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Ser arquitecto con TDAH: diseñar un edificio cuando no puedes diseñar tu día

Puedes visualizar un edificio entero pero no organizar tu escritorio. Ser arquitecto con TDAH es un contraste brutal que nadie te explica.

tdah

Puedes imaginar un edificio entero en tu cabeza. Cada planta, cada ventana, cada detalle de la fachada. Pero no puedes organizar tu escritorio ni entregar un plano a tiempo.

Bienvenido a ser arquitecto con TDAH.

Un sitio donde tu cerebro es capaz de sostener una visión espacial que ya quisieran muchos de tus compañeros de promoción, pero también es capaz de perder el pendrive con el proyecto final tres horas antes de la entrega. Un sitio donde la creatividad sobra y la gestión del tiempo parece un concepto inventado para torturarte.

Yo no soy arquitecto. Pero conozco esa sensación de que tu cabeza puede hacer cosas increíbles y a la vez no puede hacer cosas básicas. Y cada vez que hablo con alguien del gremio que tiene TDAH, me cuenta exactamente lo mismo: la parte de crear, genial. La parte de entregar, un desastre.

¿Por qué la arquitectura atrae a cerebros con TDAH?

Porque la arquitectura es un trabajo creativo con un componente visual brutal. Y los cerebros con TDAH se enganchan a eso como a un videojuego nuevo.

Piénsalo. Diseñar es resolver problemas tridimensionales. Es coger un terreno con restricciones y convertirlo en algo que funcione, que sea bonito y que no se caiga. Eso es dopamina pura para un cerebro que necesita estímulo constante.

La fase de ideación es donde el TDAH brilla. Esa parte en la que estás delante de un papel en blanco y empiezan a salir conexiones que nadie más ve. Materiales que nadie combinaría. Soluciones a problemas que tus compañeros ni siquiera han detectado. Ese caos creativo que para ti es un proceso y para los demás parece un trastorno.

El problema no es la creatividad. El problema es todo lo que viene después.

¿Dónde se complica todo?

En la parte que no mola. En la parte aburrida. En la parte que no da dopamina.

Un proyecto de arquitectura no es solo diseñar. Es cumplir normativa urbanística. Es hacer mediciones. Es revisar cálculos estructurales. Es documentar cada decisión. Es entregar en plazo. Es coordinar con ingenieros, con constructores, con el cliente que ha cambiado de opinión seis veces esta semana.

Y ahí es donde el cerebro con TDAH dice "paso".

No porque no puedas. Sino porque tu cerebro no distingue entre "esto es urgente" y "esto es importante". Para él, todo tiene la misma prioridad. O peor: la tarea aburrida pero crítica tiene menos prioridad que la tarea interesante pero secundaria.

Resultado: estás tres horas perfeccionando un render que nadie te ha pedido mientras el presupuesto de obra lleva una semana sin tocar.

Y encima te sientes culpable. Porque sabes que deberías estar con el presupuesto. Pero no puedes obligar a tu cerebro a hacer algo que no le estimula. Es como pedirle a un gato que pasee con correa. Técnicamente se puede. En la práctica, te arrastra por donde le da la gana.

¿Puede un arquitecto con TDAH destacar en su profesión?

Sí. Pero no jugando con las mismas reglas que los demás.

La trampa es intentar funcionar como un arquitecto neurotípico. Horarios lineales, tareas en orden, revisiones metódicas. Eso no va contigo. Y forzarlo solo genera frustración y la sensación de que empiezas muchas cosas y no terminas ninguna.

Lo que funciona es aceptar cómo trabaja tu cerebro y construir un sistema alrededor de eso.

Algunas cosas que he visto que funcionan:

Separar la fase creativa de la fase técnica. No intentes diseñar y documentar al mismo tiempo. Tu cerebro necesita modos distintos para cada cosa. Bloquea tiempo para crear (cuando tengas energía) y tiempo para la parte técnica (cuando no necesites inspiración, solo disciplina externa).

Poner alarmas para todo. Y cuando digo todo, digo todo. Entregas, reuniones, la hora de comer, la hora de parar. Tu noción del tiempo está rota. No como un reloj que va mal. Como un reloj que directamente no existe. Compénsalo con sistemas externos.

Trabajar con alguien que complemente tus puntos débiles. Si los detalles se te escapan, necesitas a alguien que los pille. No es debilidad, es inteligencia. Los errores por descuido en el trabajo son uno de los rasgos más frustrantes del TDAH, pero tener un sistema de revisión los reduce a la mitad.

Usar el hiperfoco a tu favor. Cuando entras en modo hiperfoco con un proyecto, puedes producir en cuatro horas lo que otros hacen en dos días. El truco es no depender de él, pero cuando aparezca, cabalgarlo como si fuera una ola.

La parte que nadie te cuenta en la universidad

En la carrera de arquitectura te enseñan a diseñar, a calcular, a presentar. No te enseñan a gestionar tu tiempo, tu energía, ni tu cabeza.

Y si tienes TDAH, eso es un problema gordo. Porque la carrera es larga (la leche si es larga), los proyectos son extensos, y la evaluación premia más la entrega perfecta que la idea brillante.

Muchos arquitectos con TDAH sobreviven a la carrera a base de noches sin dormir antes de cada entrega. El clásico "lo hago todo la última noche". Y funciona. Hasta que dejas de ser estudiante y te das cuenta de que no puedes entregar un edificio real la noche de antes.

El mundo profesional no tiene fecha de entrega con extensión posible. Tiene clientes que pagan. Tiene obras que empiezan. Tiene permisos que caducan. Y tu cerebro sigue funcionando como si tuviera quince años y el proyecto fuera para mañana.

No eres peor arquitecto. Eres un arquitecto diferente.

Los arquitectos con TDAH no fallan porque les falte talento. Fallan cuando intentan encajar en un molde que no está hecho para ellos.

Tu cerebro ve conexiones que otros no ven. Puede sostener una visión completa de un espacio antes de que exista. Puede pivotar una idea a mitad de proyecto y mejorarla en lugar de hundirla.

Eso no es un defecto. Eso es una ventaja competitiva. Pero solo si dejas de pelearte con las partes que no funcionan y empiezas a compensarlas.

No necesitas más disciplina. Necesitas más estructura. Y la diferencia entre las dos cosas es la diferencia entre darte cabezazos contra la pared y poner una puerta.

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