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¿Tenía Cleopatra TDAH? La reina que hablaba 9 idiomas

Cleopatra hablaba 9 idiomas, tomaba decisiones impulsivas y tenía energía inagotable. ¿Curiosidad extrema o algo más? Una investigación honesta.

tdahfamosos

Cleopatra hablaba nueve idiomas.

No uno. No dos. Nueve.

Egipcio, griego, etíope, árabe, hebreo, arameo, medo, parto y latín. Y probablemente alguno más que los historiadores no se pusieron de acuerdo en contar.

Eso en una época en la que la mayoría de los reyes ni siquiera aprendían el idioma del pueblo que gobernaban. Los Ptolomeos, la dinastía de Cleopatra, llevaban tres siglos en Egipto y seguían hablando griego entre ellos. Cleopatra fue la primera de su linaje en tomarse la molestia de aprender egipcio.

¿Obsesión? ¿Política? ¿O un cerebro que no podía dejar de absorber información?

Eso es lo que vamos a intentar desmontar hoy. Con honestidad, porque diagnosticar a alguien que murió hace dos mil años no es exactamente lo mismo que pasarle el DSMV a tu vecino.

¿Por qué alguien investiga esto?

Antes de entrar en materia, tengo que ser claro en algo.

Este post no es un diagnóstico. Nadie puede diagnosticar a Cleopatra. No tenemos acceso a su historial médico, a su infancia, a sus patrones de comportamiento cotidianos. Lo que tenemos son textos escritos por personas que la conocieron, por personas que la odiaban, y por personas que llegaron cientos de años después a interpretar todo eso.

La distancia histórica hace imposible diagnosticar. Si alguien te dice lo contrario, está vendiendo algo.

Lo que sí podemos hacer es fijarnos en los rasgos documentados y preguntarnos si encajan con lo que hoy conocemos como TDAH. Igual que hacemos con Alejandro Magno o con otros líderes con TDAH a lo largo de la historia.

Es un ejercicio de curiosidad, no de certeza.

La evidencia a favor: un cerebro que no paraba

Empecemos por lo que sí sabemos.

Cleopatra no era solo políglota. Era una erudita reconocida por Plutarco, quien escribió que su conversación "tenía un encanto al que era imposible resistirse" y que su voz era "como un instrumento de muchas cuerdas". No era solo guapa y poderosa. Era, según las fuentes, extraordinariamente inteligente y absorbente.

Eso de los idiomas no es un dato menor. Aprender nueve lenguas requiere una motivación interna brutal. No se hace por obligación. Se hace porque algo en tu cerebro disfruta de ese proceso de manera casi compulsiva.

La curiosidad extrema y la hiperfocalización en múltiples áreas son rasgos clásicos del TDAH. Y Cleopatra los tenía en abundancia: matemáticas, astronomía, filosofía, política, medicina. No era una reina que delegaba el conocimiento. Era alguien que quería entenderlo todo por sí misma.

Luego está la impulsividad política.

Sus alianzas con César y con Marco Antonio no fueron movimientos calculados durante meses en una sala de guerra. Fueron decisiones rápidas, atrevidas, que implicaban riesgos enormes. Presentarse ante César envuelta en una alfombra es exactamente el tipo de acción que mezcla creatividad, impulsividad y una absoluta falta de miedo al ridículo.

Funcionó. Pero podría haber sido una catástrofe.

La energía inagotable también aparece en las fuentes. Gestionaba un reino, negociaba con Roma, tenía hijos, mantenía relaciones políticas complejas y, aparentemente, encontraba tiempo para estudiar y aprender. Eso no es lo que hace alguien con un cerebro que funciona en modo ahorro de batería.

La evidencia en contra: el problema de la distancia

Aquí viene la parte incómoda.

Todo lo que acabo de escribir se puede interpretar de otras muchas maneras.

Aprender nueve idiomas puede ser ambición política pura. Si quieres negociar sin intérpretes, aprendes los idiomas de tus aliados y tus enemigos. No necesitas TDAH para eso. Necesitas visión estratégica.

La impulsividad de sus decisiones puede ser audacia calculada. Los buenos líderes a veces toman decisiones que parecen impulsivas desde fuera pero que internamente han evaluado en segundos con información que los demás no tienen.

Y la energía. Pues mira. Hay gente con mucha energía sin TDAH. Siempre la ha habido.

El problema real es que no podemos distinguir estos rasgos en contexto. No sabemos si Cleopatra era impulsiva o estratégica. No sabemos si tenía hiperfocalización o simplemente disciplina feroz. No sabemos si su cerebro saltaba de tema en tema o si tenía la capacidad de concentración más envidiable de la historia.

Hay otro problema: el sesgo del superviviente. Las fuentes que tenemos sobre Cleopatra fueron escritas por griegos y romanos que tenían sus propios intereses. Muchos de sus comportamientos "impulsivos" podrían ser interpretaciones distorsionadas de alguien que actuaba fuera de las normas de género de su época.

Una mujer que toma decisiones rápidas y atrevidas en el siglo I a.C. no era "impulsiva con posible TDAH". Era una anomalía que amenazaba el orden establecido, y eso dejaba huella en cómo la describían.

Lo que sí podemos decir

Hay algo que sí está claro.

Cleopatra tenía un perfil cognitivo poco común. La combinación de curiosidad insaciable, capacidad de aprendizaje en múltiples áreas, toma de decisiones rápida y energía constante no es lo más habitual. Independientemente del diagnóstico que le queramos poner.

Si hubiera vivido hoy, es probable que alguien en algún momento le hubiera preguntado si alguna vez le habían evaluado para TDAH. O para superdotación. O para las dos cosas a la vez, que tampoco sería raro.

Pero "probable que alguien se lo preguntara" no es lo mismo que "tenía TDAH".

Y eso es exactamente lo que exploro en el post sobre diagnosticar famosos muertos: la diferencia entre rasgos que recuerdan al TDAH y un diagnóstico real que requiere evaluación clínica, historial detallado y criterios específicos.

Con Cleopatra, como con cualquier figura histórica, lo honesto es quedarse en la especulación y no venderla como verdad.

¿Y para qué sirve todo esto?

Esta pregunta me la hago siempre que escribo sobre TDAH en personajes históricos.

Sirve para visibilidad. Sirve para que la gente que tiene TDAH vea que este tipo de cerebro no es una novedad del siglo XXI. Que ha existido siempre, en todos los lugares, en todos los momentos de la historia. Que no es un defecto moderno causado por los móviles o el TikTok.

Un cerebro que aprende nueve idiomas por curiosidad pura, que toma decisiones en segundos, que gestiona alianzas políticas imposibles y que tiene energía para hacer todo eso a la vez es un cerebro que funciona de manera diferente. No mejor. No peor. Diferente.

Y si eso encaja con tu experiencia, puede que valga la pena que te preguntes si tu cerebro funciona de manera parecida.

Si tienes curiosidad, empieza por aquí: /test-tdah.

No te va a decir si eres Cleopatra. Pero sí puede darte algo de claridad.

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