No puedo elegir: la parálisis de decisión con TDAH
Netflix, YouTube, la nevera, otra vez Netflix. 20 minutos buscando y no eliges nada. No es indecisión. Es tu cerebro con TDAH colapsando.
Netflix. 20 minutos buscando qué ver. No eliges nada. Cierras Netflix. Abres YouTube. Otros 15 minutos. Cierras YouTube. Abres la nevera. La cierras. Vuelves a Netflix.
Y al final acabas en la cama mirando el techo pensando "ni siquiera he sido capaz de elegir una peli".
No es que seas indeciso. No es que no tengas criterio. Es que tu cerebro acaba de hacer 400 comparaciones simultáneas entre opciones que para él valen exactamente lo mismo. Y cuando todo vale lo mismo, no puede elegir nada.
Bienvenido a la parálisis de decisión con TDAH. La versión mental de quedarte plantado en mitad de un cruce sin saber a qué lado ir mientras los coches te pitan.
¿Por qué tu cerebro se bloquea al elegir?
Porque elegir requiere dopamina. Y tu cerebro no tiene suficiente.
Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina
Es como ir al supermercado con hambre pero sin lista de la compra. Todo te parece bien. Todo te parece mal. Sales con tres cosas que no necesitabas y sin lo que fuiste a buscar.
Y lo peor no es no elegir. Lo peor es el agotamiento que viene después. Porque tu cerebro ha estado trabajando a tope durante esos 20 minutos. Ha evaluado opciones, descartado, vuelto atrás, comparado, dudado. No has visto ninguna peli, pero has gastado más energía que si hubieras visto dos.
No es solo Netflix
Si fuera solo Netflix, no sería un problema. Sería una anécdota graciosa para contar con los amigos.
Pero es todo.
Es estar en un restaurante y que el camarero vuelva tres veces porque todavía no has decidido. Es pasar 40 minutos eligiendo qué cenar y acabar pidiendo una pizza porque es la opción que no requiere pensar. Es abrir la nevera 6 veces, no elegir nada y cenar cereales porque tu cerebro se ha rendido.
Es perder media mañana eligiendo por qué tarea empezar y no empezar ninguna. Es cambiar tres veces de ruta al trabajo porque no sabes cuál es la mejor. Es tardar 25 minutos en elegir qué camiseta ponerte y salir con la primera que pillaste.
Es contestar "me da igual, elige tú" a cada pregunta. No porque te dé igual de verdad. Sino porque elegir duele. Físicamente. Tu cerebro se cansa de comparar y te pide por favor que pares.
Y la gente piensa que eres fácil de contentar porque nunca eliges. Cuando la verdad es justo la contraria: no puedes elegir porque te importa demasiado.
¿Por qué las opciones son el enemigo?
Hay una paradoja que se llama "la paradoja de la elección". Cuantas más opciones tienes, peor decides. Y eso le pasa a todo el mundo, no solo a personas con TDAH.
Pero a un cerebro con TDAH le pasa multiplicado por diez.
Un cerebro neurotípico ve un menú de 50 platos, descarta los que no le gustan, se queda con 3 o 4, y elige. Proceso limpio, rápido, casi automático.
Tu cerebro ve un menú de 50 platos y empieza a evaluar los 50. A la vez. Sin filtro previo. Sin descartar nada. Porque descartar también requiere una decisión, y tu cerebro no quiere tomar ninguna. Así que se queda con las 50 opciones girando en bucle como ropa en una lavadora. Sin parar. Sin llegar a ningún sitio.
Por eso los menús degustación son un regalo para el cerebro con TDAH. Alguien ya eligió por ti. Solo tienes que decir sí.
La trampa del "y si"
Aquí viene la parte que nadie cuenta.
No solo te cuesta elegir. Es que después de elegir, te arrepientes. Siempre.
Pides la pasta y piensas "debería haber pedido la carne". Eliges la serie y a los 10 minutos piensas "seguro que la otra era mejor". Compras la camiseta azul y al llegar a casa estás convencido de que la negra era la buena.
Tu cerebro no solo tiene problemas para elegir. Tiene problemas para aceptar lo que eligió. Porque en cuanto tomas la decisión, empieza a generar escenarios alternativos. "¿Y si la otra opción era mejor? ¿Y si me he equivocado? ¿Y si estoy perdiéndome algo?"
Es agotador.
Y genera un bucle. La próxima vez que tengas que elegir, tu cerebro recuerda que la última vez te arrepentiste. Así que esta vez quiere asegurarse de elegir bien. Así que compara más. Evalúa más. Tarda más. Y al final no elige. O elige y vuelve a arrepentirse. Y el bucle sigue.
¿Cómo dejas de quedarte plantado en mitad del cruce?
No voy a darte una lista de 10 trucos. Tu cerebro no necesita más opciones. Necesita menos.
Lo primero: reduce opciones antes de que llegue el momento de elegir. Si Netflix te bloquea, crea una lista corta de 5 pelis cuando no tengas que decidir ahora. Así cuando llegues al sofá, no tienes 200 opciones. Tienes 5. Y 5 es manejable.
Lo segundo: pon un temporizador. 2 minutos para decidir. Lo que sea. Si no has elegido en 2 minutos, vas con la primera opción. No la mejor. La primera. Porque la mejor no existe. Es una ilusión que tu cerebro usa para mantenerte paralizado.
Lo tercero: acepta que te vas a arrepentir. Suena raro, pero funciona. Si ya sabes que vas a pensar "debería haber elegido la otra", puedes prepararte para ello. "Voy a elegir esta, me voy a arrepentir un poco, y luego se me va a pasar." Porque siempre se pasa. Siempre.
Y lo cuarto: deja de culparte por no poder elegir. No es un defecto de carácter. No es falta de personalidad. Es un cerebro que tiene un problema real con la priorización. Es el mismo mecanismo que hace que tengas 47 tareas pendientes y no puedas empezar ninguna. No es que no quieras. Es que tu cerebro no sabe por dónde empezar cuando todo parece igual de urgente, igual de válido, igual de irrelevante.
Elegir mal es mejor que no elegir
Esta es la frase que me cambió la cabeza.
Elegir mal es mejor que no elegir. Siempre. Porque no elegir no es una opción neutra. No elegir es quedarte en el sofá 45 minutos sin ver nada, sin comer nada, sin hacer nada. Es perder la noche entera. Es acostarte frustrado pensando "otro día que no he hecho nada" cuando en realidad has gastado toda tu energía en intentar decidir.
Una mala película dura 2 horas y se olvida. 45 minutos de parálisis te dejan agotado y con la autoestima por el suelo.
Así que la próxima vez que estés delante de Netflix sin poder elegir, pon lo primero que veas. Lo primero. Sin pensar. Y si es mala, la apagas a los 15 minutos y pones otra.
No es pereza lo que te paraliza. Es un cerebro que intenta ser perfecto en un mundo con demasiadas opciones. Y la solución no es ser mejor eligiendo. Es dejar de intentar elegir bien.
Elige rápido. Elige mal. Elige algo. Lo que sea es mejor que nada.
Si esto te suena demasiado familiar, igual no es que seas indeciso. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero es un punto de partida para entender por qué tu cerebro se bloquea. 10 minutos.
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