Ser maestro de infantil con TDAH: 25 niños y un adulto que también se dispersa
25 niños hablando a la vez y tú, el adulto con TDAH, has perdido el hilo. Ser maestro de infantil con TDAH es posible, pero nadie te enseñó cómo.
25 niños de 4 años. Todos hablan a la vez. Todos necesitan algo diferente. Y tú, el adulto que se supone que controla la situación, acaba de perder el hilo de lo que estaba haciendo hace 30 segundos.
Bienvenido a ser maestro de infantil con TDAH.
No es un chiste. Es un martes a las 10 de la mañana. Hugo se ha metido una pieza de Lego en la nariz, Lucía llora porque alguien le ha quitado el rotulador morado, tres niños corren alrededor de las mesas y tú estabas explicando algo sobre las estaciones del año pero ya no recuerdas si ibas por primavera o por otoño.
Y lo peor no es el caos. Los niños de infantil son caos puro, eso ya lo sabías. Lo peor es que tu cerebro también lo es. Y nadie en la carrera de magisterio te preparó para gestionar 25 pequeños tornados cuando tu propia cabeza es el tornado número 26.
¿Se puede ser buen maestro con TDAH?
Sí. Siguiente pregunta.
Es broma. Bueno, no del todo. La respuesta corta es sí, claro que se puede. Pero la respuesta larga tiene matices que vale la pena desgranar, porque "poder" no significa que sea fácil ni que el camino sea el mismo que para cualquier otro maestro.
El TDAH en un aula de infantil es una paradoja brutal. Por un lado, tu cerebro necesita estímulos constantes para funcionar. Y un aula de infantil es la fiesta de los estímulos. Colores, gritos, movimiento, preguntas, canciones. Tu cabeza está en su salsa. Te mueves entre rincones con una energía que otros profesores envidian. Conectas con los niños de una forma natural porque tú también piensas en saltos, en asociaciones raras, en "¿y si hacemos un volcán con bicarbonato?".
Pero por otro lado, la gestión invisible del aula es un infierno para un cerebro que no regula. Las programaciones. Los informes. La reunión con los padres de Hugo (sí, otra vez la pieza de Lego). Los registros de evaluación. La coordinación con el equipo de orientación. Todo eso requiere lo que más le cuesta a un cerebro con TDAH: planificación, memoria de trabajo y no perder papeles importantes.
Y ahí es donde la cosa se complica.
¿Por qué infantil es diferente a cualquier otra etapa?
Porque en infantil no te sientas a dar clase y los niños escuchan. Eso no existe. En infantil eres actor, enfermero, mediador de conflictos, limpiador de mocos y cantante profesional. Todo a la vez. Todo el rato.
Un maestro de secundaria puede tener un mal día de TDAH y sobrevivir: pone un ejercicio del libro y se sienta. En infantil no hay libro. No hay ejercicio. Si tú paras, todo se desmonta. Eres el centro de un sistema solar de 25 planetas que orbitan a tu alrededor y si pierdes la gravedad durante cinco minutos, hay un niño colgado de la estantería.
Eso suena agotador. Y lo es. Pero también tiene una ventaja enorme: nunca te aburres.
El aburrimiento es el kriptonita del TDAH. En un trabajo de oficina donde todo es rutina, un cerebro con TDAH se muere lentamente. En infantil no hay dos minutos iguales. Tu cerebro tiene estímulo constante, novedad constante, problemas que resolver en tiempo real. Y eso, para un cerebro que funciona con dopamina y no con disciplina, es combustible puro.
El problema es que el combustible se gasta. Y cuando llegan las 14:00 y los niños se van a casa, tú te quedas con la versión administrativa del trabajo. La que no tiene dopamina. La que es papeleo, reuniones y rellenar tablas de Excel con objetivos curriculares.
¿Qué pasa con todo lo que no se ve?
Esto es lo que nadie cuenta. Que ser maestro no es solo dar clase. Es un iceberg. Lo que los niños ven es la punta. Debajo hay horas de preparación, documentación, coordinación, burocracia.
Y para un cerebro con TDAH, la parte de abajo del iceberg es donde se hunde el Titanic.
Pierdes las notas de seguimiento. Entregas las programaciones fuera de plazo. Se te olvida enviar la circular a los padres. Llegas a la reunión de ciclo sin haber leído el acta anterior. Y tu compañera de al lado, que tiene su archivador color coded con pegatinas de estrellitas, te mira como diciendo "¿en serio?".
Y tú piensas que eres un desastre. Que no vales para esto. Que quizá deberías haber elegido otra profesión.
Pero no eres un desastre. Tu cerebro simplemente necesita un sistema diferente al de tu compañera del archivador de estrellitas. Y eso no te lo enseñaron en la carrera. Porque a los adultos con TDAH nadie les explica que su cerebro funciona con otras reglas.
¿Qué estrategias funcionan de verdad en el aula?
No voy a darte la típica lista de "usa una agenda y pon alarmas". Eso ya lo has intentado. Y la agenda lleva dos semanas perdida debajo de un montón de fichas de plastilina.
Lo que sí funciona:
Rutinas inamovibles. Tu cerebro no puede depender de la improvisación para lo importante. La asamblea siempre a la misma hora, con la misma estructura. Los rincones siempre con el mismo sistema de rotación. Los materiales siempre en el mismo sitio. No porque seas rígido, sino porque cada decisión que tu cerebro no tiene que tomar es energía que puedes usar para lo que importa.
Externalizar la memoria. Tu memoria de trabajo es limitada. Asúmelo y ponle solución. Un cartel enorme en la pared con la rutina del día. Un temporizador visual que los niños puedan ver (y tú también). Listas de clase plastificadas con velcro para marcar quién ha traído la autorización. Todo lo que pueda estar fuera de tu cabeza, fuera de tu cabeza.
Moverse. Siempre. Esto en infantil es fácil porque el formato lo permite. No te sientes en la mesa del profesor. Camina entre los niños. Agáchate. Siéntate en el suelo con ellos. Tu cuerpo necesita moverse para que tu cerebro funcione, y en infantil eso no es un problema. Es una ventaja.
Pedir ayuda sin vergüenza. A la PT, a la AL, a la compañera del aula de al lado. Los maestros con TDAH que intentan hacerlo todo solos acaban fundidos. Los que construyen una red de apoyo sobreviven. Y además, en infantil el trabajo en equipo no es opcional. Es supervivencia.
¿Y los niños del aula que también tienen TDAH?
Aquí viene lo bueno. Porque si hay alguien que puede entender a un niño con TDAH, es un adulto con TDAH.
Ves al niño que no para de moverse y no piensas "es un maleducado". Piensas "su cuerpo necesita moverse para escuchar". Ves a la niña que se distrae con la mosca de la ventana y no piensas "no le interesa lo que explico". Piensas "su cerebro ha encontrado algo más estimulante y no puede evitarlo".
Esa empatía no se enseña en ningún máster. Viene de haberlo vivido.
Y los niños lo notan. Notan que les entiendes. Que no les castigas por ser como son. Que les das alternativas en vez de broncas. Que cuando Pablo no puede estarse quieto en la asamblea, le dejas sentarse en la pelota de yoga en vez de gritarle que se esté quieto.
Ser maestro de infantil con TDAH te da una conexión con esos niños que otros adultos tardan años en desarrollar. No porque seas mejor. Sino porque hablas su idioma.
La parte que duele
Hay días malos. Días en los que llegas a casa tan agotado que no puedes ni hablar. Días en los que el ruido de 25 niños te ha saturado el sistema nervioso y necesitas silencio absoluto durante horas.
Hay trimestres en los que sientes que no llegas. Que las programaciones se acumulan, que los informes se te echan encima, que siempre hay algo que se te ha olvidado.
Y hay momentos de duda real. De pensar "quizá no soy apto para esto". De compararte con compañeros que parecen llevarlo todo al día sin despeinarse.
Pero eso no es ser mal maestro. Es tener un cerebro que procesa el mundo de forma diferente y estar metiéndolo a presión en un sistema que no fue diseñado para él.
La docencia en España tiene muchas cosas buenas. Pero flexibilidad administrativa no es una de ellas. Y los maestros con TDAH pagan ese precio todos los días.
Lo que nadie te dice cuando estudias magisterio
Que vas a ser el maestro favorito de los niños que nadie entiende. Que vas a inventar actividades que a ningún compañero se le habrían ocurrido. Que tu energía va a contagiar a toda el aula. Que tu capacidad de improvisar cuando todo se va al traste va a salvarte más veces de las que crees.
Y también que vas a necesitar más estructura que nadie. Más descanso que nadie. Más compasión contigo mismo que nadie.
Porque ser maestro de infantil con TDAH no es imposible. Es agotador, caótico, frustrante y maravilloso. A partes iguales. Todo el rato.
Y si después de leer esto te sientes identificado, no te falta vocación. Te falta un cerebro que coopere con la burocracia. Que es muy distinto.
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