Volver al blog

El reloj invisible del TDAH: llegas tarde sin saber cómo ha pasado

Tenías 20 minutos de margen y has llegado tarde. El TDAH distorsiona tu percepción del tiempo y no es falta de interés. Es ceguera temporal.

tdah

Tenía 20 minutos de margen. VEINTE. Y he llegado tarde.

No sé cómo. No sé a dónde han ido esos 20 minutos. Se han evaporado como si nunca hubieran existido.

Estaba sentado en el sofá, vestido, con las llaves en la mano. Listo. Solo tenía que salir por la puerta. Y mi cerebro dijo: "Tienes tiempo de sobra, mira el móvil un segundo".

Un segundo.

Un segundo que han sido once minutos. Once minutos que no he sentido pasar. Y cuando he mirado la hora, ya no tenía 20 minutos de margen. Tenía menos dos. Menos dos y el abrigo a medio poner mientras corro escaleras abajo pensando "¿cómo es posible?".

Y la parte que más jode no es llegar tarde. Es que no hay explicación lógica. No me he puesto a hacer nada raro. No me he liado con un proyecto. Solo he mirado el móvil. Y el tiempo ha desaparecido. Como si alguien lo hubiera quitado del reloj con la mano.

¿Por qué el tiempo funciona diferente con TDAH?

Porque tu cerebro no tiene reloj interno.

Suena exagerado, pero no lo es tanto. Un cerebro neurotípico tiene una especie de metrónomo que le dice cuánto tiempo ha pasado. No es perfecto, pero funciona. Puede sentir la diferencia entre 5 minutos y 25. Sabe, más o menos, cuándo lleva mucho rato haciendo algo.

Un cerebro con TDAH no tiene eso. O lo tiene roto. O lo tiene a ratos. Tu percepción del tiempo depende completamente de lo que estés haciendo. Si te aburres, 5 minutos son una hora. Si estás enganchado a algo, una hora son 5 minutos. No hay punto medio. No hay "sensación razonable de cuánto tiempo ha pasado". Solo hay dos modos: el tiempo se estira o el tiempo se evapora.

Y eso explica por qué siempre llegas tarde a todo aunque lo intentes. Aunque te importe. Aunque pongas alarmas, recordatorios y post-its. Porque el problema no es que no tengas herramientas. El problema es que tu cerebro te miente sobre cuánto tiempo te queda.

El agujero negro de "solo un momento"

Esto es lo que pasa en la práctica.

Tienes que salir a las 10:00. Son las 9:40. Tu cerebro calcula: "Tengo 20 minutos, me sobra tiempo". Y ahí empieza el desastre.

Porque tu cerebro no sabe qué hacer con 20 minutos de margen. No son suficientes para empezar algo productivo, pero son demasiados para quedarte quieto esperando. Así que buscas algo para rellenar ese hueco. Y "algo" siempre es una trampa.

Miras Instagram. Contestas un mensaje. Abres una pestaña del navegador. Y cada una de esas acciones tiene el mismo problema: no tienen final definido. No hay un punto donde tu cerebro diga "ya está, se acabó". Son pozos sin fondo. Entras, bajas, y cuando sales han pasado cantidades absurdas de tiempo.

Es lo mismo que cuando 5 minutos se convierten en 45 sin que te des cuenta. La intención era "solo un momento". La realidad es que "un momento" con TDAH no tiene medida. No tiene fondo. Es una palabra vacía que tu cerebro traduce como "hasta que algo externo me interrumpa".

Y si nada te interrumpe, no sales.

La culpa de llegar tarde cuando lo intentas de verdad

Esto es lo que la gente no entiende.

Piensan que llegas tarde porque no te importa. Porque no respetas su tiempo. Porque eres desorganizado, irresponsable, egoísta.

Y tú te lo crees.

Te lo crees porque no tienes otra explicación. Porque no es que hayas estado haciendo algo importante. Estabas mirando el móvil. O atándote los zapatos. O buscando las llaves que tenías en la mano. No hay una razón de peso. Solo hay un agujero negro temporal que se ha tragado tus minutos de margen y te ha dejado corriendo por la calle con el abrigo a medio poner.

Y la culpa se acumula. Cada vez que llegas tarde, un poco más. Cada vez que alguien te mira con esa cara de "siempre igual", un poco más. Hasta que empiezas a llegar absurdamente pronto a los sitios, con una hora de margen, sentado en el coche sin hacer nada, solo para asegurarte de que esta vez no pasa.

Pero eso tampoco funciona siempre. Porque tu cerebro, en su infinita creatividad, es perfectamente capaz de convertir una hora de margen en llegar cinco minutos tarde. No importa cuánto colchón le des. El colchón se lo come. Como un gas que se expande hasta llenar todo el espacio disponible.

¿Se puede arreglar?

No del todo. Tu cerebro va a seguir distorsionando el tiempo. Eso no cambia.

Lo que cambia es cómo le haces frente.

Lo primero: acepta que no sabes cuánto duran las cosas. No lo sabes. Tu cálculo de "esto me lleva 10 minutos" siempre está mal. Siempre. Multiplica por dos lo que crees que te va a llevar cualquier cosa. ¿Crees que tardarás 10 minutos en vestirte? Son 20. ¿Crees que el trayecto son 15? Son 30. Es incómodo, pero estimar el tiempo con TDAH requiere asumir que tu intuición temporal está calibrada al revés.

Lo segundo: alarmas de salida, no alarmas de llegada. La mayoría de la gente pone la alarma a la hora a la que tiene que estar en el sitio. Eso con TDAH no vale para nada. Para cuando suena la alarma, ya es tarde. La alarma tiene que sonar a la hora a la que tienes que SALIR de casa. Y otra 10 minutos antes para empezar a prepararte. Y otra 5 minutos antes de esa para dejar lo que estés haciendo. Tres alarmas. Mínimo.

Lo tercero: elimina los huecos. Si tienes 20 minutos de margen, sal ya. No rellenes. No mires el móvil. No hagas nada. Sal. Llega pronto. Espera allí. Porque esos 20 minutos, en casa, no son tuyos. Son del agujero negro. Y el agujero negro siempre gana.

El reloj invisible

Lo llamo el reloj invisible porque eso es exactamente lo que es.

Todos funcionamos con un reloj que no vemos. Uno que nos dice "llevas mucho rato", "te queda poco", "ya es hora de salir". Y la mayoría de la gente no aprecia ese reloj porque siempre ha estado ahí. Es como el aire. No lo notas hasta que falta.

Con TDAH, falta. O va a su ritmo. O se para sin avisar. Y tú vives en un mundo que asume que todo el mundo tiene reloj. Que el tiempo pasa igual para todos. Que si tienes 20 minutos, tienes 20 minutos.

Pero no los tienes. Nunca los has tenido. Y no es pereza, no es dejadez, no es que te dé igual. Es que tu cerebro no mide el tiempo como los demás. Es así de simple. Y así de complicado.

Lo bueno es que cuando lo entiendes, dejas de pelearte contigo mismo. Dejas de buscar una explicación que no existe. Y empiezas a poner parches que funcionan de verdad. No porque arreglen el reloj, sino porque aceptan que está roto y trabajan con lo que hay.

Tres alarmas, cero huecos, y salir antes de lo que crees razonable.

No es elegante. Pero funciona.

---

Si te has visto en cada párrafo de esto y estás pensando "vale, pero ¿de verdad es TDAH o solo soy un desastre?", quizá es el momento de comprobarlo. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos. Y sí, la ironía de cronometrar un test sobre no saber medir el tiempo no se me escapa.

Relacionado

Sigue leyendo