La comida que caduca en tu nevera con TDAH: el cementerio de buenas intenciones
Compraste brócoli el lunes. Es viernes y ya es un experimento de biología. Con TDAH tu nevera es un museo de intenciones fallidas.
Compraste brócoli el lunes con la mejor intención del mundo. Es viernes y el brócoli lleva ahí cinco días convirtiéndose en un experimento de biología. Nadie te pidió que lo compraras. Nadie te obligó. Simplemente pasaste por la sección de verduras, viste el brócoli, y tu cerebro decidió que esta semana ibas a ser esa persona. La que cocina. La que come sano. La que tiene la nevera de un adulto funcional.
Con TDAH tu nevera es un museo de cosas que ibas a cocinar pero tu cerebro tenía otros planes.
El ciclo semanal de tu nevera con TDAH
Lunes: vas al supermercado con energía de guerrero. Compras verduras, pollo, arroz integral, yogures naturales, y esas hierbas frescas que no sabes ni cómo se llaman pero que quedaban bien en el vídeo de TikTok. Gasto total: 47 euros. Sensación: imparable.
Martes: abres la nevera, ves todo ahí perfectamente colocado, y piensas "hoy no me apetece cocinar, pero mañana seguro". Te haces unos macarrones con tomate.
Miércoles: llegas a casa reventado. Abres la nevera. Miras el pollo. Miras el brócoli. Miras las hierbas frescas que ya están un poco mustias. Cierras la nevera. Pides comida a domicilio. 12 euros más.
Jueves: ni abres la nevera. Cenas cereales directamente de la caja. Igual que cuando abriste la nevera 6 veces y cenaste cereales. El patrón se repite como un bucle infinito.
Viernes: abres la nevera y el olor te avisa de que algo ha muerto ahí dentro. El pollo está en las últimas. Las hierbas frescas son hierbas secas. El brócoli tiene un color que no sale en la paleta de Pantone. Tiras 20 euros de comida a la basura. Pides pizza.
Domingo: repites el ciclo. Porque tu cerebro ya olvidó lo del viernes. Porque el domingo por la mañana, de nuevo, eres esa persona que va a cocinar esta semana.
¿Por qué compras comida sana que luego nunca cocinas con TDAH?
No es pereza. No es que no te importe. Es que tu cerebro funciona con un sistema de recompensa que no encaja con "cocinar algo en 40 minutos para comer algo que no sabe especialmente bien".
Comprar la comida sí da recompensa. Es una acción rápida, visual, con resultado inmediato. Llenas el carro, pagas, llegas a casa con las bolsas, abres la nevera, lo colocas todo. Tu cerebro recibe un chute de dopamina brutal. Misión cumplida. Sensación de control. De "tengo la vida en orden".
Cocinar no da esa recompensa. Cocinar es lento, aburrido (para tu cerebro), y el resultado es un plato que te comes en 8 minutos y luego tienes que fregar. La relación esfuerzo/recompensa es desastrosa para un cerebro que necesita feedback constante.
Así que compras con la mejor versión de ti mismo. Y luego vives con la versión real. La que no tiene energía para pelar patatas a las 9 de la noche después de un día donde tu cerebro ya ha tomado 47.000 microdecisiones.
El coste invisible del brócoli podrido
Aquí viene lo que nadie te cuenta. Esa comida que tiras cada semana no es solo comida. Es dinero. Y se acumula.
Si tiras una media de 15-20 euros de comida a la semana, eso son 60-80 euros al mes. Entre 700 y 900 euros al año. En comida que compraste, que miraste desde fuera de la nevera, y que tiraste cuando ya olía raro.
Súmale las comidas a domicilio que pides porque "no hay nada en la nevera" (hay, pero cocinar requiere un esfuerzo que tu cerebro no está dispuesto a hacer a las 21:30 de un martes). Otros 100-150 al mes fácil.
Y luego la culpa. La culpa es gratis pero pesa más que todo lo demás. Porque cada vez que tiras comida piensas "soy un desastre", "no soy capaz ni de alimentarme como una persona normal", "estoy tirando dinero que no me sobra". Es la misma espiral que con el TDAH y el dinero: compras impulsivas, gastos invisibles, y la sensación de que el dinero se evapora sin que sepas exactamente cómo.
El problema no es la comida. Es el plan.
Tu plan de comida asume que el tú del martes a las 9 de la noche va a tener las mismas ganas de cocinar que el tú del domingo en el supermercado. Spoiler: no las tiene. Ni de cerca.
Comprar para toda la semana es planificar con el cerebro del domingo. Y el cerebro del domingo es un mentiroso compulsivo. Te dice que esta semana vas a hacer meal prep. Que vas a cocinar batch cooking. Que vas a tener tuppers preparados como un atleta olímpico.
El cerebro del martes vive en otra realidad. Una donde hay que fregar la sartén del lunes (que sigue en el fregadero), donde la receta que parecía fácil tiene 14 pasos, y donde pedir sushi por Glovo requiere exactamente 3 toques de pantalla contra los 40 minutos de cocinar ese pollo al curry que compraste con tanta ilusión.
La solución no es comprar menos. Es comprar diferente. Comprar para hoy. Máximo para mañana. Cosas que se cocinan en 10 minutos o que se comen directamente. Reducir la distancia entre "abro la nevera" y "estoy comiendo" a lo mínimo posible. Porque cada minuto extra que añades entre esos dos puntos es un minuto donde tu cerebro puede decidir que mejor pides comida.
Tu nevera cuenta tu historia
Si alguien abriera tu nevera ahora mismo, encontraría un archivo arqueológico de tus intenciones. Las cosas del fondo son las más antiguas. Los yogures caducados de hace dos semanas. El queso con un color sospechoso. Esa bolsa de espinacas que compraste porque "las espinacas tienen hierro y yo necesito hierro" y que ahora son una bolsa de líquido verde.
No eres un desastre. Eres una persona con un cerebro que compra con los ojos del optimismo y vive con la energía de la realidad. Y eso no se arregla con más fuerza de voluntad. Se arregla con un sistema que no dependa de que el tú del futuro sea mejor persona que el tú del presente.
Porque no lo va a ser. Va a ser el mismo. Y el mismo necesita que las cosas sean fáciles, rápidas, y que no requieran 40 minutos de preparación para un plato que se come en 8.
Tu nevera no es un cementerio de buenas intenciones. Es evidencia de que necesitas un plan que funcione con tu cerebro, no contra él.
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Si cada semana tiras comida, pides a domicilio lo que ibas a cocinar, y sientes que no eres capaz de algo tan básico como alimentarte bien, quizá el problema no es tu organización. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu nevera se parece más a un laboratorio que a la de un adulto funcional.
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