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Un amigo me dio tres consejos y me cambio el negocio entero

Oswaldo no era coach ni guru. Era un colega que tomaba café conmigo. Sus 3 consejos me dieron un canal viral, 6.000 suscriptores y un negocio real.

emprendimiento

No fue un mentor de pago. No fue un guru de internet con un Lamborghini alquilado y un anillo de podcast. Fue un colega que tomó café conmigo y me dijo tres cosas que valían más que cualquier masterclass de 2.000 euros.

Retorno de inversión de un café de 2 euros. Las escuelas de negocio deberían estar temblando.

¿Quién te dice la verdad cuando emprendes solo?

Cuando emprendes solo, todas las decisiones las tomas tú. Lo cual suena muy bien en un reel motivacional y muy mal a las 3 de la mañana cuando llevas 40 minutos dándole vueltas a si deberías cambiar el color de un botón o rehacer tu estrategia de contenido entera.

No hay jefe. No hay socio. No hay nadie que te diga "tío, eso es una idea de mierda" antes de que la ejecutes.

Y ese es el problema. Porque tu cerebro, cuando trabaja solo, empieza a dar vueltas sobre sí mismo como un hámster en una rueda. Muy activo. Cero progreso. Especialmente si tienes TDAH y tu cabeza ya de por sí salta de idea en idea como una rana en una sartén.

Yo lo descubrí de la peor forma posible: a base de decisiones que parecían geniales a las 2 de la mañana y que a las 10 de la mañana siguiente parecían escritas por un borracho con acceso a Canva.

Hasta que un tío llamado Oswaldo empezó a decirme cosas que no quería oír.

¿Quién es Oswaldo?

Oswaldo es un ex compañero de trabajo. Nos hicimos amigos hablando de Notion, de YouTube, de negocios, de cosas que a la mayoría de la gente le dan exactamente igual. Podíamos tirarnos horas en una cafetería hablando de cómo estructurar un canal o de por qué tal modelo de negocio no tenía sentido.

No tiene marca personal. No vende cursos. No tiene newsletter. No tiene nada de lo que el mundo del marketing te diría que necesitas para que tu opinión valga algo.

Simplemente es un tío que ve las cosas desde fuera. Y eso, cuando estás metido hasta el cuello en tu propio proyecto, vale más que cualquier auditoría de negocio.

Lo mencioné brevemente cuando conté por qué dejé mi trabajo. Era el amigo que me decía que era el momento de dar el salto. Pero lo que no conté es que mucho antes de ese salto, Oswaldo ya me había dado tres consejos en tres cafés diferentes que cambiaron absolutamente todo.

Consejo 1: "Haz vídeos de Notion"

Estábamos en una cafetería de Zaragoza. Yo le estaba contando que tenía ganas de hacer algo con YouTube pero no sabía de qué hablar. Notion me encantaba, lo usaba para todo, pero no me parecía un tema "suficiente".

Oswaldo me miró como se mira a alguien que dice que no tiene hambre delante de un buffet libre.

"Tío. Haz vídeos de Notion."

Así. Sin powerpoint. Sin análisis de mercado. Sin estudio de keywords. Un colega, un café, una frase.

Le hice caso.

El resultado fue un canal de YouTube que llegó a tener un vídeo con 700.000 visitas y 37.000 descargas de una plantilla de Notion. Que luego no vendí nada con ese vídeo es otra historia. Pero el consejo de Oswaldo fue el que encendió la mecha.

Retorno de inversión del café: incalculable.

Consejo 2: "Monta una newsletter"

Unos meses después. Otro café. Le estaba contando que tenía visitas en YouTube pero que no sabía cómo convertir eso en algo. Que la gente veía los vídeos, descargaba cosas y desaparecía como fantasmas educados.

"Monta una newsletter."

Yo en ese momento pensaba que las newsletters eran algo que mandaban los bancos para avisarte de que te iban a subir las comisiones. No me sonaba a estrategia de negocio. Me sonaba a spam institucional.

Pero le hice caso. Otra vez.

Hoy el Correo Diario tiene cerca de 6.000 suscriptores y es la principal fuente de ingresos de mi negocio. Texto plano. Sin diseño bonito. Sin fotos de stock de gente sonriendo con portátiles. Solo yo escribiendo a las 2 de la mañana como si le hablara a un colega.

Retorno de inversión de ese segundo café: todavía lo estoy contando.

Consejo 3: "Deja de intentar gustar a todo el mundo"

Este fue el que más me costó aceptar.

Tercer café. Yo le estaba enseñando métricas, ideas de vídeos, posibles colaboraciones. Le estaba contando que quería llegar a más gente, que quería ampliar el público, que quería no sé qué de engagement y alcance.

Oswaldo se quedó callado un momento. Y luego dijo algo que se me quedó grabado como si me lo hubiera tatuado:

"Deja de intentar llegar a todo el mundo y habla para los que ya te escuchan."

Me fastidió oírlo. Porque yo quería más. Más visitas. Más suscriptores. Más todo. Es el impulso natural del que emprende: si un poco funciona, mucho funcionará mejor.

Pero Oswaldo tenía razón. Estaba diluyendo mi mensaje intentando ser relevante para gente que nunca me iba a comprar nada. Estaba haciendo contenido genérico para agradar a extraños en vez de contenido honesto para las personas que ya estaban ahí.

Cuando dejé de perseguir números y empecé a escribir como si le hablara a la gente que ya me leía, todo cambió. Los correos vendían más. Los vídeos conectaban más. Y yo disfrutaba más haciéndolos.

Retorno de inversión de ese tercer café: mi cordura.

El advisory de 2 euros

Hay una industria entera construida alrededor de la idea de que necesitas un mentor, un coach, un mastermind de 5.000 euros al año o un retiro estratégico en Bali para tomar buenas decisiones de negocio.

Y no digo que eso no funcione para mucha gente. Pero los tres mejores consejos que he recibido en mi vida vinieron de un tío que no cobra, que no tiene marca personal y que simplemente ve las cosas desde fuera porque no está metido en el barro conmigo.

Oswaldo es mi advisory informal. Mi consejo de administración de una persona con un cortado.

Las mejores oportunidades de negocio nacen de comidas, no de LinkedIn. De cafés de 2 euros con gente que te conoce de verdad y que no tiene ningún incentivo para decirte lo que quieres oír. Que te dice "eso es una idea de mierda" sin preocuparse de que le dejes una mala reseña.

Lo que aprendí de tres cafés

Tres consejos. Tres cafés. Tres frases cortas dichas sin pretensión de ser profundas.

Y de ahí salió un canal de YouTube, una newsletter con miles de personas, y un cambio de mentalidad que probablemente me ahorró años de dar vueltas en círculos.

No necesitas un mentor caro. Necesitas una persona honesta. Una persona que no tenga nada que venderte y que no se juegue nada diciéndote la verdad.

Si la tienes, invítala a un café. El retorno de inversión puede ser ridículo.

Y si no la tienes, búscala. No en un evento de networking con pegatinas de nombre. No en un grupo de Telegram. En tu vida real. En las comidas. En las cervezas. En las conversaciones de las que no esperas nada.

Si no tienes un Oswaldo, puedes montar uno con IA. Yo tengo 5 directivos en mi empresa y ninguno cobra nómina. Te cuento cómo funciona aquí.