Automatizar para sobrevivir: menos decisiones, más cerebro libre
Automaticé la compra, la ropa y media vida. No por eficiencia. Porque mi cerebro con TDAH no puede decidir qué cenar cada noche sin colapsar.
Automaticé la compra del supermercado.
La misma lista, el mismo día, la misma hora, el mismo pedido online. No porque me guste comer lo mismo. Porque no puedo permitirme gastar energía mental en decidir qué comer cada semana.
Y antes de que pienses "qué triste", escucha esto: desde que lo hago, no he vuelto a abrir la nevera vacía un martes a las 10 de la noche preguntándome cómo he llegado a esto. Ni he vuelto a pedir un kebab porque la idea de ir al súper me parecía una misión imposible. Ni he vuelto a tirar comida podrida porque la compré con buenas intenciones y luego mi cerebro decidió que cocinar era opcional.
La automatización no es un lujo de persona organizada.
Es una estrategia de supervivencia para un cerebro que gasta batería en cosas que otros hacen sin pensar.
¿Por qué tu cerebro se agota antes de que hagas nada?
Porque cada decisión cuesta energía. Y tu cerebro con TDAH tiene menos para gastar.
No es que seas vago. Es que tu cerebro trata cada microdecisión como si fuera una decisión importante. Qué desayunar. Qué ponerte. Cuándo ducharte. Si contestas ese mensaje ahora o luego. Si haces esa llamada o la dejas para mañana. Si empiezas por el email del trabajo o por la factura que llevas posponiendo dos semanas.
Para un cerebro neurotípico, esas cosas van en piloto automático. Las hace sin pensar, como respirar. Para un cerebro con TDAH, cada una de esas decisiones pasa por el mismo circuito que usa para decidir si aceptas un trabajo nuevo o te mudas de ciudad.
Todo pesa lo mismo. Y cuando todo pesa lo mismo, te agotas antes de las 11 de la mañana. Tu cerebro no distingue entre "qué calcetines me pongo" y "qué hago con mi vida". Los procesa con la misma intensidad. Y eso es lo que hace que tengas 47 tareas pendientes y no puedas empezar ninguna. No es que sean muchas. Es que tu cerebro las está procesando todas a la vez, todo el rato, en segundo plano.
Así que la pregunta no es "cómo me organizo mejor". La pregunta es "cuántas decisiones puedo eliminar".
La filosofía del mínimo viable
Mi armario tiene 5 camisetas negras. Iguales.
La gente piensa que es minimalismo. Que lo hago por estética. Que tengo un concepto elevado de la simplicidad. No. Lo hago porque si abro el armario y hay 15 opciones, mi cerebro se bloquea. Y si mi cerebro se bloquea eligiendo una camiseta, ya he quemado energía que necesitaba para trabajar.
El truco no es tener fuerza de voluntad. Es diseñar tu vida para que la fuerza de voluntad no sea necesaria.
Eso es lo que hace automatizar. No te convierte en un robot. Te quita de encima las decisiones que no importan para que puedas dedicar tu cerebro a las que sí.
Y funciona en todo. No solo en la ropa.
La compra. Las facturas. Los recordatorios. Las respuestas a mensajes. Las rutinas de limpieza. Las citas médicas. Todo lo que se pueda poner en piloto automático, debería estar en piloto automático. Porque cada cosa que automatizas es una decisión menos que tu cerebro tiene que tomar. Y cada decisión menos es un poco más de batería para lo que de verdad importa.
¿Qué se puede automatizar y qué no?
Todo lo que tiene una respuesta predecible se puede automatizar.
Si la respuesta a "qué voy a desayunar" es siempre la misma, no es una decisión. Es una rutina. Y las rutinas no gastan batería. Las decisiones sí.
Yo automaticé esto:
La compra semanal. Siempre la misma lista base. Siempre el mismo día. Siempre online. Si quiero algo extra, lo añado, pero la base no cambia. No tengo que pensar. No tengo que ir al supermercado y salir con 14 cosas que no necesitaba.
El desayuno y la cena entre semana. Tres opciones rotativas. No un menú gourmet. Tres cosas que sé hacer, que me gustan, y que no requieren pensar. Entre semana no necesito creatividad culinaria. Necesito comer.
La ropa de trabajo. Cinco camisetas iguales. Dos pantalones iguales. No hay decisión. Abro el cajón, cojo lo primero, y listo.
Las facturas. Domiciliadas todas. Cada una se paga sola el día que toca. No hay un "me acuerdo de pagar la luz". No hay un post-it en la nevera. No hay un susto a fin de mes.
Los recordatorios. Alarmas para todo lo que no puede fallar. Citas, medicación, llamadas, plazos. No porque sea despistado. Porque mi cerebro borra cosas de la memoria de trabajo como si tuviera un plazo de caducidad de 30 segundos.
¿Y no se vuelve aburrido vivir así?
Esta es la objeción que más me hacen.
"Pero Rubén, ¿no te aburres de comer siempre lo mismo? ¿De vestir siempre igual? ¿No es un poco triste?"
Sabes qué es triste de verdad. Llegar a las 8 de la noche tan agotado mentalmente que no puedes disfrutar de nada. Tener la nevera vacía porque la idea de planificar una compra te pareció un Everest. Cancelar planes con amigos porque ya no te queda energía después de haber tomado 300 microdecisiones innecesarias durante el día.
Eso sí es triste.
Comer lo mismo el martes y el jueves no es triste. Es liberar espacio en tu cabeza para las cosas que sí importan. Para las conversaciones. Para los proyectos. Para estar presente cuando estás con alguien en vez de estar pensando en si has pagado la factura del gas.
No automatizo para ser un robot. Automatizo para ser más humano donde cuenta.
Empieza por una cosa
No tienes que automatizar tu vida entera este fin de semana. Eso sería lo más TDAH del mundo: diseñar un sistema perfecto de 47 automatizaciones, dedicarle un domingo entero, quemarte, y no volver a tocarlo jamás.
Empieza por una cosa.
Una sola decisión que tomas todos los días y que podrías eliminar. La ropa. El desayuno. La compra. La hora a la que te levantas. Lo que sea.
Ponla en piloto automático durante dos semanas. Sin negociar. Sin "hoy hago una excepción". Dos semanas con esa decisión ya tomada de antemano.
Y observa qué pasa.
Porque lo que pasa es que llegas a las 6 de la tarde con un poco de batería que antes no tenías. Y ese poco de batería es la diferencia entre pedir comida a domicilio tirado en el sofá y tener energía para hacer algo que te importa. Es la diferencia entre un cerebro que funciona con dopamina y no con disciplina y un cerebro que ya ha gastado toda su dopamina antes de mediodía en cosas que no merecían ni un segundo de atención.
Tu cerebro tiene un límite de decisiones al día. No puedes ampliarlo. Pero sí puedes decidir en qué lo gastas.
Automatiza lo que no importa. Guarda la batería para lo que sí.
Si esto te suena demasiado familiar, quizá no es que seas desordenado. Quizá es que tu cerebro funciona diferente. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Pero son 10 minutos que pueden cambiar cómo te ves a ti mismo.
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