La mejor empresa que he montado nació de una comida con un desconocido
No fue LinkedIn. No fue un evento de networking. La mejor empresa que he montado nació de una comida con alguien que no conocía de nada.
No fue en un evento de networking con pegatinas de "Hola, me llamo..." pegadas en la solapa. No fue en LinkedIn. No fue en un webinar donde todo el mundo tiene la cámara apagada y finge que le importa.
Fue en una comida. Con alguien que no había visto en mi vida.
Y probablemente a ti también te va a pasar así. Si es que no te ha pasado ya.
¿Las mejores oportunidades de negocio nacen de LinkedIn o de comidas?
Spoiler: de comidas.
Piénsalo. Las tres o cuatro mejores cosas que te han pasado en lo profesional. Las que de verdad movieron la aguja. ¿Cuántas salieron de un formulario de LinkedIn? ¿Cuántas salieron de un café con alguien que te presentó un colega?
Exacto.
Yo escribí hace tiempo sobre lo que pueden cambiar tres cafés de 2 euros. Y no exageraba. De una de esas comidas con un desconocido salió la mejor empresa que he montado. Sin pitch. Sin slides. Sin "sinergia" ni "propuesta de valor" ni ninguna de esas palabras que la gente dice en eventos de networking mientras reparte tarjetas que nadie lee.
Café. Charla. Y cada uno a su casa.
Pero algo hizo clic.
¿Por qué el networking formal no funciona casi nunca?
Porque no tiene filtro.
Un evento de networking te mete en una sala con 200 personas que no tienen nada en común excepto que han pagado la entrada. Las probabilidades de encontrar a alguien con quien realmente encajes son las mismas que las de encontrar un buen kebab en un aeropuerto. Técnicamente posible. Prácticamente un milagro.
Y encima todo el mundo lleva una sonrisa ensayada y un elevator pitch memorizado. La gente te mira la solapa antes de mirarte a los ojos para saber si tu etiqueta dice algo que les interese. Todo el mundo busca algo de todo el mundo y nadie encuentra nada de nadie.
Pero cuando un amigo de confianza te dice "tienes que conocer a este tío", el filtro ya está hecho. Tu amigo sabe quién eres. Sabe quién es la otra persona. Y si te lo dice, es porque ha visto algo que tú todavía no ves. Esa criba informal vale más que cualquier algoritmo de matching.
Y luego te sientas a comer y pasan cosas. Sin intención. Sin estrategia. Un tío te cuenta su proyecto entre bocado y bocado, sin pretensión, sin intentar venderte nada, simplemente porque le apetece hablar de lo que hace. Y tú le cuentas lo tuyo. Y de repente hay algo ahí que ningún formulario de LinkedIn podría haber generado.
¿Por qué las empresas buenas nacen de conversaciones tranquilas?
Porque la desesperación es un pésimo socio fundador.
Cuando monté mi primera empresa a los 22, estaba solo. Sin experiencia, sin socio, sin nadie que me dijera "esto no tiene sentido" antes de que fuera demasiado tarde. Aquello salió regular. Y una parte del problema fue exactamente eso: tomar decisiones en el vacío.
Las mejores decisiones de negocio no se toman con el nudo en el estómago del "tiene que funcionar porque no tengo plan B". Se toman cuando estás tranquilo, con los números delante y con gente al lado que te dice las cosas como son.
Eso lo entendí cuando dejé mi trabajo para emprender a tiempo completo. No fue una decisión de urgencia. Fue una decisión de convicción. Y la convicción se construye en conversaciones, no en momentos de pánico.
Lo mismo pasa con los socios. Un socio que piensa exactamente como tú no es un socio. Es un eco. Lo que necesitas es alguien que complete lo que a ti te falta. Y eso no se encuentra en un formulario de matching. Se encuentra en una comida donde alguien dice algo que tú no habías pensado y tu cerebro hace un ruido raro, como un disco duro que arranca después de mucho tiempo apagado.
¿Dónde están entonces tus mejores oportunidades?
No están en tu bandeja de entrada de LinkedIn. No están en el próximo evento con café aguado y pegatinas de nombre. No están en el grupo de Telegram de emprendedores que comparten frases motivacionales a las 7 de la mañana como si eso pagara facturas.
Están en tus comidas. En tus cafés. En las conversaciones de las que no esperas nada.
Están en el colega que te dice "tienes que conocer a este tío" y tú dices que sí sin pensártelo porque confías en su criterio.
Están en decir que sí a una comida con un desconocido un martes por la tarde.
Las mejores cosas de mi carrera han venido de mesas, no de pantallas. De cafés de 2 euros, no de suscripciones premium. De gente que dice lo que piensa mientras parte el pan, no de perfiles optimizados con foto profesional y "Open to work" en el banner.
Puede que tu próxima oportunidad no esté en tu siguiente conexión de LinkedIn. Puede que esté en la próxima vez que alguien te diga "oye, tienes que conocer a este tío".
Di que sí. Lo peor que puede pasar es que comas bien.
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Si emprendes solo y te falta gente al lado que te diga las cosas claras, puedes montar tu propio equipo sin contratar a nadie. Yo tengo directivos de IA que discuten, votan y se frenan entre ellos. Te cuento cómo lo hice.
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