El diálogo interno con TDAH: la voz que nunca para de criticarte
Con TDAH, tu voz interior no conversa contigo. Te juzga, te machaca y te recuerda cada error. Así funciona y así se para.
No necesitas que nadie te critique. Tu cabeza ya lo hace las 24 horas.
Con TDAH, el diálogo interno no es una conversación. Es un juicio permanente sin abogado defensor. Tú contra ti, todo el rato, sin descanso, sin filtro.
Y lo peor no es que exista. Lo peor es que llevas tanto tiempo escuchándolo que ya ni lo identificas como algo externo. Lo confundes con la realidad. Con lo que eres.
La radio que no se apaga
Imagina que te levantas por la mañana y alguien enciende una radio dentro de tu cabeza. Pero no es una radio normal. Es una radio que solo tiene una emisora, y esa emisora se dedica exclusivamente a repasar todo lo que has hecho mal.
"Ayer tardaste tres horas en contestar ese email."
"Dijiste que ibas a empezar el gimnasio el lunes. Es jueves."
"Mira cómo te han mirado en la reunión cuando te has perdido la mitad."
"Normal que no te tomen en serio."
Y así. Sin pausa. Sin botón de volumen. Sin botón de apagar. Desde que te levantas hasta que te acuestas. A veces también mientras intentas dormir, que es cuando la radio sube el volumen porque no tiene ningún otro ruido con el que competir.
Esa radio es tu diálogo interno. Y con TDAH, viene amplificada de serie.
¿Por qué mi voz interior es tan dura conmigo si tengo TDAH?
Porque llevas años acumulando pruebas en tu contra.
No es una frase dramática. Es literal. Tu cerebro funciona como un archivo judicial, pero solo guarda los expedientes de las veces que la has cagado. Las veces que llegaste tarde. Las veces que se te olvidó algo importante. Las veces que prometiste y no cumpliste.
Con TDAH, eso pasa más a menudo. No porque seas peor persona, sino porque tu cerebro no regula bien la atención, la memoria de trabajo, el control de impulsos. Fallas en cosas que para otros son automáticas. Y cada fallo, por pequeño que sea, se convierte en una pieza más del caso que tu voz interior está montando contra ti.
"Ves, otra vez."
"Siempre igual."
"Es que no cambias."
El problema es que no tienes un abogado defensor. Tu cerebro no archiva con el mismo entusiasmo las veces que sí lo hiciste bien. Las veces que resolviste algo en el último segundo, las veces que tuviste una idea brillante, las veces que alguien te dijo algo bonito y no te lo creíste porque tu voz interior fue más rápida.
Solo guarda las pruebas de cargo. Y con esas, construye un relato que se repite en bucle: no eres suficiente.
El tribunal permanente
Hay gente que cuando comete un error piensa "bueno, me he equivocado" y pasa página.
Con TDAH no funciona así.
Con TDAH, un error del martes se convierte en un pensamiento recurrente el miércoles, en una conclusión sobre tu valía el jueves, y en un motivo para no intentar nada nuevo el viernes. Todo conecta con todo. Tu cerebro no suelta. No cierra pestañas. No archiva y pasa al siguiente asunto.
Se queda ahí, dándole vueltas, sacando conclusiones cada vez más gordas a partir de datos cada vez más pequeños.
Llegas cinco minutos tarde a una cita. Tu cabeza no piensa "he llegado tarde". Tu cabeza piensa "siempre llego tarde, soy un desastre, no puedo ni hacer algo tan básico como ser puntual, normal que todo me salga mal".
De un dato puntual a una sentencia sobre tu identidad entera. En tres segundos. Sin posibilidad de recurso.
Y ese tribunal no cierra nunca. No tiene festivos. No tiene vacaciones. Funciona las 24 horas, los 7 días, los 365 días del año. Alimentando una vergüenza crónica que va calando tan despacio que no la notas hasta que un día te das cuenta de que te disculpas por existir.
No eres tu voz interior
Esto es lo más importante que voy a decir en todo el post, así que lee despacio.
Tu voz interior no eres tú. Es un mecanismo. Un patrón que se ha formado con los años, alimentado por cada suspenso, cada olvido, cada "es que tú siempre..." que te han dicho o que te has dicho a ti mismo.
Es un sistema de protección que se ha pasado de frenada. Tu cerebro aprendió que si te machacan antes de que te machaquen otros, duele menos. Si ya te has dicho que eres un desastre antes de que alguien te lo diga, el golpe es más suave.
Pero es mentira. No duele menos. Solo duele antes.
Y la solución no es "piensa en positivo" ni "repite afirmaciones frente al espejo". Eso es poner una pegatina bonita encima de una grieta estructural.
La solución empieza por algo más simple: notar la voz. Pillarla cuando aparece. Decir "anda, ahí estás otra vez" en lugar de creerla automáticamente. No pelear con ella. Solo verla. Porque cuando la ves, deja de ser tú y pasa a ser algo que te pasa. Y dejas de sentirte culpable por no ser "normal", porque entiendes que ese juicio interno nunca fue justo.
No es fácil. No se arregla en un día. Pero el primer paso es dejar de confundir la voz del juez con la tuya.
Tu cabeza no es el enemigo
Lo parece. Lo parece mucho. Cuando llevas horas escuchándote decir que no vales, que no puedes, que siempre igual, parece que tu cabeza está en tu contra.
Pero no lo está. Tu cabeza está intentando protegerte. Lo hace fatal, eso sí. Con técnicas de los años 80 y un presupuesto de cero. Pero la intención original no era destruirte. Era prepararte para el golpe.
El problema es que cuando toda tu vida has recibido golpes por cosas que no podías controlar (porque no sabías que tenías TDAH, o porque lo sabías pero no tenías herramientas), tu sistema de protección se ha sobredimensionado hasta convertirse en lo que más daño te hace.
No necesitas silenciar esa voz. Necesitas entender de dónde viene. Y cuando la entiendes, pierde volumen sola. No desaparece. Pero baja de ser un grito a ser un murmullo de fondo con el que puedes convivir.
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