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El córtex prefrontal y el TDAH: el director de orquesta que se duerme

El córtex prefrontal decide qué es importante, cuándo empezar y cuándo parar. En el TDAH, ese sistema falla. Aquí te explico por qué y qué significa para tu día a día.

tdah

Tu cerebro tiene un director de orquesta.

Se llama córtex prefrontal. Su trabajo es decidir qué es importante, cuándo empezar, cuándo parar, y en qué orden hacer las cosas. En un cerebro con TDAH, ese director se duerme a media función.

Y mientras el director duerme, el resto de la orquesta improvisa.

¿Qué hace exactamente el córtex prefrontal?

Está en la parte delantera del cerebro, justo detrás de la frente. No es la zona del instinto ni de las emociones. Es la zona del control. La que frena impulsos, organiza el tiempo, mantiene el plan cuando el plan se complica.

Cuando tú decides acabar un informe antes de ponerte a mirar TikTok, eso es el córtex prefrontal trabajando. Cuando calculas que si tardas 20 minutos en llegar tienes que salir a las 10:40, eso también es él. Cuando recuerdas que ibas a hacer algo al entrar a una habitación, córtex prefrontal.

No es magia. Es neurología.

Y en el TDAH, ese sistema no funciona a pleno rendimiento. No es que esté roto. Es que necesita condiciones muy concretas para activarse, y las condiciones habituales de la vida adulta no las cumplen.

Por qué en el TDAH el director de orquesta se duerme

La respuesta corta es: dopamina.

Tu cerebro con TDAH no produce ni regula la dopamina como un cerebro neurotípico

No es debilidad. No es vaguería. Es que el sistema de señalización que activa el director de orquesta está fallando.

Y aquí está la parte cruel: el TDAH no afecta a la inteligencia. Tu córtex prefrontal puede ser perfectamente capaz de organizar una tarea compleja. Sabe exactamente qué hay que hacer. El problema es que no recibe la señal para ponerse a hacerlo. Es como un director de orquesta que conoce la partitura de memoria, pero cuando sube al escenario se queda paralizado porque el atril está vacío.

La capacidad existe. La ejecución falla.

Lo que falla cuando el córtex prefrontal no responde

Cuando el director duerme, pasan cosas concretas. Cosas que probablemente reconoces.

La memoria de trabajo falla. Entras a la cocina a por algo y al cruzar la puerta ya no sabes qué era. Empiezas a escribir una frase y a mitad pierdes el hilo. No es que no lo recuerdes: es que el córtex prefrontal no ha podido mantener esa información activa el tiempo suficiente.

La gestión del tiempo se desintegra. El TDAH tiene una relación muy particular con el tiempo: o es ahora o es nunca. No hay mañana, no hay dentro de una hora, no hay "lo hago cuando acabe esto". Todo lo que no es urgente desaparece del mapa.

La inhibición de impulsos no funciona. Ves algo brillante y tu atención va hacia allá, aunque estuvieras haciendo otra cosa. Dices lo que piensas antes de haberlo filtrado. Compras algo sin pensarlo dos veces. No es falta de carácter. Es que el frenador que debería activarse no lo hace.

La regulación emocional se tambalea. El córtex prefrontal también participa en modular las emociones. Cuando no funciona bien, las emociones llegan a toda velocidad y con toda su intensidad, sin el amortiguador que las hace manejables.

Y todo esto junto es lo que parece desde fuera: alguien que "podría hacerlo si quisiera". Que es listo pero vago. Que sabe perfectamente lo que tiene que hacer pero no lo hace.

No es falta de voluntad. Es que el sistema que convierte la intención en acción no está recibiendo suficiente señal.

¿Por qué a veces sí funciona?

Esta es la pregunta que todo el mundo se hace. Y la que más confunde, tanto a las personas con TDAH como a las que las rodean.

Si el córtex prefrontal falla, ¿cómo es que hay días en los que funciona todo? ¿Cómo es que puedes pasarte seis horas concentrado en un videojuego pero no puedes terminar un email de cinco párrafos?

Porque el sistema de dopamina tiene un truco: la novedad y el interés inmediato lo activan de forma artificial.

Cuando algo es nuevo, urgente, emocionalmente intenso, o genuinamente interesante para ti, el cerebro genera dopamina casi por su cuenta. El director de orquesta se despierta solo. Es la excepción que confirma la regla: no es que no puedas concentrarte. Es que tu cerebro necesita un estímulo concreto para encender el sistema.

El problema es que la vida adulta está llena de tareas que no son nuevas, ni urgentes, ni emocionalmente intensas. Son importantes pero aburridas. Y para esas, el director sigue durmiendo aunque tú quieras que se despierte.

El hiperfoco

Qué puedes hacer con esta información

Entender el córtex prefrontal no te cura el TDAH. Pero cambia la relación que tienes con tus propias dificultades.

Primero: deja de interpretar el fallo de ejecución como fallo de carácter. No es que no quieras. Es que el sistema que convierte querer en hacer no está funcionando como debería.

Segundo: las estrategias que funcionan en el TDAH tienen sentido cuando entiendes esto. Reducir decisiones, externalizar la memoria, crear urgencia artificial, usar temporizadores, trabajar en presencia de otra persona. No son trucos raros. Son formas de darle al córtex prefrontal el estímulo que necesita para activarse.

Tercero: la medicación tiene sentido desde aquí. Los fármacos para el TDAH no te convierten en otra persona. Aumentan la disponibilidad de dopamina en el córtex prefrontal. Le dan al director de orquesta el café que necesitaba para no quedarse dormido a mitad de la función.

Si tienes curiosidad sobre cómo funciona tu cerebro con TDAH de forma más general

El TDAH no es una cuestión de esfuerzo insuficiente. Es neurología. Y neurología no se arregla a base de intentarlo más fuerte.

Se aborda con información, con estrategias ajustadas a cómo funciona tu cerebro de verdad, y a veces con apoyo profesional.

El director de orquesta no está muerto. Solo necesita condiciones distintas para dirigir bien.

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Si reconoces este patrón y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico. Es un punto de partida para dejar de preguntarte si lo que te pasa tiene nombre.

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