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Olvidar que dejaste el horno encendido: cuando el TDAH se vuelve peligroso

No es un despiste. Es llegar a casa y encontrar el horno encendido 4 horas. Con TDAH, los olvidos peligrosos son más comunes de lo que crees.

tdah

No es solo un despiste gracioso. Es llegar a casa y encontrar el horno encendido desde hace 4 horas. Y que no sea la primera vez.

Lo peor no es el susto. Lo peor es la voz en tu cabeza que dice "otra vez". Otra vez te has ido de casa sin apagar algo. Otra vez has puesto en peligro tu casa, tus cosas, tu gato, tu tranquilidad. Y no puedes culpar a nadie. Porque tú encendiste el horno. Tú metiste la bandeja. Y tú te fuiste a hacer otra cosa como si el horno no existiera.

Porque para tu cerebro, durante esas 4 horas, el horno no existía.

¿Por qué el TDAH te hace olvidar cosas peligrosas?

Tu cerebro funciona con un sistema de prioridades. En un cerebro neurotípico, la información "hay fuego encendido en mi casa" se queda en primer plano, como una pestaña fija del navegador que no puedes cerrar. El cerebro la mantiene ahí, activa, molestando, hasta que haces algo con ella.

Con TDAH, esa pestaña se cierra sola.

No es que no te importe. No es que seas irresponsable. Es que tu memoria de trabajo tiene la capacidad de un vaso de chupito. Cabe lo que está pasando ahora mismo, y poco más. El horno estaba ahí cuando lo encendiste. Pero entonces sonó el móvil. O te acordaste de un email. O viste que la ropa tendida ya estaba seca. Y tu cerebro, que no funciona con disciplina sino con dopamina, se fue detrás del nuevo estímulo como un perro detrás de una paloma.

El horno dejó de existir. Así de simple. Así de aterrador.

¿Es normal que pase esto?

Normal entre comillas. Es frecuente. Más de lo que la gente admite. Porque da vergüenza.

Da vergüenza decir "he dejado el gas encendido tres veces este mes". Da vergüenza admitir que has quemado más sartenes que un estudiante Erasmus en su primer piso. Da vergüenza que tu pareja ya no confíe en dejarte solo en la cocina sin preguntar "¿has apagado todo?".

Y cuando lo cuentas, la respuesta suele ser "es que tienes que estar más atento". Como si no lo supieras. Como si la solución a un cerebro que no retiene información temporal fuera simplemente querer retenerla más fuerte.

Eso es como decirle a alguien miope que mire con más ganas.

La realidad es que los olvidos peligrosos con TDAH no son despistes de persona despistada. Son fallos de un sistema de memoria de trabajo que no funciona como debería. Y cuando ese fallo afecta a cosas como fuego, agua, llaves, puertas o niños, deja de ser un "ay, qué cabeza tengo" y se convierte en algo serio.

No es solo el horno

El horno es el ejemplo que todo el mundo entiende. Pero la lista es larga.

Salir de casa con las llaves puestas por fuera. Dejar el coche en marcha en el parking. Olvidar que habías puesto agua a hervir hasta que la olla se queda seca y empieza a oler a quemado. Perder las llaves, la cartera, el móvil por décima vez en el mismo mes. Dejarte la puerta de casa sin cerrar con llave. Olvidar que tenías una cita médica. Dos veces seguidas.

Y hay otros olvidos que no ponen en peligro tu casa, pero sí tus relaciones. Olvidar cumpleaños. Olvidar promesas. Olvidar conversaciones enteras que tuviste ayer. Tu pareja te dice "te lo dije el jueves" y tú no recuerdas ni el jueves. Eso en la intimidad es demoledor.

El patrón siempre es el mismo: la información entra, tu cerebro la registra, y luego la suelta sin avisar.

¿Qué puedes hacer cuando tu cerebro no tiene alarma de incendios?

Ponérsela tú.

No es broma. La estrategia número uno para vivir con un cerebro que olvida cosas peligrosas es externalizar la memoria. Sacarla de tu cabeza y ponerla en el mundo real.

Temporizadores para todo. Metes algo al horno, pones un temporizador. No confíes en que te vas a acordar. No te vas a acordar. Ponlo en el móvil, ponlo en Alexa, ponlo en el reloj del horno si lo tiene. Y pon dos, por si ignoras el primero.

Checklist de salida. Una lista en la puerta de casa con las cosas que tienes que comprobar antes de salir. Horno, vitro, gas, llaves, cartera, móvil. Parece exagerado. Pero es menos exagerado que volver a casa desde el trabajo porque no recuerdas si has cerrado con llave.

Sistemas de seguridad que no dependen de tu cerebro. Vitrocerámica con apagado automático. Alarma de gas. Enchufes inteligentes con temporizador. Llaves con AirTag. Sí, estás compensando un déficit neurológico con tecnología. Bienvenido al siglo XXI.

Rutinas con anclajes. Si siempre haces las cosas en el mismo orden, tu cerebro automatiza. Y lo automático no se olvida. El problema del TDAH es lo que no está automatizado. Lo que depende de la memoria de trabajo, de "acuérdate de esto dentro de 20 minutos". Eso es lo que falla.

No eres un peligro. Pero tu cerebro necesita copiloto

La vergüenza es lo que más daño hace. Porque la vergüenza te impide hablar de ello. Y si no hablas de ello, no buscas soluciones. Te limitas a prometerte que "la próxima vez estarás más atento". Y la próxima vez pasa exactamente lo mismo.

Un cerebro con TDAH no es un cerebro roto. Es un cerebro que funciona con unas reglas distintas. Y cuando entiendes esas reglas, puedes montar un sistema que compense lo que tu memoria de trabajo no puede hacer sola.

El horno no se va a apagar solo. Pero tú puedes montar un sistema en el que no necesites acordarte de apagarlo.

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