Dejar la nevera abierta durante horas: los despistes que cuestan dinero
Abriste la nevera, cogiste otra cosa y la puerta se quedó abierta 4 horas. Con TDAH, los despistes domésticos cuestan dinero real.
Era un yogur.
Abriste la nevera, cogiste otra cosa, y la puerta se quedó abierta. 4 horas después, todo a temperatura ambiente. La leche, el queso, los tuppers del domingo. Todo tibio. Todo inservible.
Y lo peor no es la comida. Lo peor es que ni siquiera sabes en qué momento exacto te fuiste. Porque no hubo un momento. No pensaste "voy a dejar la nevera abierta". Simplemente tu cerebro vio algo en la encimera, luego recordó que tenía que contestar un mensaje, luego fue al baño, luego se sentó "un momento" a mirar el móvil. Y la nevera siguió ahí. Abierta. Sola. Como esperando a que alguien se acordara de ella.
Nadie se acordó.
¿Por qué mi cerebro no registra que he dejado la nevera abierta?
Porque tu cerebro no funciona con listas de tareas pendientes ordenaditas. Funciona con estímulos. Y cerrar una puerta de nevera no es un estímulo. Es una acción automática, repetitiva, invisible. De esas que el cerebro debería hacer en piloto automático.
El problema es que con TDAH, el piloto automático tiene agujeros.
Tu memoria de trabajo, la que se encarga de mantener en la cabeza lo que estás haciendo mientras haces otra cosa, va justa. Muy justa. Es como una mesa de escritorio diminuta donde solo caben dos carpetas. Abres la nevera, coges el yogur, y esas dos carpetas ya están ocupadas. "Cerrar la puerta" se cae de la mesa. Literalmente desaparece de tu cerebro.
No es despiste. Es que tu sistema operativo no tiene suficiente RAM para mantener la tarea activa mientras otra cosa te llama la atención.
Y esto no pasa solo con la nevera. Pasa con la puerta de casa, el grifo, la vitrocerámica. Pasa con el horno que dejaste encendido a las 7 y descubriste a las 11. Son variaciones del mismo fallo: tu cerebro cierra la pestaña de "acción pendiente" antes de que la hayas completado.
¿Cuánto dinero cuesta realmente este despiste?
Más del que crees.
La comida que tiras después de dejar la nevera abierta medio día puede ser 20, 30, 40 euros fácilmente. Depende de lo llena que estuviera. Pero eso es solo la parte obvia.
La parte no obvia es la energía. Una nevera abierta varias horas tiene que trabajar el doble para recuperar la temperatura. El motor fuerza, el consumo se dispara, y si pasa muchas veces, la vida útil del electrodoméstico se acorta. No es que vayas a fundir la nevera por dejarla abierta una vez. Pero si te pasa cada semana, o cada dos semanas, el acumulado es real.
Y luego está la comida que caduca sin que la veas. Porque con TDAH no solo dejas la nevera abierta. También olvidas lo que hay dentro hasta que huele raro. Compras cosas que ya tenías. Tiras cosas que acabas de comprar. El ciclo es agotador y caro.
Si sumases todo lo que pierdes al año en despistes domésticos así, te darían ganas de llorar. O de reírte. Probablemente las dos cosas.
¿Se puede hacer algo o estoy condenado a la nevera abierta eterna?
Se puede. Pero no con fuerza de voluntad.
Decirte "acuérdate de cerrar la nevera" es como decirle a alguien con miopía "esfuérzate por ver". El problema no es la intención. El problema es el hardware.
Lo que sí funciona son los avisos externos. Cosas que sustituyan a tu memoria de trabajo:
Una nevera que pite. Muchas neveras modernas tienen alarma si la puerta lleva abierta más de un minuto. Si la tuya no la tiene, hay sensores baratos que hacen lo mismo. 10 euros y te ahorras 200 al año en comida tirada.
La regla de cerrar antes de moverte. Suena simple, pero es un truco de secuencia: no te mueves de delante de la nevera hasta que la puerta esté cerrada. No coges el yogur y te vas. Coges el yogur, cierras, y luego te vas. Entrenas la secuencia como un bloque, no como dos acciones separadas.
Poner algo en el suelo. Esto parece una tontería, pero funciona. Si necesitas tener la nevera abierta mientras cocinas, pon algo visible en medio de la cocina que te moleste. Una silla, un cojín, lo que sea. Algo que te obligue a pensar "¿por qué hay un cojín aquí?" y te devuelva al contexto.
Ninguna de estas soluciones requiere que tu cerebro funcione distinto. Requieren que el entorno compense lo que tu cerebro no hace solo.
No es solo la nevera
La nevera abierta es un ejemplo. Uno de tantos. Pero representa algo más grande: la cantidad de energía, dinero y autoestima que se pierde cada día en cosas que el resto del mundo hace sin pensar.
Cerrar una puerta. Apagar un fuego. Guardar la leche.
Para ti, cada una de esas acciones invisibles es una oportunidad para que tu cerebro se vaya a otro sitio. Y cuando se va, no avisa. No deja una nota. Simplemente desaparece. Y tú te encuentras a las 4 de la tarde con la nevera abierta, la compra destrozada, y esa vocecita que te dice "es que eres un desastre".
No eres un desastre. Tienes un cerebro que procesa la realidad de forma distinta. Y cuando lo entiendes, dejas de culparte y empiezas a buscar soluciones que de verdad funcionen.
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