y de repente, ese negocio que funcionaba solo empieza a necesitar atención constante. No porque haya crecido, sino porque le has metido complejidad innecesaria para entretenerte. Es como el que se aburre en casa y adopta un tercer perro. Ahora tienes más movimiento, sí. Pero también tienes tres perros.
Suena absurdo pero es exactamente lo que pasa cuando tu cerebro te dice que cada lanzamiento es un desastre: no es que las cosas vayan mal. Es que tu percepción está rota. Y esa misma distorsión funciona al revés: cuando todo va bien, tu cerebro te dice que algo falla. Que deberías estar haciendo más. Que esta calma es sospechosa.
¿Cómo convives con un negocio que funciona sin sabotearlo?
Primer paso: aceptar que el aburrimiento no se va a ir. No es un bug, es una feature de tu cerebro. Vas a sentirlo siempre que algo se estabilice. Es tu línea base. Y cuanto antes dejes de interpretarlo como "necesito cambiar todo" y empieces a verlo como "mi cerebro está pidiendo novedad, no destrucción", mejor.
Segundo: busca novedad dentro de lo que ya funciona. No necesitas otro negocio. Necesitas un reto nuevo dentro del mismo. Optimizar algo. Automatizar algo. Probar un canal que no has tocado. Escribir de forma distinta. Hablar con clientes de una manera que no has probado. El cerebro no distingue entre "novedad de verdad" y "novedad percibida". Cualquier cambio pequeño puede romper la monotonía sin romper el negocio.
Tercero: haz un pacto contigo mismo. Antes de montar nada nuevo, el negocio actual tiene que estar delegado, documentado y funcionando sin ti durante al menos dos semanas. Si no puedes irte quince días sin que todo se incendie, no tienes un negocio. Tienes un empleo con más ansiedad y menos vacaciones.
Y cuarto: ten un sitio donde quemar la energía sobrante que no sea tu negocio. Un deporte, un hobby, un proyecto personal que no tenga que dar dinero. Porque si toda tu necesidad de novedad la canalizas hacia tu empresa, vas a acabar rediseñando la web cada tres meses y cambiando de nicho cada seis.
No estás roto. Estás en una fase que no tiene manual.
Nadie te prepara para la meseta. Los libros de emprendimiento hablan de cómo empezar, cómo escalar, cómo sobrevivir al primer año. Pero nadie te dice qué hacer cuando el negocio funciona y tú sientes que deberías estar contento pero no lo estás.
Y si encima tu motivación no funciona como la de los demás, si no te basta con mirar la facturación y sentirte realizado, la meseta se convierte en un campo de minas. Cada día tranquilo es un día en el que tu cerebro busca el botón de autodestrucción.
No lo pulses.
Porque lo que tienes funciona. Y lo que funciona se puede mejorar, transformar, hacer crecer. Sin tirarlo a la basura. Sin empezar de cero. Sin esa fantasía de que "el próximo proyecto sí será el bueno".
Este ya es el bueno. Solo que tu cerebro todavía no se ha enterado.
---
Si tu negocio funciona pero tu cerebro ya está pensando en otra cosa y siempre creíste que era falta de compromiso, quizá no lo es. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué lo que funciona te aburre.
Sigue leyendo
Estás en la cena pero tu cabeza está en el email de las 17:04
Estás presente pero no estás. Tu cerebro con TDAH no sabe apagar el ruido del trabajo. La productividad real no va de tareas, va de poder estar donde importas.
El interruptor no funciona y tus clientes siguen esperando
Sabes lo que tienes que hacer. Tienes el deadline. Y no puedes mover un dedo. Cuando tu TDAH le cuesta clientes a tu negocio.
Si esto no funciona me veo en Mercadona
Cada emprendedor tiene su Mercadona. Ese lugar al que irás a parar si todo sale mal. El miedo a fracasar es el mejor motor que existe.
Monté una empresa a los 22 y no podía ni pagar un café
Monté mi primera empresa de software a los 22. Fracasé. No podía pagar ni un desayuno. Esta es la historia que no cuento en LinkedIn.